Mendoza Miércoles, 1 de agosto de 2018

El juramento de Garay, 45 minutos a puro discurso con alto voltaje político

El acto de juramento de Dalmiro Garay como nuevo integrante de la Suprema Corte de Justicia fue de alto voltaje político. La voz cantante la llevó el gobernador de Mendoza Alfredo Cornejo frente a un auditorio compuesto por intendentes oficialistas, el gabinete de ministros en pleno y miembros de las Justicias provincial y federal.

Fueron cuarenta y cinco minutos a puro discurso en el salón de actos del Palacio Judicial, donde el primer mandatario provincial sacó pecho en terreno ajeno enfatizando que en su gestión "se han realizado amplísimas reformas en materia judicial, sin antecedentes en Mendoza desde 1983. Estamos haciendo cosas que debieron hacerse hace muchos años".

Lo había precedido el presidente de la Corte, Jorge Nanclares, en la apertura, quien se declaró "consustanciado" con la ola reformista vigente en los estamentos de la Justicia y celebró el desembarco de Garay, "otro motor para seguir impulsando cambios", dijo.

Cornejo, al centro, y Nanclares y Garay a los costados ocuparon los estrados de cara a los presentes. La primera fila congregó a cinco de los otros seis supremos (el único ausente fue Omar Palermo, de licencia hasta fines de año) y a los jefes de la Procuración. En la misma línea se ubicaron los intendentes Rodolfo Suarez, Tadeo García Zalazar, Gustavo Soto y Omar De Marchi y apenas atrás todos los ministros del Ejecutivo (Humberto Mingorance, de Ambiente, llegó casi a los postres).

Más cómodo que en Casa de Gobierno

La ceremonia comenzó puntual, a las 12.30. Mientras esperaban la indicación de que ya podían ingresar al recinto, Cornejo y Nanclares compartieron los diez minutos previos en soledad, en un despacho lindero y pequeño. El supremo, con las manos en los bolsillos. El gobernador, relajado, parado justo debajo del chorro de luz que emanaba de una lámpara dicroica. Sólo el custodio de civil que estaba parado a un metro de ambos se enteró de lo que conversaron en esa previa.

Cornejo volvía a pisar el Palacio Judicial después de varios meses de tira y afloja con ese poder público, y en especial con algunos jueces, a los que trató de "vagos" y de "millonarios". El frío del invierno pareció haber atemperado un poco el clima ardiente porque, a diferencia de lo que se esperaba, no hubo gestos tensos ni desaires. Por momentos, a Cornejo se lo vio más cómodo, más suelto que en el edificio de la Casa de Gobierno. En su salsa se lo vio. Si hasta se animó a hacer una chanza sobre abogados en terreno más propio de abogados que de políticos: "Yo interactúo con abogados más de lo que quisiera...", lanzó. Y desató sonrisas. Muchas. Pero no fueron unánimes.

Liderazgo

En tono elevado habló de futuras modificaciones "para lograr que el Estado funcione bien en sus tres poderes para construir una sociedad armoniosa con una economía fuerte y pujante". Pero también habló de liderazgo, y se apropió de ese término para utilizarlo varias veces más. Como cuando habló de "líderes débiles que toman malas decisiones". Entonces asomó el animal político, y para realzar su figura y halagar a su equipo de trabajo dijo saber rodearse "de gente más inteligente que yo".

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