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Lo dijo George Orwell hace unos cuantos años: "Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques". Eso lo tenía muy claro José Luis Cabezas, de cuya muerte ya han pasado 20 años.

Un hecho bisagra

La tarea de un fotógrafo es escribir con luz una historia. El reportero gráfico ilumina un momento determinado para que el espectador pueda comprender un poco mejor la realidad.

Eso lo tenía muy claro cuando fotografió, hace 20 años, a Alfredo Yabrán, un empresario que había tenido un fuerte crecimiento económico durante el gobierno de Carlos Menem, pero que intentaba permanecer en las sombras, que era donde mejor se movía.

"Para mí, que me saquen una foto es como pegarme un tiro en la cabeza", había dicho Yabrán para intimidar a los reporteros.

Cabezas no sólo era un muy buen fotógrafo, sino que además poseía una virtud que no suele abundar: tenía coraje. Era valiente e inquieto.

Yabrán era un personaje público, que se negaba a salir a la luz porque sabía que parte de su poder era dudoso.

El fotógrafo sabía -y lo recordó ayer Héctor D'Amico en La Nación- que "periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques".

Con paciencia, Cabezas esperó el momento y fotografió a Yabrán caminando por una playa de Pinamar. El empresario huidizo terminó siendo tapa de la revista Noticias.

Lo que sobrevino fue uno de los momentos más negros de la etapa democrática, reconquistada en 1983.

Yabrán manejaba hilos políticos y tenía lazos con estamentos de lo que después se llamó la "maldita policía Bonaerense".

Yabrán lanzó una cacería contra Cabezas. Había que darle un escarmiento al periodismo. Nadie podía desconocer una orden suya.

Un grupo de policías, en colaboración con una banda de delincuentes comunes, recibió la orden de acorralar a Cabezas y eliminarlo.

Lo secuestraron, lo asesinaron de dos tiros y prendieron fuego el auto donde el fotógrafo yacía.

Cuatro meses después, el acorralado fue el propio Yabrán, pero por la Justicia. Herido en su ego, decidió que nadie iba a decidir sobre su negra suerte y se mató.

Han pasado 20 años. Fue un hecho bisagra que logró un milagro: generó memoria.

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