Por José Luis Verdericoverderico.joseluis@diariouno.net.ar
El gobernador de Mendoza retoma la actividad tras viajar a Roma con su esposa e hijos, visitar al Papa y estar en la doble canonización. Lo esperan conflictos gremiales, entretelas políticas y el discurso del 1 de mayo. Y el problema de la escuela Guay
Francisco Pérez y la llamada inminente de su tocayo el Sumo Pontífice
“Decime Paco, ¿qué está pasando con los baños y las cloacas de la escuela Guaymaré?
¿Es que no te preocupa que más de 500 chicos y decenas de maestros queden expuestos a enfermedades por el mal funcionamiento del sistema sanitario de esa escuelita de Bermejo?
¿Supiste que mientras estábamos reunidos, frente a la escuela hubo un corte de calles para protestar y exigir soluciones inmediatas y hasta se perdieron un día de clases porque las cloacas colapsan una vez por semana y hay que llamar al camión atmosférico para desagotarlas?
¿Ya te informaron que el problema de la Guaymaré no es nuevo, sino que lleva más de dos años y que, de hecho, en junio de 2013 fue noticia publicada por Diario UNO y que poco después algunos de tus funcionarios dijeron que ya estaba todo solucionado, sin que eso fuera cierto? ¿Y que el tema volvió a ser tratado por el mismo matutino en setiembre último?
¿Sabías que la escuela Guaymaré queda de paso al Aeropuerto al que tantas veces llegás de salida o de regreso y a unas diez cuadras del centro cultural Le Parc?
¿Qué sentiste cuando te enteraste de que los alumnos de la Guaymaré hacían sus necesidades en baños químicos mientras algunos de tus colaboradores decían que iban a solucionar el problema? ¿Y cuándo escuchaste que se lavaban las manos con agua fría en un piletón ubicado a la intemperie? Decime, Paco, te escucho...”.
Este diálogo es imaginario y sus protagonistas son el gobernador Pérez y el papa Francisco. El tema es remanido pero lamentablemente vuelve a este espacio por la falta de solución definitiva: los baños y las cloacas de la escuela Guaymaré.
Claro que los periodistas a veces echamos a volar la imaginación, pero sin dudas el Sumo Pontífice habría inquirido al gobernador de la provincia en caso de haber estado enterado de las graves carencias en la escuela Guaymaré.
Y no todo hubieran sido rosas en esa audiencia privada en el Vaticano, impregnada de populismo, mística, ideales y una especie de rendición de cuentas acerca de algunos actos de gobierno.
Orgulloso se declaró Paco Pérez de haber estado con el Papa del fin del mundo y está bien, ya que cumplió el sueño de millones de personas.
Por suerte para él, Bergoglio no debe de tener ni idea de los padecimientos de la comunidad educativa de la Guaymaré, como sucede con los funcionarios que deberían tomar la sartén por el mango y solucionar el problema sanitario. Y si el impedimento es la falta de crédito, pues que salgan a conseguirlo.
Por estas horas el gobernador y su esposa aterrizan en Mendoza y ya comienzan a acostumbrarse al huso horario mendocino, tan distante de la geografía papal y romana.
Antes de abordar el avión de regreso participaron en otro acto cargado de simbolismo y de fe para la feligresía católica: la canonización de los papas Juan XXIII y Juan Pablo II.
Entre los recuerdos quedarán las fotos con Bergoglio y el intercambio de regalos. Entre los asuntos pendientes, que Bergoglio venga al Cristo Redentor, asunto que será militado con ahínco por el primer mandatario.
Ojalá que Paco y su gente destinen el mismo esfuerzo, la misma enjundia a solucionar el problema de la escuela Guaymaré, al menos para contárselo a Bergoglio como un logro.