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Con todo respeto

Editado por [{"idCMSUsuario":"72","nombre":"Lucila Tosolino","email":"ltosolino@uno_com_ar"}]

"Lo mejor que veo en la compu desde que la prendí", sentenció Ortensia en la red social de UNO acerca de la nota que aborda la historia de vida de Rita Marina Villalba, a propósito del Día de la Mujer retratada por Juan Manuel Kunzi.

Estas horas invitan a la reflexión acerca de las vejaciones, padeceres, luchas y reinvidicaciones. Son las actuales, instancias en las que nadie en su sano juicio puede imputar los reclamos. Empero vale poner el acento en un aspecto que aparenta haber sido pasado por alto: no todos los varones agreden, en cualquiera de sus formas. Estamos de acuerdo si el reclamo es para la Justicia que falla al investigar y condenar, en general para todos pero en especial para los pobres. Y si apunta al Estado que falla en prevenir y contener a las personas vulnerables. También si se pide al clero que haga mea culpa y se aggiorne a lo que piden hasta sus propios representantes en los barrios. Y en tales casos los que fallan son tanto hombres como mujeres.

Me crié en un ámbito donde la violencia jamás se naturalizó. No mido, doy ni tomo según el género. La igualdad se cultiva sin distingos. Es lo que aprendí hace medio siglo, en el seno de una familia, digamos, disfuncional.

Lo de la mujer en la casa jamás lo vi; menos la figura de la señora que se ocupa solo de los quehaceres de la casa. En rigor, lavar, limpiar, planchar y demás tareas eran, como decía mi abuelo, "para el que le toque". La plata se generaba fruto del trabajo de todos, nunca vi ni oí que los ingresos se hayan separando según quién los traiga. En casa, allá por los 70, el divorcio no era mala palabra.

Faltarle el respeto a una persona de la manera que sea, era falta gravísima, sea mujer u hombre. Parece poca cosa, pero fueron conductas y ejemplos que luego me ayudaron a cultivar el espíritu crítico.

Tanto palabrerío apunta a un solo punto: es la familia el lugar de privilegio donde se combate la violencia de género. Lo demás es consecuencia. Por caso subrayo que de las familias saldrán los jueces y juezas que harán su trabajo como es debido; mientras tanto habrá que conformarse con lo que hay.

Ante tanto discurso exacerbado puede parecer esta una columna de bajo vuelo intelectual, pero , dicho con todo respeto y reiteradamente, es en la familia donde deben habitar los mejores valores, esos que resultan irrompibles. El trabajo, el respeto, la igualdad se construye cada día. Por eso la historia de Rita Marina es particular, porque a pesar de la adversidad le pega para adelante.

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Foto UNO/Juan Manuel Kunzi

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