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Luis Correa Llano prepara a chicos del Liceo Rugby Club desde hace 8 años “para estar con mis hijos” y devolverle a ese deporte los valores que aprendió en sus primeros años. Además es dirigente.

De juez a entrenador de rugby

Alejandro Gamerogamero.alejandro@diariouno.net.ar

“Le dedico tanto tiempo al rugby como a la Justicia. Y gratis. La filosofía es devolver lo que uno recibió y por eso empecé a entrenar a los chicos. Además es una pasión que puedo compartir con mis hijos”.

Esta es la otra vida del juez de la Cámara Penal de Apelaciones Luis Correa Llano. Es la vida en cortos, zapatillas y con una guinda bajo el brazo, que tiene fuera del horario de tribunales, desde hace 8 años, entrenando a los adolescentes de las inferiores del Liceo Rugby Club.

Rugbier desde que tiene memoria, Correa Llano aún hoy lo juega. A los adolescentes de la M14 del club, en cambio, los entrena desde 2005. A esa actividad llegó, según admite, “para estar con mis hijos”.

De paso, ya que estaba en las tardes en la institución deportiva, se hizo tiempo para ser dirigente, ocupando hasta hace unos días el cargo de vicepresidente del Liceo Rugby Club, del cual hoy es secretario, nuevo puesto al que accedió tras las últimas elecciones.

Luis Correa Llano confiesa que el primer día que se hizo cargo de un grupo de divisiones inferiores padeció cierto momento de pánico: “Pensé, ¿cómo hago ahora para manejar 30 chicos? Y bueno, al principio me pareció muy difícil pero con el tiempo fui aprendiendo. Hoy hacemos viajes con ellos, casi sin padres que nos acompañen, y llevamos todo muy bien”.

Aquel pánico escénico inicial se transformó en pasión y lo reafirma al asegurar que “llevo años entrenando a los chicos y ya se me ha hecho carne, me encanta y no podría dejar de hacerlo. Incluso estudio y hago cursos para elevar la calidad del entrenamiento de los muchachos. En verdad es algo que me gusta mucho”.

Compartir con sus hijos el tiempo que le quitaba el trabajo había sido la primera razón de Correa Llano para entrenar a los adolescentes de las inferiores. “A Estanislao comencé a entrenarlo yo a los 6 años y después en el club lo tuve a los 14. Ahora empiezo a dedicarme a los chicos de la M12, así que el año que viene también voy a tener a mi otro hijo, Agustín”, afirma orgulloso.

A la hora de despuntar qué se les inculca a los chicos de inferiores que están a pocos años de llegar a la competición áspera y dura, Luis Correa Llano sostiene: “Los valores del rugby: la amistad, la disciplina y la solidaridad”.

Y destaca que “con una gran ventaja, porque el rugby es un deporte inclusivo porque es para cualquiera, puede jugarlo el petiso, el gordo, el grandote, el que es rápido y el que es lento pero tiene mucha fuerza. En el rugby para todos hay un puesto, algo que otros deportes por sus características de juego y competitivas no permiten”.

Como entrenador de inferiores, el camarista rescata también “que hasta los 15 años el rugby no tiene competición por torneos sino simplemente enfrentamientos amistosos programados”.

“Esto –continúa– permite que todos los chicos jueguen, que nadie se quede afuera ni sentado en el banco, que disfruten y se diviertan, que compartan ese tercer tiempo, que es el de la amistad y camaradería con los equipos contra los que juegan“.

“Y además, a los que entrenamos nos permite enseñarles de forma personalizada, nos permite formar al jugador con plenitud”.

Así es que si alguna vez lo ve a Luis Correa Llano en pantalones cortos y con el silbato en la mano y de golpe grita “Que conste en actas” no es que haya enloquecido, sino que posiblemente se le hayan mezclado los cargos. 

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