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El Gobierno nacional cometió el sábado una increíble falla comunicacional al haberle asegurado a la población que habían detenido a los 3 prófugos.

Peligrosa ingenuidad política

El Gobierno nacional cometió el sábado una increíble falla comunicacional al haberle asegurado a la población que, además del evadido Martín , también habían sido detenidos los otros dos fugados de un penal bonaerense, es decir, el hermano de éste, Cristina Lanatta, y Víctor Schillaci, todos condenados a cadena perpetua por el triple crimen de la efedrina.

Hasta el propio presidente de la Nación, Mauricio Macri, fue engañado y terminó metido en un papelón tras haber lanzado un Twitter a las 14.39 del sábado en el que felicitaba a las fuerzas de seguridad por el trabajo en conjunto.

Poco después de las 12 del sábado, Crónica TV lanzó la supuesta primicia de que además de Martín había caído el otro Lanatta, e inmediatamente hizo lo propio con Schillaci.

Todos los canales se sumaron a esa información previo chequear en el Gobierno la veracidad de las detenciones. Exultante, a las 12.57, la vicepresidenta argentina, Gabriela Michetti, daba cuenta al país de las detenciones y decía "sentirse admirada" por la captura.

A las 14.52 se sumó en Twitter la gober-nadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, quien atribuía las detenciones al trabajo mancomunado entre su administración y la gobernación de Santa Fe.

Durante más 5 horas los argentinos respiraron aliviados por este buen desenlace.

Quienes se fueron a dormir la siesta o a pasear no podían creer lo que vieron en los televisores cuando después de las 18 las pantallas comenzaron a plagarse de dudas hasta que se confirmó que Cristian Lanatta y Schillaci seguían fugados.

Cerca de las 20, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, desencajada, salió a dar la cara y reveló que les plantaron pistas falsas para liberar la zona de efectivos de seguridad y así permitir que se escaparan los dos fugados supuestamente detenidos.

Sobrevinieron, después, mutuas acusaciones entre la Nación y Santa Fe, entre la Nación y la Justicia e incluso entre voceros de las propias fuerzas de seguridad.

Lo concreto es que hubo impericia, ingenuidad y falta de rigurosidad.

Todos esos son pecados capitales en la política. Y cometerlos todos juntos suena a sonoro y preocupante tropezón.

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