La sostenibilidad de los recursos ocupa un lugar prioritario en la agenda de la aldea global, desde esa mirada se busca hacer eficientes los gastos energéticos de cada una de las diferentes industrias del planeta, no sólo para no comprometer los recursos de las generaciones futuras, sino porque con esas acciones también se contribuye a la mitigación del impacto climático.

Generalmente la industria del transporte es la que surge como la mayor causante en gastos y emisiones, pero las estadísticas a nivel global muestran una realidad diferente: la industria de la construcción se sitúa en ambos casos por encima de ella.

Y las cifras son más que elocuentes: la Industria de la construcción es responsable del 36% del consumo energético global y del 39 % de las emisiones de carbono.

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La clave entonces, es generar acciones para hacer más sostenible la industria, pero es no podemos perder de vista que la vida diaria ocurre en edificaciones: necesitamos de hospitales y escuelas, comemos en restoranes y bares, vivimos en casas, nos alojamos en hoteles, vamos al cine, trabajamos en oficinas, circulamos por calles, etc., en palabras de Brian Edwards: La existencia y el alojamiento de la civilización contemporánea dependen de una construcción definitivamente insostenible para el planeta.

El propio análisis del consumo global de energía que tiene la industria de la construcción nos dirá qué elementos debemos abordar para disminuir esas cifras, ya que sólo un 17 % de esa energía es empleada en la construcción de los edificios, mientras que el 83 % restante, se gasta en su operación, principalmente en acondicionamiento térmico (frío/calor) e iluminación.

Desde este lugar debe surgir un nuevo camino en el diseño de edificios, priorizando un enfoque holístico de la arquitectura, que sea localmente contextuado y basado en elecciones de materiales, técnicas y procesos constructivos que contemplen etapas post-construcción como el uso u operación, inclusive el reciclado al final de su vida útil.

La industria necesita una nueva aproximación al diseño y a los procesos constructivos.

Resulta muy interesante disponer de resultados locales de este tipo de abordaje, los que se obtienen del estudio de los edificios de Bibliotecas Populares situadas en diferentes departamentos de Mendoza. La finalidad del proyecto es la eficiencia energética y la generación distribuida, lo que se plantea a partir de un diseño arquitectónico bioclimático con alimentación eléctrica solar fotovoltaica conectada a red, bajo el concepto de usuario generador. Se tomaron los edificios de: Malargüe, Tunuyán, Lujan y Guaymallén.

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El análisis de la etapa de uso de los edificios muestra comportamiento energético eficiente, que surge de la combinación adecuada de: una envolvente aislada, ventilación natural cruzada, correcta orientación e implantación en el sitio, para maximizar la insolación de los paneles fotovoltaicos. Estos cuentan con conexión de entrada salida a red pública. En resumen el proyecto se resuelve con el exitoso binomio: arquitectura bioclimática + fuentes renovables de energía.

Del estudio de la energía de demanda calculada / energía facturada por las prestatarias del servicio de energía eléctrica se obtienen los siguientes gráficos:

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Se representa con verde se la energía provista por el generador fotovoltaico y con rojo la energía tomada de la red eléctrica pública. Con sólo tres años de mediciones disponibles se observa que aún con situaciones climáticas de entorno dispersas. el ahorro energético en cada caso ha sido significativo,: el 40,82% para Malargüe; el 78,29% para Tunuyán; el 61,89% para Lujan y el 85,38 % para Guaymallén.

Si bien se encuentran en análisis otros factores que pueden contribuir en la disminución de los costos constructivos de este tipo de obra (tal como la integración de los paneles a la arquitectura) y la necesidad de capacitar a los usuarios de los edificios en la operación de los edificios, los resultados permiten demostrar con cifras que es el camino hacia una construcción sostenible.