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En 1983 Isabel Guaiquillán tenía 15 años y fue despojada de su bebé por sus padres, que lo dieron en adopción. Ahora Diego Belluschi logró el objetivo de conocer a su madre biológica. UNO los reunió en un café céntrico.

El emocionante reencuentro de un hijo y su madre, 30 años después

Por Lucio A. Ortizortiz.lucio@diariouno.net.ar

La adolescente de 15 años estaba pariendo a su primerizo y sabía que no podría ver crecer a su bebé. El pequeño que salió de su vientre iba a ser dado en adopción a las pocas horas de nacer. Estaba todo preparado, sin su voluntad, para que fuese así, en la primavera de 1983.

A la niña-mujer la despojaron de su hijo Juan Pablo. Para ella nada sería igual y en su cabeza quedó girando siempre ese momento, cuando un matrimonio mendocino se llevaba al niño. En el pueblo Los Catutos, a 20 kilómetros de Zapala, en Neuquén, sus padres, integrantes de la comunidad mapuche quinchao, no podían permitir que una chica quedase embarazada sin casarse. “Fue una cosa de niños”, dice Isabel Guaiquillán treinta años después.

“Mis padres no permitieron mi embarazo y me echaron de la casa. Estaba sola sin nada y con la panza de siete meses. Unos maestros de la zona me recibieron, me dieron techo y comida. Mis padres se enteraron y les dijeron a los maestros que avisaran “cuando fuese a tener el crío, porque lo iban a regalar”. Y dice: “Yo era del campo, ignorante y no me podía defender”.

En estos días de mayo del 2014, Isabel viajó de Zapala a Mendoza. Y no puede contener sus lágrimas, que se las contagia al muchacho que está frente a ella, en una mesa de café de la calle Amigorena. Diego Belluschi tiene 30 años y es parte de la historia de un reencuentro de película, casi de ficción, pero tan real como las lágrimas de ambos. “Yo siempre supe que era adoptado, mis padre, un gendarme de Tutuyán, y mi madre, de Tupungato, nunca me lo ocultaron”, cuenta Diego.

“Mi padre estaba destinado a Las Lajas; querían adoptar un niño. Se anotaron y estuvieron en el hospital el 25 de noviembre de 1983 para lle- varme y despegarme de mi madre verdadera”, siguió diciendo. Poco después, al gendarme Juan Carlos Belluschi, lo trasladaron a Córdoba y el niño se alejaría más de Isabel. El pibe fue creciendo un poco en Córdoba, un poco en otros destinos en donde mandaban al gendarme. Ansiaba saber más de la mujer que lo había parido y “siempre decía que cuando fuese grande iba a averiguar”.

No tenía pistas ni nombres hasta que junto con Lorena (su actual pareja) indagaron y encontraron el acta de adopción en donde figuraba la firma de Magdalena (madre de Isabel) como tutora, porque su hija era menor. Ahí dedujeron que la madre era Isabel y no había entregado el niño por propia voluntad.

Lorena, parte muy activa de la averiguación junto con Diego, cuenta que “buscamos en internet hasta que dimos con Isabel Guaiquillán, pero no teníamos el número de do-cumento ni la dirección. Sólo sabíamos que era de Zapala”.

Y Diego aclara: “También nos dijimos: si era del campo, es casi seguro que no se ha movido de la zona”.

También aporta Lorena que “le comenté la historia a la psicóloga María del Carmen, que trabajaba en los mismos consultorios médicos que yo, y ella se lo contó a su consuegra Mirta, que es de Neuquén”.

Mirta tomó un papel muy activo en la averiguación. Fue a Zapala y se contactó con Vicente, que trabaja para la comunidad indígena. Le preguntó por Isabel y justo estaba una compañera de trabajo que escuchó. María Quinchao saltó expresando: “Yo la conozco, es mi prima”.

Se había logrado el objetivo. Se cruzaron los números telefónicos y sólo bastaba la conexión del hombre que vive en Mendoza y la señora que trabaja en Villa Pehuenia, en Aluminé, en la posada La Escondida, a 120 kilómetros de Zapala.

Isabel manifiesta: “Esperaba el llamado de mi hijo y esa semana yo tuve un sueño muy bonito. Soñé que venía un pájaro blanco –un ángel– y se acostaba a mi lado. También había un árbol blanco, tapado de nieve en un lugar que no estaba nevado. En esos días había nacido un nietito de una de mis tres hijas y yo le pedía a Dios que no le pasase nada malo al niño. Claro, si el blanco es la pureza”.

El llamado se produjo, dice Diego: “Yo tomé coraje y llamé, soy Diego o Juan Pablo, como me quieras decir. Mi mamá me pedía disculpas y me decía que nunca quiso regalarme, que los dos habíamos sido víctimas”.

Faltaba el reencuentro y fue para los 30 años de Diego, el 25 de noviembre de 2013. Viajó con su esposa Lorena y Ciro, el hijo de ambos. El momento esperado se produjo en La Escondida, se miraron a los ojos y Diego se abrazó por primera vez con su madre, treinta años después de que los habían separado.

La mujer despojada, pudo, al fin, entregar el cariño negado a su bebé que estaba transformado en hombre. El amor es más fuerte.

En familia

  • Isabel Guaiquillán . Tiene 46 años y además de ser madre de Diego Belluschi tiene 3 hijas: Fernanda (25 años), Johana (22) y Luzmila (11).Tiene 3 nietos.
  • Diego Belluschi . Cumplió 30 años, es enfermero, es pareja de Lorena y tienen a Ciro, su hijo de 3 años.
  • Juan Pablo. Fue el nombre que recibió al nacer el hijo de Isabel y que luego se transformaría en “Diego”. Madre e hijo se volvieron a ver luego de 30 años.

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Abrazo materno. Isabel y Diego, viviendo momentos de plena felicidad.
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Emocionados. El hijo y su madre mientras relataban la historia.

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