"La Argentina va a crecer después de más de cinco años", afirmó Mauricio ayer en China, donde sabe que se está jugando cartas claves para "salvar" la economía argentina. Allá, lejos de las internas en un año de elección de medio mandato, y de las heridas que dejó dentro de la alianza gobernante la atemporal estrategia de la "reconciliación" que incluía el derrotado 2x1; allá lejos en Pekín el mandatario argentino apuesta a uno de los mercados que más han crecido en las últimas décadas y al inversor por excelencia con que cuentan los países emergentes.
La actividad agropecuaria y la construcción son las únicas ramas del complejo manufacturero que no se desmoronan en el país, alerta un consultora de la que varios ministros esperan sus informes. Explican que el desfasado tipo de cambio, la inflación y la mayor apertura comercial además de afectar las exportaciones impiden la competencia interna frente al ingreso de productos importados, y ponen como ejemplo el caso de las automotrices locales, las que fabrican cada vez menos vehículos más allá de que crezca el consumo interno.
Varios integrantes del gabinete se dedicaron ayer a firmar nuevos convenios, ratificar y rectificar antiguos con la idea de que la gira del Presidente logre su cometido más inmediato: financiamiento, sobre todo para la construcción de infraestructura, entre ellas las represas hidroeléctricas en Santa Cruz y las centrales nucleares que habían negociado con China Julio De Vido y Cristina Kirchner.
También los acuerdos firmados buscan el incremento del comercio bilateral, potenciar el ingreso a China de soja, vinos, carnes, y algo fundamental para levantar la economía: impulsar la metalmecánica argentina.
Macri quien califica esta gira de "el viaje del año" -ya estuvo con el presidente de Emiratos Árabes Unidos y desde China viajará a Japón-, llegó a Pekín no sólo con la idea de ampliar lazos comerciales con los locales sino con los invitados del foro "Una franja y una ruta para la cooperación internacional", donde entre otros están el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin; el presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy; el primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras; la presidenta chilena, Michelle Bachelet; la directora gerenta del FMI, Christine Lagarde, y el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres.
Todos los caminos conducen a Pekín.