Espectaculos Jueves, 31 de mayo de 2018

El primer clásico entre Argentina e Inglaterra fue en 1806

Comedia. La película de Néstor Montalbano muestra un imaginario encuentro entre el seleccionado criollo y el inglés, durante las invasiones. Aquí la charla con una de las protagonistas, Laura Fidalgo.

Se viene el mundial y los corazones de millones de argentinos entran en pausa. Ese universo donde muchas rivalidades se reeditan, como las que tenemos con Brasil, Alemania o Inglaterra.

Para empezar a vivir con humor esta contienda deportiva, desde el cine nos acompañan con el estreno de No llores por mí, Inglaterra, una comedia de Néstor Montalbano, quien hizo de programas televisivos como De la cabeza, Cha Cha Cha y Todo por dos pesos su forma de divertirnos, impronta que luego llevó a la pantalla grande con películas como Pájaros volando o Soy tu aventura.

Laura Fidalgo es una de las protagonistas de No llores por mí, Inglaterra, una comedia ambientada en 1806, cuando los ingleses invadieron la ciudad de Buenos Aires, hasta entonces bajo el mando de la monarquía española. Instalados los ingleses en este nuevo territorio, el general Beresford, para distraer a la población, les presenta un nuevo juego: el fútbol. La idea es tenerlos entretenidos hasta que lleguen los refuerzos desde Inglaterra.

El elenco se completa con figuras como Gonzalo Heredia, Mike Amigorena, Mirta Busnelli, Diego Capusotto, Luciano Cáceres, Fernando Lúpiz, Roberto Carnaghi y Eduardo Calvo; entre otros, y los ex futbolistas Fernando Cavenaghi, José Chatruc y Evelina Cabrera, la titular de la Asociación del Fútbol femenino.

Diario UNO charló con la bailarina y actriz Laura Fidalgo, quien en esta cinta tiene el papel de Aurora, la novia de Manolete (Gonzalo Heredia), un singular promotor de espectáculos que ve en este partido entre criollos y argentinos una oportunidad única.

-No es la primera vez que trabajás con Montalbano. ¿Cómo te convocó para esta producción?

-El me volvió a llamar porque tuvimos una experiencia muy buena con Soy tu aventura, con ese humor un tanto bizarro, inteligente y a la vez sano que él tiene. Los dos somos muy apasionados en todo lo que hacemos y nos hicimos amigos. Me convocó, me dio el guión y me encantó el personaje.

-Cómo es Aurora?

-A ella la identifiqué un poco con mi vida. Es una incomprendida, porque con mi novio en la ficción, Manolete, tengo una disputa, porque él no puede comprender lo que yo quiero transmitirle al público a la hora de bailar. El siempre me pide que haga algo popular, tranquilo y yo le replico que si yo no lo siento, no lo puedo transmitir. No me siento comprendida. Hasta que aparece Beresford (Mike Amigorena) que intenta seducirme y me propone cantar el himno, en inglés, el día del partido. Allí aparece el enfrentamiento por el fútbol, porque si bien se viene la guerra, para distraer a los criollos es una buena excusa.

-Y se estrena cerca del Mundial...

-No fue a propósito, pero se fue dando todo. En esta película, yo que estoy acostumbrada al teatro, a bailar, al movimiento, a proyectar la voz, me enfrenté a otra cosa. Entonces tuve que aprender estos códigos y la ropa me ayudó a no moverme mucho, porque el vestuario de España-, al reflejar lo que usaban las mujeres en esa época, tiene muchos corsés, mucha ropa y eso me limitaba los movimientos y esto me sirvió para mi personaje.

-Para una bailarina debe ser interesante explorar la quietud...

-Es un desafío y eso quiero, explorar otras posibilidades y si bien con la ropa me sentía un poco incómoda, me ayudó a dar con lo que necesitaba mi personaje.

-¿En qué lugares filmaron?

-Estuvimos en Colonia, Montevideo, Buenos Aires. Era como entrar en el túnel del tiempo y no quería que terminara, volver a la realidad, ir al hotel, a comer... Yo soy feliz cuando habito esa burbuja: cuando bailo, cuando estoy en el teatro, en la tele, me siento volar. Después me aburre todo (risas). Por eso yo le digo siempre a la gente que tienen que buscar lo que los haga felices, si es planchar, al menos planchá una hora por día, porque si te hace abstraerte de los problemas, es sano. Lo mismo pasa con el deporte y la danza, que son liberadores de la angustia.

-Todo lo que me contás define tu carrera...

-A mí me dijeron que no iba a poder bailar por mi pie plano y por mi altura y yo seguía, porque creo que Dios te da el don. Hay momentos en que te duele todo y querés abandonar, yo solamente paré cuando me rompí los cruzados (N. de la R.: lesión que tuvo mientras participaba de una de las ediciones de Bailando por un sueño).

-Debe haber sido mucho el dolor físico, pero también emocional, porque para una bailarina es lo peor que puede pasarle...

-El baile es mi vida. Nací para esto, lo hago desde los 4 años: tomar clases en la mañana, ensayar a la tarde, bailar en la noche en el teatro, sin parar, y después de eso fue no poder hacer nada. La angustia fue enorme, pero seguí con mis escuelas y mis proyectos, porque me considero una generadora nata.

Más noticias