El INV lanza una contrapropuesta a la tolerancia cero de alcohol en sangre
Paola Piquerppiquer@diariouno.net.ar
Coinciden en que algo hay que hacer para evitar los accidentes de tránsito y sus devastadoras consecuencias, pero se les paraliza el alma cuando ven que avanzan propuestas legislativas para generalizar en el país las leyes de tolerancia cero de alcohol en sangre a la hora de conducir. Es que las normas secas, que rigen en países como Brasil o Chile, han derivado en una caída en el consumo interno de vino del orden del 10%, generando un impacto negativo en la actividad económica. Y en el caso de Córdoba, con la reciente sanción de la norma provincial, están evaluando la pérdida de sostenibilidad de más de 80 productores en todo el país. Es por eso que el INV, con su presidente Guillermo García a la cabeza, presentará en las próximas horas un plan alternativo a una medida extrema “que tiende a castigar por igual e injustamente a quien disfruta media copa de nuestra Bebida Nacional, que a quien consume en exceso bebidas alcohólicas con otros fines”, explica el funcionario. El organismo nacional apelará a dos instrumentos. Por un lado, adherirá al programa Wine in Moderation, lanzado en Europa en 2008, que a través de campañas de educación busca resaltar los beneficios de la ingesta de vino como parte de una dieta equilibrada y un estilo de vida saludable. Recordemos que tanto Wines of Argentina como Bodegas de Argentina ya se han sumado a esta propuesta internacional. En una segunda línea de acción, el Instituto ha elaborado una propuesta de “Buenas prácticas en materia de consumo responsable y accidentología vial”, para ser consideradas en el Grupo Mundial del Comercio del Vino (GMCV), que es una agrupación de países productores que comprende a Argentina, Australia, Canadá, Chile, Nueva Zelanda, Sudáfrica y Estados Unidos. Este comité representa casi la cuarta parte de las exportaciones mundiales, de allí su importancia y la de los acuerdos que en dicho marco se puedan alcanzar. En ese ámbito, el INV elevará un escrito con 5 ítems. El primero se refiere a las normas de seguridad en la fabricación de vehículos, por lo que implica la intervención de la industria automotriz. La idea es que a largo plazo se incorporen a los coches sensores que generen un corte de motor cuando el conductor no esté en las condiciones adecuadas para manejar. Una especie de detector de borrachos que impida el encendido del auto. ¿No es ciencia ficción? “No, con la tecnología actual se puede hacer, no es una utopía”, me contesta García. El segundo punto descansa en la educación en ámbitos que van desde la escuela en sus diversos niveles, el plano laboral, o las empresas de transporte público de pasajeros. La tercera pata apunta a que las compañías de seguros contribuyan en las campañas de prevención y seguridad; la cuarta tiene como objetivo que la población reciba mensajes publicitarios honestos sobre la relación alcohol y consumo, y finalmente, el quinto eje pretende que el consumidor reciba información por medio de los códigos QR, en lo que se consignen datos nutricionales, señales de advertencia y de consumo responsable. “La tolerancia cero es una medida parcial, basada en controles que pueden recaer o no sobre personas que conducen bajo los efectos del alcohol, pero no ofrecen soluciones de fondo a la problemática del consumo abusivo. En el caso puntual del vino, se trata de una bebida asociada a la buena alimentación, al turismo, a la cultura y a la gastronomía. Tomado con moderación no representa un peligro. Y esto es lo que vamos a defender”, cierra García. Una voz que pugna por ser escuchada, en un contexto nacional en el que la seguridad vial sigue desvelando a gobiernos, legislaturas y organizaciones de la sociedad civil dedicadas a la problemática. Habrá que oírla entonces. Viene con fundamentos.