En una lucha permanente contra el desierto natural que es Mendoza, el Departamento General de Irrigación es el organismo que busca aprovechar al máximo posible el agua proveniente de los glaciares y de los ríos para sostener la producción y la vida en la provincia.
Por eso todas las obras que se encaran están destinadas a mejorar la distribución.
De cada 10 litros de agua que hay en un río, sólo 4 llegan a las plantas de los oasis productivos, el resto se pierde en el camino.
Por eso las obras para impermeabilizar o entubar canales y acequias son prioridad número uno para cualquier superintendente que llega a Irrigación.
El funcionario que terminó su mandato el 30 de marzo, José Luis Álvarez, logró impermeabilizar 200 kilómetros de cauces para seguir mejorando la red existente.
Otra de las apuestas que deberá seguir el sucesor (el designado por el gobernador es Sergio Marinelli, pero aún falta la aprobación del Senado para que pueda asumir) será avanzar en la construcción de reservorios para aprovechar el agua de lluvia.
El cambio climático obligó a modificar las estrategias; ahora se presentan inviernos con menos nieve y más lluvias durante el resto del año, con lo cual esos sitios son una muy buena alternativa para aprovechar el agua.
El plan desde Irrigación es construir "pulmones de agua" equivalentes a 42 hectáreas.



