El juez entrerriano Carlos Alfredo Rossi, quien le otorgó el 1 de julio del año pasado la libertad condicional a Sebastián José Luis Wagner (preso por dos violaciones), quien ahora es el principal sospechoso de matar a la joven entrerriana Micaela García, se deprimió cuando cayó en la cuenta de que tenía el país en su contra.
Y solicitó una licencia médica por 20 días a fin de no tener que enfrentar la realidad.
Es que no debe ser fácil recibir la condena social de buena parte de los argentinos, desde el presidente Macri hasta los ciudadanos de a pie, máxime en un ámbito como el judicial, donde los jueces están acostumbrados a no tener que dar explicaciones a nadie por sus decisiones.
En su fallo Rossi desoyó dictámenes desfavorables del Equipo Técnico Criminológico y del Consejo Correccional de la Unidad Penal N°9, donde estaba alojado Wagner. También tenía dictamen negativo del Equipo Interdisciplinario del Juzgado de Ejecución de Penas, o su propio equipo de trabajo.
De manera puntual, el presidente Mauricio Macri consideró que "el sistema se equivocó o el juez Rossi no entendió la dimensión de su tarea. Pero este tipo de jueces no los podemos tener. No podemos tener un juez que cree que en la vida es opinable lo que uno puede hacer. Uno tiene que estar seguro de las decisiones que toma".
El ministro de Justicia de la Nación, Germán Garavano, siguió esa misma línea y solicitó la destitución de Rossi, al igual que numerosos dirigentes políticos y diversas asociaciones civiles que plantearon la necesidad de impulsar un proceso de juicio político para removerlo del cargo.
En los diputados provinciales del FPV presentaron el pedido para iniciar el proceso de destitución, por las causales de falta de idoneidad para el cargo y mal desempeño en su función de juez.
Los vienen alterando de tal manera la epidermis social que la sociedad ha salido a generar anticuerpos para poder frenar esa ola de asesinatos de mujeres.
Los varones violentos acrecientan sus acciones porque ahora saben que ya no hay guaridas para ellos. Antes la violencia se sofocaba, incluso dentro de la misma institución familiar, con lo cual se terminaba apañando sus actitudes bestiales.
