Espectaculos Sábado, 11 de agosto de 2018

Enredos infantiles en una comedia catalana muy poco efectiva

Bienvenidos a la familia se sumó a Netflix a fines del mes pasado. Sus personajes, situaciones y líneas narrativas más que entretener aburren por su falta de originalidad

Bienvenidos a la Familia, la nueva serie de Netflix.

Netflix estrenó la serie catalana Benvinguts a la família (Bienvenidos a la familia) el 27 de julio, pero su derrotero en la televisión española fue diferente.

Originalmente este producto televisivo surgió para ocupar el espacio ganado por Merlí, la serie sobre un profesor de Filosofía y sus alumnos que se ganó el favor del público internacional, con lo cual la cadena TV3 tenía que procurar encontrar otro éxito y así llegó Bienvenidos a la familia. Pero con un destino bastante diferente del soñado.

Los 13 capítulos se ocupan de la historia de Ángela (Melani Olivares), una mujer abandonada por su esposo con tres hijos a su cargo y con su cuñado durmiendo en el sofá.

Hasta que el ex autoriza el desalojo del modesto departamento en el que viven, con la presión de que sólo podrán recuperarlo si logran reunir 150.000 euros. Entonces Ángela accede a hacer lo que nunca hubiera deseado: pedirle ese dinero a su padre, Eduardo, a quien hace décadas no ve.

Allí los hijos se dan cuenta de que su madre era de una familia acomodada, pero la reunión termina mal: el padre muere de un infarto y Ángela y su familia se quedan sin esperanzas.

Pero en esa casa viven también la nueva pareja de su padre, Victoria (Yolanda Ramos) y su hija Álex, que poco a poco se irán sumando a los planes alocados de los recién llegados para no quedarse ellas también en la calle, ya que la lectura del testamento ha sellado la suerte de todos.

Mezcla de humor negro y costumbrista, la poca originalidad de los guiones arrasa con situaciones que podrían haberse explotado más, pero que aquí caen en los lugares comunes, romances, celos y personajes demasiados planos, incluidos.

Quien se constituye en la excepción de un elenco para el olvido es Yolanda Ramos, quien como la reciente viuda de Eduardo compone a una actriz venida a menos, muy al estilo Almódovar por sus excesos, quien opaca a quien le pongan enfrente en cada escena, pero que no alcanza para salvar del aburrimiento a los espectadores.

Y si además le sumamos la sentenciosa voz de la protagonista, que nos habla del valor de la familia y de los sacrificios que una madre está dispuesta a hacer por sus hijos, el sopor de la moraleja nos termina adormeciendo aún más.

Por lo que deja entrever su final, la nueva temporada ya está lista para arribar, con la presencia de un nuevo personaje, aunque lo mejor sería que reclutasen nuevos guionistas.

Bienvenidos a la familia intentó ofrecer un buen producto, pero le faltaron muchos elementos para conseguirlo.

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