Mendoza Lunes, 23 de abril de 2018

El desastre que permitió hacer rescates arqueológicos en el Fuerte San Carlos

Está en plena reconstrucción y estudio aquel sitio del Valle de Uco que supo ser un polo económico y de encuentro de diversos estamentos sociales en 1770, época de su creación.

El 19 de abril de 2017 una intensa lluvia provocó el desastre: se derrumbó una parte de los restos del Fuerte San Carlos. Más específicamente, de un torreón que fue reconstruido en 1904, como homenaje al lugar declarado Patrimonio Histórico Nacional en 1951 por ser el sitio donde San Martín parlamentó con los pehuenches en 1816.

Lo que hace un año no se pensaba es que el infortunio en el monumento, "porque es un elemento material que permite recordar", como aclararon, promovería hallazgos arqueológicos para avanzar hacia datos de las épocas colonial e indígena.

La investigación hoy continúa, y Diario UNO accedió a conocer cómo se reconstruye parte de la historia en torno a este lugar que supo ser un polo económico y de encuentro en 1770.

Así nació la misión

Poder frenar su deterioro y repararlo fue lo primero que se propusieron desde la Comuna, apenas ocurrió el derrumbe en 2017. "Desde un principio se planteó la puesta en valor de todo el fuerte y la reconstrucción de los restos. Se empezó a trabajar con obreros de la municipalidad, pero nos dimos cuenta de que no era un trabajo que podía hacer cualquiera", contó Marcos Bailone, arquitecto de la Dirección de Obras que, junto con el encargado del Museo Histórico y Regional, Ricardo Dengra, convocó a la arquitecta Adriana Saua para la labor.

La profesional, a su vez, se contactó con un equipo de arqueólogos e investigadores, que son quienes cumplen un año de labor de rescate y preservación, y quienes armarán este "nuevo relato" que servirá para ser difundido desde la comunidad, a turistas e interesados en la historia de Cuyo.

"Es un bloque pequeño que ya se podría haber restaurado, pero emprendimos un trabajo muy detallista. Hicimos canales de venteo y las excavaciones son más lentas porque cuando se encuentra algo, todo se detiene, se estudia. La prioridad no es siempre lo que se ve, sino lo que se puede llegar a encontrar. La dimensión sobre las ruinas va a cambiar con los nuevos estratos que estamos encontrando hacia abajo", detalló Saua, acerca de los trabajos que vienen realizando.

"Ahora estamos consolidando los encuentros entre muros, vamos a hacer un revoque de barro y a enfajarlo para que deje de desprenderse. Desde el diagnóstico inicial la manera de intervenirlo se ha ido modificando mucho. Se le hicieron durante muchos años intervenciones muy descontextualizadas", agregó la arquitecta, que realiza su labor con materiales naturales, como barro, paja, arcilla y arena.

Ahora inician una segunda etapa de trabajo, ya que se han extendido los plazos, ante los nuevos desafíos con los que se fueron encontrando.

"La expectativa era encontrar niveles de ocupación de la época colonial o de la indígena hasta los actuales. Pero lamentablemente hay un gran nivel de depósitos de relleno aluvional. Hemos llegado a 2,3 metros de excavación y todavía el nivel es moderno, de fines de siglo XIX, sobre el que después se construyó de todo el Fuerte en 1904", contó María José Ots, investigadora del Conicet, al frente del equipo de arqueología que también está integrado por estudiantes universitarios oriundos del Valle de Uco.

Que el plan inicial se haya prolongado es sinónimo, también, de hallazgos inesperados. "Están surgiendo más datos de los que pensábamos leyendo los planos, como cimientos de la torre, muros enterrados. Aparecen materiales indígenas, que hay que explicarlos porque son anómalos, pueden tener que ver con procesos de formación y depositación posteriores a los niveles de ocupación o pueden tener que ver con los mismos niveles, donde además de los materiales modernos de consumo haya materiales de las poblaciones indígenas locales", explicó Ots. Entre ellos han encontrado desde trozos de platos de loza hasta huesos de animales, metales o botones.

Más allá de la importancia científica, de recuperar y conservar un monumento, el equipo de trabajo destacó que sea la comunidad de San Carlos la que haya querido poner esto en valor, porque lo ha incorporado a su identidad.

"El lugar histórico nacional no pertenece sólo a esa pieza física, sino a todo el predio, que es mucho más grande, que incluye el fuerte, la antigua capilla. Eso, más todo los documentos históricos de época que hemos encontrado, más los que seguiremos buscando, es lo que nos va a servir para enmarcar todo este trabajo", amplió Dengra, encargado del museo. En el último año encontraron una resolución jurídica sobre el lugar que data de 1704 y un mapa de 1726, que estaban en el Archivo Nacional de Chile.

Objetivos a corto plazo

Más allá de que se aun hito sanmartiniano, el Fuerte de San Carlos fue considerado un polo económico tras su fundación, en 1770. Allí se producía forraje y se criaban animales, con los que después se proveía incluso a Chile. Además, desde allí se solicitaban personal de caza y tejedores.

"Desde entonces empezó a replantearse el lugar del Valle de Uco en Cuyo, pero también en toda América. Esta era una zona de encuentros, de acceso por las rutas a pasos fronterizos. Por eso es necesario volver hacia atrás, recuperar este pasado, para replantearnos el rol nuestro en un futuro", detalló Dengra, adelantando que estos fundamentos serán parte de una base de datos que servirán para que desde San Carlos surjan capacitaciones "para que los locales sean custodios del Patrimonio".

Archivo digital en camino

Ya trabajan en el armado de un archivo histórico digital. "Confeccionamos la estructura interna del archivo; se irán incorporando todos los documentos que aparezcan y convocaremos a la comunidad para que traigan sus imágenes, que serán digitalizadas, se devolverán y catalogarán según protocolo técnico", contó Sergio Merino, miembro del Museo.

Además, se busca que el Fuerte San Carlos sea parte de una "ruta del adobe", que atraiga a turistas para conocer hitos departamentales.