El compositor mexicano Armando Manzanero cantará este martes junto con Alejandro Lerner en el tour “ A dos pianos”. Aquí, el creador de boleros como No se tú habla de sus canciones, de su historia y del show.

Dos músicos de lujo, juntos en Mendoza

Por UNO

En 1950, la canción Nunca en el mundo surgió de los confines de la mente de Dito, como le decíacariñosamente su familia al joven Armando Manzanero Canché, en ese entonces de 15 años. Con

incontenible talento artístico, Dito encontró su pasión desde pequeño y supo defenderla ante los

intentos de su padre Santiago por disuadirlo de la idea de una vida dedicada a la música (don

Santiago también era músico y le preocupaba el futuro económico de su hijo).

Hoy, a sus 75 años, el mexicano Armando Manzanero se encuentra "maravillosamente", según nos

dice por teléfono mientras cruza la avenida de Los Insurgentes, en el Distrito Federal, México.

Consagrado como uno de los compositores románticos más destacados del último siglo, el autor

de boleros que enlazaron amores de muchas generaciones y rincones del mundo, como Esta tarde vi

llover, ostenta una vitalidad sorprendente: con 60 años de carrera en sus hombros, Manzanero se

bajó el martes del avión que lo llevó desde París hasta su nación, allí se alistó para cantar el

miércoles en el Zócalo de la ciudad junto con Paulina Rubio y Aleks Syntek para los festejos del

bicentenario mexicano, y ahora se halla cruzando el planeta hasta nuestro hemisferio para emprender

una gira única con su amigo argentino Alejandro Lerner.

"A dos pianos", tal el nombre de la esperada propuesta, pasará por lugares como Córdoba,

Rosario, Paraguay, para concluir en el mítico Luna Park. Pero antes, este martes, sí, el Día de la

Primavera, sí, el Día del Estudiante, sí, pasado mañana, los tendremos aquí, en el Bustelo, como

artistas exclusivos de radio Nihuil.

Simpático y amable, el maestro de maestros Armando Manzanero, cantante, pianista, compositor

y arreglador, concedió a Escenario una entrevista al respecto de su encuentro con Lerner, su

llegada a Mendoza, la gira, los shows, una particular autodefinición de su persona y su prolífico y

exitoso trabajo reconocido mundialmente.

–¿Está ansioso por comenzar esta gira?

–Sí. Es de lo más esperado que hemos tenido los dos. Hace mucho tiempo que lo venimos

fraguando y por fin se nos pudo dar.

–¿Cómo surgió la idea de tocar juntos y unirse a dos pianos?

–Surgió porque todo lo que hacemos es muy afín, nuestra producción, nuestra manera de sentir

y nuestra manera de ser. Y para poder plantarse en un escenario, dos personas tienen que tener

antes que nada una gran amistad y una mutua admiración. Yo a Alejandro lo admiro mucho desde hace

muchos años. Así es más fácil poder compaginar todo en un espectáculo.

–Con Lerner son amigos desde hace 20 años, ¿por qué tardó tanto en darse este encuentro?

–Habíamos tocado juntos en distintas oportunidades, pero de manera ocasional, yo como

invitado de él o él como invitado mío. Pero una gira juntos como ésta es la primera vez que lo

hacemos, y estoy seguro de que no va a ser la única.

–¿Qué es lo que le atrae de la música de Lerner?

–Lo admiro por su obra tan bonita, tan normal, sin estar llena de rebuscamientos ni cosas, ni

tratando de caer en un truco social o mentiroso. Es la obra más transparente y limpia que pueda

haber dentro del romanticismo.

–¿Y cómo define su propia música?

–El caso mío es más sencillo. Soy un trovador, un cantor vagabundo, callejero, que logra

meterse en el corazón de la gente que tiene ganas de decirle algo a la pareja que ama. Esa es la

definición mía, sencilla y fácil.

–¿De qué vamos a disfrutar en esta reunión de dos potencias de la canción de amor

latinoamericana?

–Mire, de las canciones de Alejandro y las canciones mías. Lo conocido de Alejandro, lo

conocido mío. Igualmente, Alejandro irá a decir algo nuevo y yo voy a decir algo de lo más reciente

que tengo. Y vamos a decir cosas a dos pianos. Él me va a acompañar y yo lo voy a acompañar a él.

Hay que tomarlo como un coloquio musical. No es ese espectáculo que tenga luces, humo y esas cosas.

Es la cosa más normal del mundo, un show para escuchar.

–Y que toca de cerca a muchas generaciones...

–Sí, lo único que puedo decir es que los que vayan a escucharnos o a vernos, como lo quieran

tomar, la van a pasar muy bien.

–Tiene como 400 canciones, ¿se acuerda de todas?

–Mire, creo que tengo muchas más, como el doble de eso. Pero no se asuste, aunque suene

escandaloso. Tengo 75 años y mi primera canción la escribí a los 15, por lo cual quiere decir que

hace 60 años que escribo. Y mi carrera ha sido ininterrumpida. Hace 50 años que vivo de cantar los

clásicos que yo tengo, y todo aumenta por lo que las nuevas generaciones me han grabado. Y me va

muy bien. Yo no rompo las fórmulas ni ando buscando cosas nuevas ni nada, porque me doy cuenta de

que más o menos soy como la Coca Cola: si ya tengo una fórmula que me funciona muy bien, pues sigo

sobre eso.

–¿Por qué cree que tantos intérpretes célebres y prestigiosos eligen su material para

cantar?

–Tengo muchos intérpretes porque las canciones mías logran meterse en todos lados. Y además

siempre tengo canciones nuevas. Por eso soy un señor muy agradecido respecto de todo lo que me ha

tocado.

–¿Hace mucho que no venía al país?

–El año pasado pasé Navidad en las Cataratas del Iguazú. No necesito que me llamen a trabajar

para ir a la Argentina, es un país del cual yo gusto mucho y disfruto de pasar mis días ahí.