Mitad de enero y después de 15 días donde misteriosamente las protestas sociales quedaron de lado, volvemos a entrar en la vorágine que nos presenta diferentes opiniones respecto a cómo no está yendo con el gobierno de Mauricio Macri. Y está bueno escuchar a todos, por más desagradables que resulten algunos. Aunque siempre digo que el mejor panorama uno lo puede encontrar caminando un poco la calle. Y en Paraná el ejercicio es sencillo. Salir a la despensa del barrio, escuchar a los vecinos, correrse un poco hasta la zona céntrica, recorrer la Peatonal y charlar un poco con los comerciantes. Muchos coinciden en que la mano viene brava, que los números no cierran y para eso no hace falta ser ningún neófito en la materia para darse cuenta.
Después están los que se basan en dos indicadores para hablarnos de lo mal que le va a este Gobierno: el combustible y el dólar. Ambos en alza con números que asustan, sobre todo a los que miran el surtidor cada vez que van a echar nafta.
Ahora bien, la segunda quincena de enero nos trae una palabra que se da siempre en esta época: paritarias. ¿Qué son? En líneas generales son comisiones especiales integradas por representantes sindicales y empresariales para la discusión de, entre otras cosas, el salario mínimo. Esta discusión normalmente se lleva la atención de todos los medios hasta marzo, así que todavía tenemos varias líneas por escribir.
Las más populares son las paritarias docentes, ya que si se llega a buen puerto habrá clases en las diferentes provincias. Ayer, el gobierno nacional difundió el decreto 52/18, publicado en el Boletín Oficial, que ordenó "muchas cuestiones que generaban confusión y malentendidos en el anterior decreto reglamentario del artículo 10 de la Ley de Financiamiento Educativo, como "la supuesta existencia de una paritaria nacional" docente, explicó el ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro. Para pasar en limpio, de cara a la discusión paritaria, el Gobierno admitió que busca cerrar los acuerdos en torno al 15% de aumento, en línea con la nueva meta de inflación prevista por el Banco Central para 2018.
Dos de los cinco gremios docentes con representación nacional ya se mostraron en contra de esta medida, con Ctera a la cabeza y está claro que están en todo su derecho. Cuando una de las partes no está dispuesta a "negociar" es porque piensa implementar un sistema autoritario, sin la necesidad de escuchar en este caso a los representantes de los trabajadores. Uno puede estar de acuerdo o no en la forma que después se decida para protestar, pero es un hecho que el gobierno nacional no quiere escuchar el pensamiento de la otra parte.
"Los privilegios de los que gozaron los gremios docentes durante el kirchnerismo no significa que deban mantenerse sin una base normativa", dijo Finocchiaro. A lo que agregó que la Ctera ya "tenía decidido ir al conflicto, hubiese o no decreto". Celebro que tengamos un ministro con una bola de cristal y que sepa de antemano cuáles iban a ser la medida del gremio docente.
Hay otros temas que abarca el decreto y que son tan importantes como el salario, como las condiciones laborales, calendario educativo y carrera docente, algo en lo cual me parece perfecto profundizar siempre y cuando se escuchen todas las campanas. Lo fácil es siempre echarle la culpa al maestro o al docente por los días de paro que las provincias deben soportar, claro que nunca se analiza el trasfondo de la medida. Ante esto, tampoco veo una salida sencilla teniendo en cuenta la politización que existe en los gremios, sea cual fuere el rubro.
Ante esto, nadie quiere dar el brazo a torcer y todos tiran agua para su molino. El gobierno no permite el diálogo con este decreto, algo fundamental para encontrar una solución. De esa forma, seguiremos sumidos en una educación que es sostenida desde todo punto de vista por la enorme vocación que presentan gran parte de nuestros educadores. Con eso no basta, ya que su lucha es muchas veces solitaria.
