En 1917, en una granja cerca de Estados Unidos, un niño de 3 años llamado William Pace jugaba con el revólver Colt del 32 que su hermano mayor, de 8 años, había encontrado en un cajón. El arma se disparó accidentalmente. La bala entró por la parte izquierda de la frente, atravesó el cráneo y quedó alojada en el lóbulo occipital derecho, justo detrás del cerebro.
El hombre que vivió con una bala en la cabeza por 94 años
Fue baleado accidentalmente pero su cerebro supo perfectamente cómo actuar
Todos pensaron que el pequeño baleado moriría en minutos. Sin embargo, no solo sobrevivió al impacto: vivió hasta los 97 años, casado, con hijos, nietos y bisnietos, trabajando como agricultor y mecánico, con esa misma bala viajando dentro de su cabeza durante 94 años y 3 meses.
El accidente ocurrió el 17 de junio de 1917. La bala penetró limpiamente, sin orificio de salida. El médico local, al ver la gravedad, aconsejó a los padres que simplemente lo mantuvieran cómodo: “No hay nada que hacer; morirá antes del amanecer”. Pero no murió.
El hombre fue baleado en un accidente doméstico.
El baleado que envejeció
William Pace cayó en coma durante varios días, despertó, vomitó sangre y, contra todo pronóstico, empezó a recuperarse. La herida se cerró sola. Nunca perdió el conocimiento por completo ni presentó signos de infección cerebral, algo casi imposible en una época sin antibióticos.
A los pocos meses el niño ya caminaba y hablaba con normalidad. Los médicos de Estados Unidos que lo examinaron años después quedaron asombrados: la bala, de plomo blando, se había encapsulado en tejido cicatricial y el cerebro, aún plástico a los 3 años, se había reorganizado alrededor del proyectil sin dañar centros vitales.
William Pace sufría dolores de cabeza intensos durante la juventud y epilepsia leve hasta los 20 años, pero ambos síntomas desaparecieron con el tiempo. Nunca tuvo parálisis, problemas de lenguaje ni déficits cognitivos graves. Solo un ojo izquierdo ligeramente desviado y una cicatriz en la frente recordaban el accidente.
El hombre vivió casi toda su vida con una bala en la cabeza.
Durante su vida, se convirtió en una curiosidad médica viviente. En 1948, a los 34 años, fue estudiado y las radiografías mostraban la bala perfectamente visible, desplazada apenas unos milímetros por el crecimiento del cráneo. Los neurólogos concluyeron que el proyectil había seguido una trayectoria milimétrica que evitó el tálamo, el tronco encefálico y las arterias principales. “Es el equivalente a ganar la lotería al revés y luego volver a ganarla al derecho”, escribió uno de los médicos en su informe.
El hombre baleado se casó, tuvo 4 hijos, crió ganado, reparó tractores y vivió una existencia rural tranquila. Rechazó varias veces que le extrajeran la bala. “Los doctores dicen que si la tocan me mato, así que mejor la dejo donde está”, explicaba con su característico humor.
William Pace falleció el 14 de septiembre de 2011, a los 97 años, en una residencia de ancianos. La causa oficial de muerte fue insuficiencia cardíaca congestiva, sin relación alguna con la bala. En su certificado de defunción figura: “herida de bala craneal antigua, 1917, sin contribución al fallecimiento”. En el funeral, sus nietos colocaron sobre el ataúd una réplica en bronce del revólver Colt que casi lo mató 94 años antes.






