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Colón estaba perdiendo la categoría en 2014, pero en el último segundo apareció la pierna del delantero que hoy juega en Alemania para forzar el desempate contra Atlético de Rafaela

A cuatro años del gol agónico de Lucas Alario

Después de 19 años consecutivos en Primera División, Colón descendía a la Primera B Nacional. Fue en 2014 y después pagar las consecuencias de los turbios manejos dirigenciales que lo dejaron a la deriva y en el umbral del abismo. No había dinero para entrenadores costosos, antes le habían quitado seis puntos por no pagar el pase de Juan Carlos Falcón a Atlante de México y encima lo sancionaron con no poder incorporar jugadores. El único que se sumó fue Ezequiel Videla, pero producto de otro factor.

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Entonces el por aquel entonces presidente, Eduardo Vega, se la jugó con Diego Osella, que sabía que debía encarar el gran desafío de su carrera, pese a que era prácticamente nuevito y con poco rodaje. Conformó un equipo sacapuntos y, pese a que arrancó perdiendo ante Racing como visitante, después haría un trabajo supremo colocando a un equipo plagado de pibes varias veces en la punta del campeonato. Tanto es así como fue el que más veces lideró la grilla, pero en el final no le dio la nafta y perdió la categoría.

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Pero la historia en este caso tiene que ver con la forma en que terminó todo, sumando 30 puntos y definiendo su plaza en la máxima categoría ante Atlético de Rafaela en un partido único en el Gigante de Arroyito. Con varios soldados menos y disminuido físicamente perdió y debió bajar a la segunda división.

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Así y todo, en el hinchas y los propios protagonistas aún perdura el último partido del campeonato, cuando le ganó a Olimpo por 2-1 para alcanzar esa última chance ante la Crema. Solo le servía ganar, pero el destino le deparó -como siempre- alambrar hasta el final.

Comenzó perdiendo con el gol de Matías Sarulity, después lo empató a a través de Darío Gandín, que la empujó tras errar un penal envuelto en lágrimas y, cuando se jugaba tiempo de descuento y con el arquero Germán Motoya para buscar la heroica, apareció la pierna milagrosa de Lucas Alario para generar el estallido en un repleto Brigadier López, que aún resuena por aquel grito de gol.

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Este 18 de mayo se cumplen cuatro años de aquel recuerdo, que no hizo otra cosa más que potenciar el sentimiento del hincha por los colores rojo y negro.

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UNO Santa Fe

FUENTE: borrar

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