Mendoza Lunes, 3 de septiembre de 2018

Don Enrique Pescarmona, de zar de la industria a los cuadernos K

El empresario mendocino, accionista de IMPSA, logró sortear la detención y el calabozo en la causa de los cuadernos K.

En el libro Los platos rotos.Memoria y balance del Estado kirchnerista, publicado en 2015 y escrito por Francisco Olivera y Diego Cabot, el periodista del diario La Nación que reveló el escándalo de los cuadernos de las coimas detalla una anécdota referida a Enrique Pescarmona (76) que lo pinta de cuerpo entero. Dice que en 2006, el entonces presidente, Néstor Kirchner, disparó munición gruesa por los medios contra el supermercadista Alfredo Coto. Lo acusó de inflar los precios y de "lanzar las diez plagas de Egipto" contra el país. Coto era, por esos días, titular del Coloquio de Idea (Instituto para el Desarrollo Empresarial de Argentina), que se desarrollaba en Mar del Plata. Y el mendocino Pescarmona era, aquella vez, el presidente de Idea. El ataque a Coto activó una reunión cumbre de los miembros del instituto para evaluar un comunicado en su defensa. En el libro, Cabot cuenta: "Fue una discusión larga que Enrique Pescarmona, presidente de Idea, resumió en una frase memorable: 'Todos estamos haciendo buenos negocios'. No hubo entonces comunicado".

Sus frases, célebres, mediáticas y polémicas a lo largo de los años, lo han confirmado. Se animó a apoyar abiertamente a Néstor Kirchner frente a un auditorio de empresarios, y antes, en los '90, dijo que admiraba al entonces presidente Carlos Menem. No dudó en ir a hacer negocios a la Venezuela socialista de Hugo Chávez, aunque luego lo pagaría muy caro.

Campechano, directo, enemigo de lo políticamente correcto, el mendocino Enrique Pescamona ha hecho gala de una muñeca maestra para navegar en aguas bravas, oscuras y profundas, inclusive cuando su libertad estuvo en juego.

Negoció en 1985 el rescate de su propio secuestro con quienes lo tenían cautivo, como le contó hace añares al periodista Luis Majul; comandó la metalúrgica IMPSA y la llevó de empresa nacional al top ten de las multinacionales latinoamericanas, y expandió sus talleres en Malasia y China cuando esas tierras eran otro planeta en este planeta.

Cayó en default y estuvo a punto de perder IMPSA hace algo más un año pero superó el trance con éxito conservando la mayoría individual de las acciones aunque perdiendo el control de la joya que sus antecesores le habían dejado.

Parece que los años no le hicieron perder los reflejos. Esta semana Pescarmona volvió a mostrar su sagacidad nata, su cintura maradoniana, su habilidad para moverse en el peor de los escenarios sin quedar atrapado.

Señalado en la causa de los cuadernos de las coimas y con Rubén Valenti, su mano derecha, en prisión, Pescarmona -patriarca septuageniario- logró presentarse a la Justicia, declararse arrepentido, quedar imputado como colaborador y retirarse en libertad, sin haber estado ni un minuto en el calabozo ni alojado en el Servicio Penitenciario.

Viejo lobo de mar, cruzó el picado mar judicial pasando casi inadvertido, se mantuvo lejos de las cámaras y los micrófonos, evitó las esposas, gambeteó el escándalo y como para todo hace falta algo de suerte, los dólares volvieron a darle una mano al dispararse a los estratosféricos $42, pasando a ocupar las primeras planas de los diarios y la TV, relegando a don Enrique a un segundo plano, fuera de la exposición y el cadalso.

Miembro del reducido club de próceres del empresariado mendocino, ha transitado décadas sin una mancha, trazando una intachable y envidiable trayectoria que parecía infalible hasta que, como decían los gauchos, "se dio vuelta la taba".

Sus últimos años antes de llegar a los 76 que actualmente camina fueron la contracara de su constante éxito de antaño.

Afincada en los últimos 15 años con grandes proyectos en Brasil y Venezuela, IMPSA, su nave insignia, empezó a hacer agua por todos lados, golpeada por los gobiernos de esos países que no le liquidaban los fondos para las obras energéticas que estaba realizando.

En menos que nada, él y su empresa se vieron envueltos en una severa crisis financiera, que en Mendoza se tradujo en unos cientos de despidos en la planta y culminó meses después con una negociación con sus acreedores, a los que les pagó lo que les debía con su mismísima empresa, que desde 1907 su familia y él habían capitaneado.

Así, Pescarmona atravesó lo peor, pero no sería lo peor, sino cuando las revelaciones de los cuadernos de las coimas mostraron otro costado suyo: el de un empresario que mientras se quejaba públicamente de que el kirchnerismo lo dejaba fuera de grandes obras para favorecer a los chinos, le pagaba al mismo kirchnerismo retornos o coimas por U$S2,8 millones, a través de Valenti, por adjudicaciones o certificados de obra pública, con las que se había beneficiado.

El hombre de negocios de impecable recorrido y sin más rumores sobre sus espaldas que los que lleva cualquier empresario por los gajes del oficio aparecía ahora mezclado en el barro de la gran corruptela argentina que sacó a la luz las miserias de la vieja Patria contratista.

Nunca habló Pescarmona públicamente del escándalo, al menos para defenderse de los bolsos con millones de dólares que lo mancharon.

Apenas en un chat privado, cuando estalló el caso, aseveró que todo "era una venganza del kirchnerismo porque no entramos en la joda", expresión que en pocos días se licuó rápido porque medio kirchnerismo estaba preso y la ex presidenta Cristina Fernández acusada como la jefa de la asociación ilícita.

Esa frase se vació de contenido cuando con sus propios actos (haberse presentado en la Justicia, haberse declarado arrepentido y haber aceptado la imputación judicial) Pescarmona dejó al desnudo la idea de que al final sí había entrado en la joda.

Rumores y versiones secretas de los tribunales de Comodoro Py en Buenos Aires aseguran que tanto él como Valenti denunciaron haber sido víctimas de una brutal extorsión por parte de ex funcionarios K.

A la vista, la versión defensiva no parece estar tan clara para el fiscal Carlos Stornelli ni el juez Claudio Bonadio, quienes lejos de desvincularlos de la causa los dejaron imputados y aceptaron darles el bonus de arrepentidos que habían pedido.

Con el mismo abogado defensor, el reconocido penalista Marcelo Nardi, desplegaron un juego judicial calculado: Valenti esperó adentro y Pescarmona afuera, se ofrecieron como imputados colaboradores y juntos volvieron a casa.

Así se desarrolló IMPSA, su nave insignia

IMPSA fue fundada en 1907 por Enrique Epaminondas Pescarmona, abuelo del actual accionista del gigante metalúrgico. Abrió sus talleres metalúrgicos y se dedicó a fabricar piezas de repuestos de material de fundición de hierro, equipos para la industria vitivinícola y compuertas para canales de irrigación. En 1946 se crea Constucciones Metálicas Pescarmona, ingresando en el rubro de la fabricación de equipos electromecánicos; en 1965 toma la denominación actual y empieza a fabricar grandes estructuras de acero. En 1970 se convierte en líder en la generación hidroeléctrica de energía. En los '80 se transforma en referente mundial en la construcción de grúas portuarias y centrales hidroeléctricas y en el nuevo siglo avanza en la fabricación de aerogeneradores eólicos, construcción de generadores de vapor para la central nuclear de Embalse de Río III.

Perfil de Perscarmona, de un fuerte crecimiento profesional

Nació el 16/11/1941

Su carrera

Ingeniero electromecánico recibido en la Universidad Nacional de Cuyo. También realizó un Master en Economía y Dirección de Empresas en el Instituto de Estudios Superiores de la Empresa, Barcelona, Universidad de Navarra.

Profesión

Fue presidente de la Corporación IMPSA (Industrias Metalúrgicas Pescarmona) con 8.000 empleados en el mundo (3.500 en Argentina).

-Ex director de Aerolíneas Argentinas.

-Fue presidente de la Fundación Exportar, de Idea (2004-2005) y del Consejo Empresario Mendocino (CEM)

-Vicepresidente del Consejo de Administración de la Universidad de Congreso (Mendoza).

Socio de Bodega Lagarde.

-Publicó varios artículos sobre economía en diversos medios gráficos.

Distinciones

Joven Sobresaliente (1979), varias veces distinguido como Empresario del Año por diferentes medios gráficos; ADE, Security, condecorado por Italia, Colombia, Brasil, Venezuela, Ecuador. Es miembro de la Academia Nacional de la Empresa.

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