Mendoza Lunes, 2 de abril de 2018

Casi 90 años después no se sabe quién asesinó a Carlos Washington Lencinas

Quizás hay muchos que quieren que no se sepa cómo murió quien fuera gobernador de Mendoza. "Lo mató el sistema", dice Adolfo Omar Cueto, el decano de Filosofía.

Suena un disparo. Después otros 20. Todo es un caos y la multitud se desbanda. Hay heridos y uno de ellos está muriendo. Una bala se metió por su hombro y le llegó al corazón. Escupe sangre y lo llevan casi en andas, desde el balcón donde se había asomado para ver a sus seguidores, hasta la mesa de billar donde lo tienden solo para que deje de respirar. ¿Quién disparó contra él?

Nadie lo sabe o, en todo caso, hay muchos que quieren que no se sepa. El disparo fue efectuado la tarde del 10 de noviembre de 1929 y, 88 años después, todavía no se puede afirmar quién mató a Carlos Washington Lencinas, que había sido gobernador de Mendoza unos años antes y que ahora estaba buscando que los hombres de Hipólito Yrigoyen le reconocieran su título de senador nacional.

"A Lencinas lo mató el sistema", dice el doctor en Historia Adolfo Omar Cueto, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo. Quizás no hay mejor definición que esa, a falta de nombres propios irrefutables.

La versión oficial tiene como hipótesis que Lencinas fue asesinado por José Cáceres, un militante yrigoyenista que actuó por iniciativa personal. Trepado a un árbol, Cáceres le apuntó al ex gobernador cuando éste se había asomado al balcón del Círculo de Armas y le disparó. Después Cáceres, casi en la misma secuencia, fue también herido de bala, estuvo internado tres días y murió, sin poder dar su versión.

María Cristina Satlari, licenciada y magister en Historia, sostiene después de algunos trabajos de investigación que el asesino material fue Mariano Faccioli, un hombre que después se refugió en General Alvear y que era mercenario del gobierno nacional. También Cueto logró hablar hace años con algunos testigos directos que sostenían esto.

Esa versión, que también sostienen otros, indica que Faccioli era guardaespaldas del dirigente yrigoyenista Eduardo Evans, quien le pagó para asesinar a Lencinas.

De Faccioli se dice que escapó hacia el Sur de Mendoza, "donde llevaría una mala vida de juego y prostitución". Incluso se sostiene que "el propio Faccioli se declaró autor del hecho según versiones populares; sin embargo, nunca fue culpado al igual que los políticos vinculados con el suceso".

Una tercera versión, surgida de los antilencinistas, dice que los primeros disparos efectuados frente al Círculo de Armas fueron efectuados desde un auto, que pasó a toda velocidad por allí y que surtió el efecto de una maniobra de distracción, con el objeto de que un guardaespaldas de Lencinas, que estaba junto a la víctima, lo ejecutara a quemarropa.

Lo cierto es que ya no hay sobrevivientes de aquel día y sólo quedan testimonios de testimonios.

El cuerpo de Carlos Washington Lencinas fue colocado sobre una mesa de billar del Círculo de Armas y después fue traslado al Hospital Provincial. Allí los doctores Escudé y De la Zerda le practicaron la autopsia pero no encontraron la bala. Posteriormente el cadáver fue embalsamado por pedido de la familia y enviado a la casa familiar, de 25 de Mayo 750, de Mendoza capital, donde se realizó el velorio organizado por la empresa fúnebre Desmerey y Loretti.

Hay una versión que sostiene que horas después, en el Círculo de Armas, un tal Virgilio Sguazzini encontró la bala que había herido al político y la entregó al juez interviniente, que la guardó en un sobre, pero nunca más se supo de ella.

Se indica que la bala era de una pistola Mannlicher, que había sido el arma oficial del Ejército hasta 1927. Otra versión sostiene que el proyectil era de un revólver Smith & Wesson calibre 38, igual al que solía portar Cáceres. Pero todo quedó en versiones.

Aquel trágico día que derivó en su crimen

En 1929, durante septiembre y octubre, Carlos W. Lencinas se encontraba en la Capital Federal para reclamar su cargo de senador nacional, elegido por la Legislatura mendocina en 1927, cuyo diploma había sido rechazado después de acalorados debates.

El 10 de noviembre volvía a Mendoza, arribando a la Estación Pacífico, donde una gran cantidad de personas lo esperaba. De allí, se dirigió al Círculo de Armas, en el que realizaría un acto político del partido.

En el ambiente una tensa calma reinaba entre los asistentes, hasta que en un momento se produjo una confusión entre la multitud. Lencinas se asomó al balcón para solicitar tranquilidad y en ese instante se oyeron unos disparos.

El ex gobernador fue herido de muerte. Su asesinato ocasionó varias interpretaciones. Algunas voces políticas, al igual que su familia, vincularon el asesinato directamente con Hipólito Yrigoyen y a miembros integrantes de la Intervención; otros optaron por negar toda vinculación con el Presidente. También estuvieron aquellos que culparon al propio lencinismo.