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El caso de la modelo Silvina Luna, internada por una insuficiencia renal, sacó a la luz la gravedad de apelar a rellenos de forma errónea y sin consultar a profesionales

Exagerar con aplicaciones en el cuerpo es muy peligroso

Carina Luz Pérezperez.carina@diariouno.net.ar

No sólo la simpatía y los bellos ojos le abrieron las puertas de la fama a la vedette y actriz Silvina Luna en 2001, sino un par de buenos retoques en su cuerpo, entre ellos una cola cuyas tersas curvas retrataron cientos de veces las revistas faranduleras. Acostumbrados al origen antinatural de la belleza, los espectadores no pararon nunca de mirar y la chica renovó contratos teatrales y televisivos desde entonces.

Por eso, su hospitalización por una insuficiencia renal grave en relación con su tratamiento con metacrilato en los glúteos puso en relieve una vez más el drama de exagerar con las aplicaciones sobre el cuerpo de rellenos químicos y cirugías plásticas. Como telón de fondo, una serie de fallas sistémicas por leyes poco específicas respecto de las competencias de los especialistas, la venta de sustancias de diversa calidad y su colocación en lugares no autorizados, la falta de controles gubernamentales, las mezclas prohibidas, los usos de rellenos de forma errónea y la necesidad de lograr efectos rápidos en cada tratamiento hacen un combo explosivo entre los y las consumidores habituales de estos productos, pero público cuando afecta a una persona famosa o interviene la Justicia.

Entonces surgen las dudas sobre qué tan peligrosos son, qué pasa con la confianza en los médicos, qué lleva a una persona a gastar miles de pesos en arruinarse el cuerpo.

“No hay preferencias según la edad, por el relleno o por las cirugías, lo que diría que ha cambiado históricamente es que la gente está más ocupada, con necesidad de restablecerse rápido. No puede perder días de trabajo y elige más los rellenos que las cirugías. Además, las cirugías cuestan 10 veces más que los rellenos”, explica con sencillez el cirujano plástico Carlos Mira Blanco para contar por qué los rellenos son tan populares por estos días.

Su colega Luis Sananes empieza por explicar que “hay varios tipos de rellenos, los temporarios, como la grasa del propio paciente (lipoinjertos), los derivados del ácido hialurónico, que se reabsorben con el tiempo, por lo que tienen menos riesgo de dar complicaciones, y los permanentes, entre los que se destacan los metacrilatos y las siliconas. Los rellenos permanentes, una vez colocados son muy difíciles o a veces imposibles de extraer y pueden ocasionar diversas complicaciones, como los granulomas, por lo que algunos médicos nos abstenemos de utilizarlos, aunque hacerlo resulte fácil o rentable”.

Un detalle importante es que la sustancia utilizada en Luna, el metacrilato, está aprobada por ANMAT (Asociación Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnologóa Médica) para algunos usos y en pequeñas cantidades, sólo medio centímetro cúbico y colocado en microgotas. Pero, a ella no sólo le pusieron más de lo permitido sino que lo hicieron en reiteradas ocasiones.

El metacrilato puede producir granulomas y dentro de las células de estos granulomas se producirían alteraciones en el metabolismo de la vitamina D, aumentando su actividad. Deriva esto en un aumento del calcio sanguíneo, lo que a su vez incrementa el riesgo de producir depósitos de calcio en lugares como el riñón, afectando su funcionamiento.

Sananes explicó que “no hay rellenos inocuos”, aún cuando las sustancias y las técnicas estén muy bien realizadas. Por eso es recomendable buscar un profesional con probadas credenciales.

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