Por Cecilia Amadeoamadeo.cecilia@diariouno.net.ar
Sin distinción de clases. Con las redes sociales como vía de contacto, muchas mujeres y algunos varones venden por diversos motivos indumentaria que ya no utilizan.
El boom de las ferias de ropa usada se reactiva en Mendoza
Mendoza parece estar presa de una nueva moda: las ferias de ropa usada. Aunque por razones distintas, el fenómeno atraviesa a todas las clases socioeconómicas y tiene en común el uso de las redes sociales para la difusión de los encuentros.
Feriantes y clientes suelen ser mujeres, aunque cada vez hay más hombres que se integran al circuito, si bien en su caso es más bien como compradores. Ya sea para hacer unos pesos más para colaborar en la economía familiar o para desprenderse de ropa que ya no se usa, desde hace un tiempo florecen en la ciudad encuentros para vender o trocar indumentaria, calzado y otros objetos.
Hay dos comportamientos bien diferenciados. Uno, de mujeres con perfiles en Facebook donde suben fotos de la mercadería disponible para que los clientes la vean y la reserven. Una vez pactada la operación, acuerdan encontrarse en la plazoleta Alem, en pleno microcentro, para la entrega y el pago. Otro, de mujeres con placares atiborrados de prendas en buen estado y de temporadas pasadas, que se asocian y ponen su casa, invitan a amigas y a conocidas, también a través de esa red social o por mensajes vía WhatsApp, para ofrecerlas a buen precio. El encuentro se completa compartiendo café y masitas, chusmeando y pasando una tarde entre amigas.
En la Alem
Julia vende por Facebook y entrega en la plazoleta. “Hay de todo: gente que vende ropa que usó poco porque engordó y no le entró más, otra que compra lotes de ropa usada para revender, gente que compra en mayoristas o en los persas y luego revende. También hay mujeres que venden ropa de niño porque los chicos crecen tan rápido que a veces les pusiste una camperita y a la cuarta vez ya no le entró más”, cuenta. Entre la mercadería disponible pueden encontrarse jeans, pulóveres, camperas, sacos, camisas, botas y zapatos, que se ofrecen de manera individual o por lotes.
Los precios varían de acuerdo con el tipo de prenda pero se pueden conseguir bienes a partir de $10 o $20 y los lotes por $100 o por $150.
En algunos casos también se hacen trueques, especialmente entre las mismas ferias, que de este modo satisfacen los pedidos de los clientes fijos.
Las operaciones suelen realizarse los miércoles y los sábados por la tarde, aunque muchas veces cambian de día y horario para evitar los controles que realiza la Municipalidad de Capital.
Según contó una feriante que pidió mantener su nombre en reserva, al parecer serían los propios anticuarios que ejercen su actividad en la plazoleta quienes las denuncian. Julia avala esta teoría y dice: “No estoy de acuerdo con las chicas que van, tiran una manta en el suelo y ponen la ropa. Esas sí pueden entorpecer a los anticuarios, pero las otras, como yo, que arreglamos la entrega nada más, no molestamos a nadie”. Incluso para realizar esta nota muchas feriantes bloquearon el usuario en Facebook de la periodista para evitar que se difunda la actividad.
Hora de vaciar placares
Florencia Da Souza es periodista y desde hace un par de meses ingresó al mundo de las ferias americanas. Junto con sus amigas Silvia Petra, Florencia Barreda y Belén Iacopini fundaron Flor de Feria, que ya ha tenido dos ediciones en un departamento en El Challao y en una casa en Chacras de Coria.
“Todo comenzó con un grupo de amigas que teníamos mucha ropa sin usar en nuestros placares y otras que tenían ropa nueva para vender. Nos pusimos de acuerdo y armamos un evento por Facebook. Fue un éxito. Vendimos todo”, cuenta Florencia, quien aclara que en la feria también hay un baúl al que van a parar las prendas que tienen una pequeña manchita o una rotura menor, las cuales son vendidas como ofertones a $30. Camperas de cuero o conjuntos de pantalón y blazer por $500, jeans por entre $100 y $200, pulóveres por entre $70 y $120, camisas por $100, zapatos por $200 o botas de caña alta por $450 y remeras por $60 o $70 son algunas de las oportunidades disponibles.
Incluso en la primera edición participó la diseñadora Dalila Tahan, que ofreció prendas básicas y de noche de temporadas pasadas a precios rebajados. Pero además los percheros se nutren de ropa de marcas conocidas o de diseño, en muy buen estado, que muchas clientas les llevan para que se las vendan.
A pesar de que la clase media siempre ha tenido cierto prurito respecto de la compra de ropa usada, la vergüenza no corre ni entre vendedores ni entre compradores. “Hasta las mujeres que tienen una buena posición económica están hartas de pagar $1.000 por un pulóver”, resumió una clienta que también prefirió el anonimato.