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Valeria Mazza reveló insólitas intimidades de sus hijos

Los hijos de Valeria Mazza tienen 21, 18, 15 y 12 años y durante esta cuarentena han aprendido "a hacer su cuarto y pasar el trapo"

En la nota de tapa de Gente de esta semana, Valeria Mazza cuenta detalles de su intimidad familiar en pleno confinamiento y revela cómo se organizan con las tareas del hogar en La Barranca, su enorme casa en Acasusso –donde se hizo el shooting–, punto elegido como base para pasar la cuarentena.

La distribución de las tareas del hogar en la residencia de los Mazza-Gravier, detalla la ex supermodelo, es “equitativa” entre Balthazar (21), Tiziano (18), Benicio (15) y Taína (12): “Todos hacen todo, cada uno las cosas que le gustan más. A Taína y Balthazar les atrae más la cocina y a los otros no tanto, pero Benicio es el que está siempre listo para tender la mesa”.

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“Todos aprendieron a hacer su cuarto y pasar el trapo. ¡Hasta hubo clases!”, sorprende Valeria Mazza. Para más detalles, Taína, la más pequeña del clan limpio el baño: “Bueno, pero Tizi y Baltha limpiaron el baño por primera vez hace muy poco”.

Según aclaró Valeria Mazza, ella es de la generación que hacía todo en su hogar.

“De las que crían para ‘ser una buena mujer’, y eso significaba saber coser, tejer, bordar, limpiar y planchar. En mi casa me enseñaron a hacer todo. Por eso, para mí es fundamental que los varones también aprendan", cuenta, resaltando su rigurosidad.

“Yo siempre les digo que la manera de ser independiente es saber autoabastecerse. Que no tengas que depender de otra persona para tener todos los botones de la camisa. Les doy ejemplos así: ‘No dependas de otro para comer algo rico’. Tienen que poder resolver solos. Y eso se traslada a todos los ámbitos, claramente. Desde chicos ya han viajado solos. Les hemos dado independencia, haciéndoles sentir la responsabilidad que conlleva la libertad”, cuenta.

Cuando se le comenta que muchos pueden pensar que sus hijos “tienen las cosas fáciles”, se explaya: “No, mis hijos fácil no la tienen. Porque justamente es lo que no me interesa. Al contrario, quiero que aprendan. Y que cuando no puedan y necesiten, nosotros estamos”.

Respecto a su organización diaria, destaca: “Cada uno con el colegio y sus rutinas tienen sus obligaciones, de 8:15 a 16, que los ayuda a tener un schedule. Si vos reproducís lo que yo digo seguramente la gente diga: ‘Qué bruja, pobres chicos!’. Pero no les quiero evitar la angustia. Creo que tienen que vivir sus propias experiencias y me gusta ponerles límites y pautas, con mucho amor”.