Editorial Jueves, 25 de octubre de 2018

Mucho cotillón, poco debate

Las salas de sesiones del Congreso nacional suelen devenir un ámbito circense, ajeno al debate serio.

Los recintos de sesiones de la Cámara de Diputados y de la Cámara de Senadores en el Congreso nacional se convierten cada vez con más frecuencia en una especie de territorio circense.

Cartelería, afiches, souvenirs, gigantografías para amar instalaciones, performers, puestas en escena, toda una gama de cotillón que suele acompañar lo que debería ser una sesión de representantes del pueblo.

Estamos hablando de un encuentro político -en el mejor sentido de la palabra- donde lo que debería brillar son las argumentaciones de los diputados y senadores, y no la parafernalia decorativa que es utilizada para la chicana, la descalificación, para denostar al contrario.

Buena parte de los elegidos por el voto popular se dejan ganar por el show y no precisamente para el debate serio.

El miércoles, por ejemplo, la diputada Victoria Donda fue una de las que hizo más aspavientos al ingresar al recinto de Diputados con una gigantografía de la titular del Fondo Monetario Internacional (FMI),Christine Lagarde, con una banda argentina sobre su pecho como si fuera la presidenta de la Nación.

¿Es necesario acudir al circo para mostrar que, en opinión de Victoria Donda, el proyecto de presupuesto para 2019 ha sido dictado por el FMI?

Todo esto demuestra que estamos demasiado mediatizados, embriagados por lo que pasa en los medios, en lo que Vargas Llosa llamó "la sociedad del espectáculo" y, claro, en las redes sociales.

Ayer, cuando la violencia de grupos minoritarios volvía a arder en las inmediaciones del Congreso nacional -con toda la intención de hacer fracasar la sesión que ya había sido consensuada en las reuniones de comisión- una diputada kirchnerista exigía que frenaran la sesión porque en la calle había personas muertas por la represión.

En la calle, lo que había -otra vez- eran activistas tirando a mansalva con morteros sobre la policía y militantes que destrozaban el embaldosado y los bancos de Plaza de Mayo para tirar proyectiles contra los uniformados que estaban allí para proteger el Congreso, una de las casas del pueblo.

A veces la conexión de los diputados y senadores con sus representados parece ser inexistente. Todo parece estar ganado por el grito destemplado y el accionar aparatoso de lo efímero.

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