Lo dice Carlos La Mona Jiménez, el Rey del Cuarteto, quien el 31 de octubre hará su último recital en Mendoza. Antes de eso, Escenario estuvo en Córdoba con el ídolo compartiendo charlas, viajes y sus bailes populares.

"Me quiero despedir bien”

Por UNO

Ya es madrugada del lunes, cerca de las 2, y el corazón de Cerro de Las Rosas, zona residencial deCórdoba, muestra un movimiento particular. Sucede que Carlos La Mona Jiménez está por salir de su

casa, muy paqueta, para dar un recital en la localidad de Villa Allende. Mientras aguardamos la

salida del Sultán del Cuarteto, uno de los custodios –lo más similar a un personaje salido de una

novela de Osvaldo Soriano– nos avisa: "Mendocino, no te vayás, que en 5 minutos sale Carlitos y nos

vamos al baile".

Pasan esos cinco minutos y en lo alto del domicilio se alcanzan a ver los inconfundibles

rulos negros de su frondosa cabellera y un atuendo en el que predomina el amarillo patito. Ahí está

el ídolo popular, que apenas da uno pasos cumple con una de sus infaltables cábalas: besa una

planta de ruda que está en el jardín. Entonces, ahora está listo para saludar a sus fans, que lo

esperan. Se saca fotos con todos y firma autógrafos.

Aunque antes de arrancar la caravana en el Renault 11 modelo '86 que lo lleva a todas partes,

La Mona nos hace un guiño: "Picante, venite al baile y hablamos de todo en el camarín". Jiménez nos

acaba de invitar a su hábitat natural, donde alcanzó la fama absoluta, y nosotros nos preparamos

para pasar toda la noche con él antes de su último show en Mendoza, que será el 31 de octubre en la

cancha de Gimnasia y Esgrima, en el parque General San Martín.

Antes de ingresar a Quintana Ro, boliche de Villa Allende donde va actuar, hace un par de

maniobras para que su entrada sea tranquila, hasta que se mete en el camarín. Allí, La Mona nos

abraza y dice, emocionado: "Quiero hacer mi gran despedida de Mendoza, me estoy despidiendo de mis

giras por el interior del país. Ya hice mi despedida en Catamarca y lloré. Igual sigo tocando, pero

sólo en Córdoba".

Con ese marco emotivo arranca la entrevista exclusiva con Escenario antes de subir a cantar.

En esta charla habla de su adiós, que está siendo registrado en imágenes para un futuro documental,

de su "picante" libro biográfico y de su feliz presente, en el cual disfruta al máximo cada uno de

sus shows después de 43 años de trayectoria y 80 discos grabados.

–¿Cómo te imaginás tu despedida de Mendoza el 31 de octubre?

–Algo hermoso. Ya he ido 20 veces y siempre los mendocinos me abrieron los brazos. Ahora

seguramente me van a esperar con un buen vino mendocino y un champán que se caga (risas). Claro que

haremos un repaso de todas mis canciones y tocaremos lo más nuevo, mi disco Genial.

–¿Por qué decidiste retirarte de las giras por el interior del país?

–Porque tengo 60 años. Ahora ya no sé cuándo me voy a morir y me quiero despedir bien alegre

de toda la gente que me dio tanto cariño. Quiero que los pibitos digan: 'Yo conocí a La Mona

Jiménez antes de que se muriera'. Bueno, en realidad no sé cuándo me voy a morir, pero hay que

vivir con alegría.

–¿Éste es el mejor momento tuyo para decir adiós a otras provincias?

–Todo lo que me propuse hacer lo hice, no me tengo que quejar, y éste es el momento de decir

adiós. Cuando era chico le prometí a mi vieja que iba a ser el cantante que soy ahora... (se le

llenan los ojos de lágrimas, respira profundo). Y eso para mí es una alegría que quiero vivir a

pleno. Yo nunca busqué ser uno de esos que cantan en los bares y se pierden chupando, siempre le

puse corazón para alcanzar esto, porque se lo prometí a mi vieja. Igual, me quiero quedar con el

cariño de la gente, lo más importante y lo más hermoso.

–También de esta gira saldrá un documental que mostrará tu trayectoria...

–Sí, toda esta gira servirá para hacer el documental mío o la película. Ahora todo puede

pasar. En Mendoza también vamos a hacer la filmación del show, por eso los mendocinos, la gente de

Las Heras y de todos esos lugares no se pueden perder este show despedida. Ellos también son parte

de esta historia y van a quedar grabados con las cámaras que llevamos.

El lado oscuro

–¿Pensaste que iba a tener tanto éxito tu biografía?

–No, la verdad que nunca lo pensé. Acá en Córdoba está primero en ventas y también estuvo en

la Feria del Libro. Creo que la gente se engancha porque cuento lo bueno, lo malo y todo lo que me

pasó en mi vida. Está el relato desde que mi vieja me parió hasta todas las cosas que hice. Me

mandé mis cagadas... Pero eso, que la gente lo lea en el libro (risas).

–Ya hay algunas personas que se enojaron por lo que contás en tu libro...

–Yo no miento, no digo mentiras. Igual, el libro lo hice para que la gente supiera la

historia de mi vida, claro que por ella pasaron muchas personas, pero no lo hice con la intención

de molestar a nadie.

–También en esta publicación hablás de tu vida personal, temas duros y bastante

complicados...

–Es que lo tenía que hacer. Cuando tuve que hablar de la droga lo hice, y también comento de

la culpa que todavía siento por haberle fallado como esposo a la Juana. Después también hablamos de

la gente pesada que conocía. Todo eso había que contarlo porque es parte de mi vida, no había otra.

Su momento cumbre

–¿Se puede decir que estás en tu mejor momento?

–No sé si es el mejor, pero me pasan cosas raras. Por ejemplo, ya hace tiempo que me acuerdo

del primer día que canté en vivo en la radio con el Cuarteto Berna. Ese día se me saltaron las

lágrimas y salí corriendo a la casa de mi vieja porque estaba logrando lo que me había propuesto,

que era vivir de la música. Por eso digo que esta etapa de mi vida es muy particular, porque le

estoy agradeciendo a la gente por todo lo que me dio.

–¿Te quedó algo pendiente en tu carrera?

–Me pasé toda la vida arriba de un escenario, llevándole alegría y música a la gente. Soy de

la gente, ellos me hicieron suyo. La "monada" se identifica conmigo.

Claro que para

La Mona todo tiempo es poco. Por eso cuando ve que la nota va terminando, hace una pausa y

nos hace otra invitación: "No apagués nada todavía, que subís conmigo al escenario". Entonces no

perdemos tiempo, nos preparamos de nuevo y acompañamos al rey de la noche hasta las tablas para

vivir desde arriba su recital.

Sus bailes: un ritual con acento cordobés Son las 2.30 clavadas del lunes y el boliche

Quintana Ro, de Villa Allende, explota. Unas 2.000 personas esperan a su ídolo, La Mona Jiménez.

Mientras éste, detrás del escenario, se termina una copa de champán y pregunta con qué tema

arranca.

Apenas se prenden las luces del escenario, La Mona sale disparado al centro del escenario y

el público lo ovaciona hasta el cansancio. El recital arranca con Confianza ciega, tema de su

último disco, Genial. No pasa mucho tiempo y comienza a mencionar los barrios de la periferia

codobesa.

La Mona baila como endemoniado, nos señala al costado del escenaria y canta frente a nuestra

cámara. Luego corre el micrófono y nos confiesa: "Esta es la mía papá, mirá como está la gente. Acá

arriba dejo todo".

En un momento, los personajes comienzan a desfilar por el escenario. Jiménez no tiene

problemas, canta con cualquiera y hasta hace subir a una rubia despampanante para que lo acompañe

en la canción Por portación de rostro.

El cantante se baila todo con la piba, hace dos temas más y se despide. Vuelve al camarín se

seca la transpiración y nos explica: "Se terminó, ahora me voy a descansar porque mañana hago

deportes".