Mendoza Domingo, 18 de noviembre de 2018

Gil Fernández estuvo más de 4 años preso sin pruebas

Le atribuyeron 2 homicidios. Ahora el Gobierno de Mendoza deberá resarcirlo con $1,5 millones, más intereses.

"Cuatro años, 8 días y 6 horas", contesta el ex policía Felipe Gil Fernández con seguridad y de corrido cuando se le pregunta cuánto tiempo estuvo preso injustamente por "la mafia policial", ese caso político y judicial que comenzó en el 2000 con la potencia de un huracán pero terminó siendo una de las peores manchas en la historia de la Justicia Penal de Mendoza.

Hace años que pide ser reincorporado a la Policía. La última prueba de su inocencia data de abril último, cuando la Suprema Corte confirmó que el Estado mendocino deberá indemnizarlo con $1,5 millones más intereses por daños y perjuicios.

Sus 1.468 días de cárcel por seis causas judiciales, todas sin pruebas en su contra, es como un calco del calvario de Gustavo Seré, que estuvo preso 13 meses por el crimen de Emir Cuattoni que nunca cometió.

Hoy Gil Fernández tiene 49 años y maneja un remís.

-¿Cómo fue rehacer la vida?

- Todavía cuesta mucho. Por haber estado preso y en boca de todos cuesta conseguir trabajo, o te dan trabajo pero después te empiezan a mirar mal y te dejan en la calle.

-¿Qué opina de la Justicia?

- De la Justicia me quedó una gran amargura porque tuve que llegar a un juicio para salir absuelto. No había ni una sola prueba para condenarme en las seis causas. En esa investigación se plantaron muchas pruebas y testigos falsos; hubo una comisión integrada, entre otros, por ex policías, como El pastilla Roldán. Actuaban con el secretario del (Cuarto) juzgado (de instrucción).

-¿Es el mismo Roldán que intervino en el caso Cuattoni?

- Sí, el mismo.

-¿Qué perdió por esos años de cárcel?

- Perdí mi trabajo en la Policía. Yo estaba totalmente preparado para seguir haciendo mi trabajo como lo hice durante 16 años. Aun hoy estoy peleando para ser reincorporado.

-¿Ya cobró la indemnización que ganó al Estado por la injusta detención?

- No, porque el Gobierno apela y apela. Ese juicio lo gané en todas las instancias, hasta en la Suprema Corte, porque nadie encontró argumentos para no pagarme.

-¿Perdió relaciones humanas?

- Muchas, pero lo más triste es que perdí a mi padre mientras estaba detenido.

- Un policía no espera atravesar estas situaciones más allá de cumplir una tarea riesgosa...

- Jamás pensé en estar involucrado en una situación tan delicada y mucho menos estar detenido tanto tiempo y sin pruebas.

-¿Se arrepiente de haber sido policía?

- Siempre quise ser policía. Siempre tuve un legajo intachable.

-¿Cómo fue vivir en la cárcel con delincuentes?

- Fue muy doloroso. Me mandaron a la Penitenciaría para que me quebrara e inventara cosas para abonar una causa inventada. Esas causas, insisto, fueron inventadas con el juez y testigos falsos. Esos testigos me nombraban buscando beneficios carcelarios.

-¿Las autoridades políticas también buscaban beneficiarse?

- Sí, claro. Todo estaba hablado con el ministro de Seguridad (Leopoldo Orquín) que había brindado todo el apoyo al juez, a sabiendas de que se estaba armando una causa que no había existido y que no iba a prosperar.

- ¿El juez también se benefició?

- Sí, porque ascendió a camarista. "La mafia policial" fue un globo inflado, como dijo la camarista (Susana García) en el debate. Explicó que no podía acusar a nadie porque era un globo inflado por el juez de instrucción, el secretario y la comisión policial que trabajaba para ellos.

-¿Qué sintió al ver que lo involucraban en casos gravísimos?

- Fue una sorpresa grandísima. Cuando me detuvieron pensé que al otro día me iría a mi casa y al trabajo pero no: me tuvieron más de 4 años.

-Incluso bajo sospecha de haber matado a dos personas...

- Y encima, armaron una causa por asociación ilícita y no demostraron nada. Pero yo seguí detenido porque mi primer abogado no apelaba ni apeló nada en mi contra. Ya estando preso me enteré de que el abogado era amigo del juez.

- ¿Y eso complicó su situación?

- Claro que sí. A otros policías que estuvieron presos les dieron la falta de mérito pero a mí no porque nunca hubo apelación. Como la causa por asociación ilícita se caía por falta de pruebas armaron otra: por el doble crimen (de Zambrano y Rodríguez) con testigos y pruebas falsas. Fui amenazado varias veces en el juzgado. Me llevaban de noche desde la Penitenciaría. Yo pensaba que era para darme la libertad pero no.

-¿Cómo fueron esas amenazas?

- Un día, el juez sacó un arma del escritorio y me dijo: "Si yo quiero te mato y no te encuentra nadie: yo soy el juez. Yo mandó acá.

-¿Quién fue?

- El juez Escot. Yo estaba esposado y sentado en una silla, y él agarró el arma, la cargó y me la puso en el pecho. Después me dijo: "Te voy a hacer mierda" y yo le dije: "Hágalo". Me quedé ahí, llorando de impotencia. La comisión policial estaba ahí, detrás mío. Se fue el juez y uno de la comisión policial sacó su arma, la puso sobre el escritorio y me dijo: "Ahí tenés. Hacé lo que quieras", como empujándome a que hiciera alguna cagada pero yo no hice nada.

-¿Denunció esa situación?

-En el juicio, la fiscal pidió que eso se investigara pero ¿quién iba a meterse contra ellos? Ni el abogado del diablo iba a compulsar una investigación como ésa.

-¿Por qué cree que le ocurrió a usted?

- Porque fue todo política y en ese momento estaba yo ahí.

- ¿Usted trabajaba en el barrio San Martín?

- Sí, en la Comisaría 33.

- ¿Y cómo era para un policía trabajar en esa zona en esa época?

- Y... era conflictivo. Es un lugar conflictivo. Ahí tenés que salir a patrullar, respetar a la gente y hacerte respetar porque el delincuente nunca respeta al policía ni al ciudadano común.

-¿Qué trabajos ha hecho desde que lo sacaron de la Policía?

- De todo... En estaciones de servicio, fui changarín en la feria... remisero...

- ¿Y su familia cómo vivió esta nueva etapa?

- Después armé familia. Me costó mucho también. Haber estado preso tanto tiempo injustamente era un karma. Mi hijo mayor, que es adolescente, se enteró de todo hace dos meses. Se lo oculté porque para un hijo el papá es el ídolo y todos los que somos padres lo entendemos así. Él se enteró por la televisión y me preguntó qué había pasado: tuve que contarle la verdad.

- ¿Qué haría si él quisiera ser policía?

- Le diría que sí, que lo apoyaría.

- ¿Y si quisiera ser juez?

- También le diría que sí. Él quiere ser abogado. Y yo le he dicho cómo debe hacer las cosas siempre: debe hacerlas bien.

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