Espectaculos Lunes, 14 de mayo de 2018

El mendocino Alejandro Fadel llevó a Cannes una reflexión sobre el miedo

La cinta se ambienta en la cordillera de los Andes, donde se produce una serie de asesinatos de los que se culpa al marido de una víctima

Con la película de terror "Muere, monstruo, muere", el director mendocino Alejandro Fadel regresó a Cannes para ofrecer una particular reflexión sobre el miedo, tanto hacia los otros como hacia lo desconocido. La cinta se ambienta en la cordillera de los Andes, donde se produce una serie de asesinatos de los que se culpa al marido de una víctima y que el agente de policía rural Cruz, interpretado por Víctor López, intenta esclarecer. El cineasta ya se presentó con "Los salvajes" en 2012 en la Quincena de Realizadores, sección paralela e independiente del certamen cinematográfico, y en esta ocasión da un paso más en Una Cierta Mirada, el segundo apartado en importancia en Cannes, por detrás de la competición oficial por la Palma de Oro. "Estoy muy contento y muy agradecido. Creo que Cannes es el lugar donde la mayoría de directores sueña con mostrar el trabajo", dijo hoy a Efe Fadel, nacido en Tunuyán hace 37 años y guionista de Pablo Trapero en filmes como "Carancho" o "Elefante blanco". El género de terror, reveló, supuso su "primer acercamiento a la cinefilia, a tratar de entender cómo se realizaba una película y sus estrategias narrativas", pero no ha querido cerrarse a sus reglas. "Si hoy se siguen los manuales estrictos del género, del terror norteamericano, y lo exportas a nuestras idiosincrasias, se hacen generalmente películas fallidas. Las preguntas acerca del terror, del miedo, se actualizan todo el tiempo, tanto a nivel social y político como formal, y uno tiene que encontrar nuevas maneras de narrarlo", afirmó. Para él, lo más interesante es "el misterio", y el monstruo entra en ese esquema como un personaje literal y metafórico: "Ocupa ese lugar donde no se puede acceder fácilmente mediante la palabra, esas cosas que están en el aire, si hablamos como sociedad, o en la imaginación, si hablamos como individuos". Fadel muestra en pantalla esa criatura asesina, pero, de forma consciente, no da pistas al espectador sobre lo que sucede. "Mi intención era que no tuviera una psicología, una historia previa, una explicación, sino que fuera tratado con la misma distancia o manera de filmar que el resto de personajes, que también son enigmáticos", puntualizó. A ese enigma contribuye la soledad y la amplitud del escenario elegido porque, para el director, "cuando uno está aislado se encuentra más fuerte con esas ansiedades", de ahí que el filme hable sobre ese miedo a lo desconocido, que "a veces son personas, a veces pensamientos". Como en sus anteriores proyectos, este último no tuvo un desencadenante concreto: "Siempre pienso las películas a partes, no pienso tanto en cine como una historia que empieza acá y sigue acá(...) Cuando tengo muchos elementos para jugar, la historia se va armando sola". Con ese mismo método está ahora empezando a escribir "varias películas". La suerte de esta última está en manos de un jurado presidido por el actor puertorriqueño Benicio del Toro, presente en la proyección de hoy, y que deberá pronunciarse igualmente sobre otras como la también argentina "El Ángel", de Luis Ortega.

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