Mendoza Jueves, 16 de agosto de 2018

Érica y Víctor Alarcón cuentan su lucha diaria para poder tener un plato de comida

Mujer de 71 años y madre de dos adultos con diferente tipo de discapacidad, contó cómo hacen para subsistir con un ingreso por debajo de la canasta familiar.

Frente al barrio Campo Papa se encuentra el Centro de Formación Profesional Dolores Prats de Huisi. En un lugar donde predominan las casas humildes y los techos de chapa, el CCT desentona con el resto de las construcciones. Al entrar por el costado, está la "Chacrita El Vergel", y allí, la historia de una madre y su hijo que luchan día a día para tener un plato de comida y mejor calidad de vida.

"Tengo 3 hijos, pero vivo con dos ellos y una nieta. Mi hija de 35 está en silla de ruedas porque le cortaron una pierna por la diabetes y mi hijo quedó con una discapacidad motriz importante después de que le dieran 3 ACV", contó Érica Alarcón.

La mujer, oriunda de Chile, vive en Mendoza hace más de 30 años y llegó para trabajar de empleada doméstica. Detalló que cuando se jubiló, lo hizo con el sueldo mínimo. Junto a la pensión que recibe su hija, no llegan a la canasta básica.

"Hay que llevarle el ritmo para llegar a fin de mes, por ahí nos ha faltado el plato de comida", afirmó.

Víctor de 56 años, es su hijo y hace 6 años la vida le cambió para siempre, ya que mientras dormía le dieron 3 ACV y se salvó de milagro. Actualmente, camina con un bastón, su brazo derecho casi no tiene movilidad ni fuerza y tiene algunas otras secuelas físicas.

"Yo vivía solo, me dio un ACV mientras dormía. Entonces, cuando me desperté, me quise levantar y me caí al piso. Traté de llamar pero bloquee el celular porque la cabeza ya no me funcionaba bien", señaló.

Contó que estuvo tirado en el piso de su habitación durante 3 días, hasta que lo encontró un primo, con pocos signos vitales. Hoy por hoy, ya no puede trabajar ni percibe ayuda económica alguna.

La mujer relató que un día estaban en su casa cuando la invitaron a participar de la huerta comunitaria y que a partir de allí fue un gran cambio para la rutina que vivían. Víctor y su mamá se arremangaron y empezaron a trabajar la tierra, para ganarse su almuerzo. Siembran y cosechan escalonadamente para tener diariamente una ensalada en su mesa.

"Gracias a esto comemos unas ricas ensaladas y además hay muchas verduritas que nos van a servir", expresó con una sonrisa.

Érica Alarcón. Foto: Nicolás Bordón / Diario UNO.
Érica Alarcón. Foto: Nicolás Bordón / Diario UNO.

La huerta es un punto de encuentro con otros vecinos, otras historias, es su almuerzo, pero también es dignificarse a ellos mismos a través del trabajo.

"Ya no puedo hacer las cosas que hacía antes. No puedo trabajar, no puedo ni clavar un clavo. Pero acá puedo hacer cosas y me gano la comida", indicó el hombre.

Víctor Alarcón. Foto: Nicolás Bordón / Diario UNO.
Víctor Alarcón. Foto: Nicolás Bordón / Diario UNO.

Explicó que va más allá de lo sano del alimento, él se vuelve a sentir útil y bien porque la cosecha es fruto de sus manos.

Al ser consultados sobre sus necesidades que no podían cubrir, Érica manifestó que hace años está luchando por una casa, por dejarle algo a sus hijos.

"Además, la plata no alcanza, nos dan un aumento y al otro mes nos lo están descontando", añadió.

Con lágrimas en los ojos, la mujer dijo que quisiera volver a los 20 años para volver a trabajar.

"Creo que podría haber hecho más, cuando me jubilé podría haber seguido trabajando. Me da pena porque uno se siente mal, hay tantas cosas que uno no puede hacer", concluyó.

Necesitan: Materiales de construcción, colchones, alimentos

Contacto: Érica Alarcón, 4220419