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Él y tres de sus hermanos se encargan del proyecto de una tradicional firma. El pasado, las relaciones familiares en los negocios y el futuro.

Del deporte a los churros

Mariana Gilgil.mariana@diariouno.net.ar

Con apenas 13 años Julio ya andaba por la tradicional fábrica de churros que fundó su abuelo César Agüero, en calle O'Brien de San José, Guaymallén, y colaboraba en la preparación de la tentadora masa dulce.

La cultura del trabajo y el esfuerzo se la inculcó su padre, Daniel, quien se hizo a un lado para dejar que su prole tomara las riendas de la empresa en el 2007. En ese entonces Julio era preparador físico, pero resignó su pasión por el deporte por otro amor: la empresa familiar.

Junto con tres de sus hermanos, él lidera el aggiornado proyecto de la firma que planea en poco tiempo expandirse dentro de la provincia con el sistema de franquicias.

–¿Cómo arrancó en el negocio?–Tuve que soltar el deporte, pero no me arrepiento porque me uní con mis hermanos. Pudimos seguir creciendo e inaugurar esta nueva casa y tenemos más proyectos por delante. Todos mis hermanos son profesionales, pero apostamos a mantener la empresa familiar. Armamos un proyecto y dijimos “hay que dar un quiebre para crecer”.

–¿Es difícil congeniar lo familiar con lo laboral?–Es muy difícil separar la parte laboral de lo familiar, porque si bien somos los dueños y hermanos, también somos empleados y cada uno cumple una función que hay que respetar. Antes estábamos acostumbrados todos a hacer de todo, pero no era difícil porque teníamos un solo producto. Al ampliar el rubro tenemos más proveedores, empleados y todo es más complicado.

–¿Cómo lo resuelve?–Decidimos contratar un estudio contable que nos asesora y ordena. Nos apoyamos en ellos y decidimos confiar, y hasta acá las cosas nos salieron bien. Todas las semanas seguimos organizando las funciones.

–¿Y tienen peleas?–Es inevitable, pero las peleas siempre ayudan si son con una buena causa y fundamento. Tengo la suerte de que nuestros viejos siempre estuvieron al lado nuestro y nos dijeron: “Hagan negocio, peleen juntos pero no se separen”. Cuando era niño mi padre me mostraba un billete y me decía :”¿Sabés quién está en este billete?”, y yo le decía Belgrano, San Martín, y él respondía: “No, es el diablo y es el que te va a separar la familia”. Eso me quedó grabado tanto a mí como a mis hermanos. Nunca peleamos por plata sino por cosas menores, como sobre el funcionamiento de la empresa. Somos muy unidos.

–¿Van a lanzar las franquicias?– Sí, la base de este negocio fue pensada para empezar a expandirnos con franquicias y vamos a apostar a eso. Nos llevará unos dos años. Para esto ahora estamos por certificar normas ISO2001 y además necesitamos ampliar el área productiva para abastecer las franquicias. Ya hay mucha gente interesada.

–¿Será dentro de la provincia o afuera?–Tenemos pensado por dónde empezar pero no dónde vamos a terminar: será en el interior de la provincia. Si bien podríamos haber empezado hace diez años, antes el negocio era muy estacional, sólo de invierno. Entonces tuvimos que buscar una forma para que pudiera funcionar todo el año. Por eso anexamos pizzas, helados, milanesas, con el producto estrella, que es el chocolate con churros.

–¿Hubo un antes y después?–Sin duda, por eso tuvimos que apoyarnos en gente especializada fuera de la familia y eso siempre cuesta. Así le dimos a la empresa familiar un vuelo más empresarial.

–¿Hay mercado mendocino para estas franquicias?–Sí, este es el momento, porque en el año '86 hubo un intento cuando mi viejo quiso dar ese paso en la sucursal de calle Lavalle pero después vino la hiperinflación y no alcanzó a desarrollar el concepto de franquicia.

–¿Cómo enfrentan la crisis económica y se animan a crecer?–Los puntos claves para mantener esta estructura fue apostar a mantener los precios y muy buena calidad. Y está en saber licuar los costos fijos de una empresa con las horas del día que funciona.

–...Y no están en una zona top ni comercial.–Fue un desafío grande y se suma el sentimiento. Nosotros nos criamos acá y el trabajo siempre estuvo en Guaymallén. A pesar de que no es una zona linda comercial y a contramano del centro, viene gente de Luján, Las Heras, Godoy Cruz, por eso preferimos quedarnos acá.

–¿Qué trabas enfrenta?–Aplico mi propia política, que es del trabajo, de la honestidad y de ir para adelante y dar la cara. Pero existen muchas cosas que te frenan, como la sensación del que quiere trabajar y generar proyectos es mal visto y donde se apuntan todos los cañones. Parece que molesta.

–¿Pero sigue?–Podría dar muchísimas fuentes de trabajo, pero no hay apoyo para el que quiere crecer y trabajar. Trato de tener todo en regla de los empleados pero cuando llega fin de mes y tenés que pagar el bendito 931, hay una gran parte que me parece que es una brutalidad y que no está reflejada en nada que contribuya ni con el empleado ni el empleador.

–¿Tomó créditos para progresar?–Dos del Fondo para la Transformación y Desarrollo, y queremos pedir otro porque quiero ampliar la fábrica, la producción, porque ya me quedó chico. Sin embargo a veces aparecen los miedos. Igualmente apostamos a seguir trabajando.

–¿Evaluó abrir sucursales en centros comerciales?–Eso es más un negocio inmobiliario y son lugares donde tienen que estar marcas más reconocidas para hacer presencia.

–¿Tienen propuestas de abrir en otras provincias?–De San Juan, San Luis, Mar del Plata, San Rafael. Te tientan de todos lados, visitantes de afuera, de Estados Unidos, pero no nos vamos a ir de acá. Hemos apostado a esto y lo que mamamos de mi viejo y soñamos que esto va a crecer. Mejor que acá no vamos a estar a nivel de vida y lo social, sacando claro la inseguridad.

–¿Cuál es la razón del éxito?–La clave del éxito es que desde mi abuelo que fundó la empresa hasta nosotros apostamos siempre a la calidad y el servicio. Y eso a lo largo del tiempo el cliente lo reconoce.

–¿Cuál es su sueño?–La mejor rentabilidad que tiene un negocio es la libertad. Si te esclavizás y lo único que hacés es trabajar eso no te lleva a nada. Apuntamos a dedicarnos sólo a la producción y desligarnos de la comercialización cuando ya tengamos en marcha varias franquicias. Hace 24 años que no tenemos ni domingos ni feriados.

 

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