Espectaculos Domingo, 30 de octubre de 2016

Guns N' Roses tocó en Chile ante miles de fanáticos

La banda californiana con su alineación casi original llenó el Estadio Nacional dejando atrás su accidentado debut de 1992. Axl Rose y compañía aún mantienen la química.

Se escuchan los viejos compases de la música característica de Looney Tunes, los dibujos animados de varias generaciones que hoy tienen hijos y nietos, y cunde la sorpresa en el Estadio Nacional de Chile: Guns N' roses va a respetar el horario de inicio.

Por las pantallas aparecen distintas imágenes con la iconografía clásica de la banda de Hollywood que hace casi 30 años mandó para la casa al heavy metal travestido de las calles de Los Angeles.

Entonces irrumpe el bajo galopante de Duff McKagan que marca la partida de It's so easy, una composición de su exclusiva autoría, y el sueño se concreta, Guns N' roses está de vuelta con Axl y Slash, enemigos declarados hasta hace menos de un lustro, nuevamente juntos.

Fuegos de artificio marcan el final del tema y casi de inmediato atacan con Mr. Brownstone, firmada por Izzy Stradlin, el guitarrista histórico al que no le ofrecieron el mismo sueldo por este regreso y quedó fuera.

Axl desenfunda por primera vez en la noche uno de sus movimientos más reconocibles, meciéndose cadenciosamente aunque con los kilos extras luce pesado en la maniobra. El vocalista lanza un escueto "hola" en una pausa y las pantallas gigantes se encienden nuevamente con gráfica alusiva a Chinese democracy (2008), el álbum que demoró una década en aparecer.

Slash, que no tuvo absolutamente nada que ver con aquel disco, se lució soleando imparable el tema homónimo. El público sacudió su apatía cuando comenzaron los primeros acordes de Welcome to the jungle y Axl lanzó un aullido con la frase "estás en la jungla nene, vas a morir". El Nacional completó reaccionó ante uno de los títulos definitivos de la década de los 80.

El concierto, que convocó a 66 mil personas según datos de la productora a cargo, nuevamente se sumió en cierto sopor con más canciones de Chinese democracy. No son malos temas pero no están grabados en la memoria, así de simple. A esas alturas ciertos ripios persistían en el sonido, particularmente con la voz de Axl Rose, que si bien luce más entera que en anteriores visitas, se perdía a ratos. El resto de la banda que suma dos tecladistas, otro guitarrista y batería, inapelable.

Con el cover de Live and let die de Wings volvió la intensidad al Nacional, siempre persistente cuando se trataba de clásicos. Hicieron una gran versión de Rocket queen, una de las canciones más ambiciosas de Appetite for destruction, que presagiaba los aires más elaborados de la entrega doble Use your illusion (1991). Duff McKagan cantó New rose, cover de The Damned, y Axl volvió a escena con otra ropa, siguiendo la vieja tradición del metal californiano de los 80 de variar el vestuario varias veces. Un nuevo estallido masivo llegó con Sweet child o' mine, y una grata sorpresa con la versión de Wish you were here, que antecedió los aires sinfónicos de la grandilocuente November rain. Siguieron más clásicos insoslayables como una extendida versión Knockin' on heaven's door de Bob Dylan.

Aunque en algún momento Axl hizo gala de su temperamento malas pulgas cuando insistió en You could be mine que el público retrocediera un paso para que la gente de las primeras filas tuviera un respiro, tuvo una buena noche mientras que la de Slash fue simplemente descollante. El rizado guitarrista aún tiene fuego en sus dedos, como Duff McKagan aporta su solidez al bajo, buenos coros y una estampa no muy distinta a los días en que Guns N' roses no solo era la banda más peligrosa del planeta, sino también la más vibrante. Una pandilla salvaje que devolvió la crudeza al rock en el momento preciso.

Fuente: La Tercera

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