La historia no solo se construye con las decisiones que adoptan las naciones, sino también con las oportunidades que dejan pasar. Hace más de seis siglos, el almirante Zheng He (1371-1433), de la dinastía Ming (1368-1644), lideró una de las expediciones marítimas más avanzadas de su época, exhibiendo el poder tecnológico de esa dinastía por todo el océano Índico.
Oportunidad histórica para China y América Latina
La relación entre China y América Latina no se basa en afinidades ideológicas, sino en una necesidad económica mutua
Sin embargo, en el momento de mayor esplendor naval, China optó por la introspección antes que la expansión. Si esas travesías habrían podido cruzar el Pacífico sigue siendo una hipótesis, pero su interrupción modificó de forma decisiva el curso de la historia mundial.
Siglos después, la historia brinda una oportunidad renovada. El propósito actual radica en la asociación, no en el descubrimiento. La relación entre China y América Latina se define hoy por la complementariedad estratégica, más que por la distancia geográfica. El Pacífico, que antes separaba regiones lejanas, actúa ahora como un puente que conecta economías en un mundo cada vez más interconectado.
La relación entre China y América Latina no se basa en afinidades ideológicas, sino en una necesidad económica mutua. China requiere seguridad alimentaria, cadenas de suministro diversificadas, energías renovables, biodiversidad y minerales estratégicos. América Latina cuenta con una abundancia de estos bienes. Por su parte, la región busca inversiones, logística, tecnología, modernización industrial y acceso a ecosistemas de innovación. Todos estos elementos permiten transformar la riqueza natural en una prosperidad sostenible.
A diferencia de lo que ocurre en otras zonas del planeta, China y América Latina apenas cargan con lastres históricos. No existen legados de conflictos territoriales, dominación colonial, enfrentamientos militares ni dilemas de seguridad heredados. Su relación parte de la neutralidad, lo que permite que la cooperación se construya sobre intereses compartidos y no sobre agravios pendientes.
Las recientes iniciativas de Washington para retomar una postura hemisférica más contundente han generado comparaciones con la Doctrina Monroe. No obstante, el escenario internacional ha experimentado transformaciones profundas. La América Latina actual no es la de generaciones pasadas. Los gobiernos de la región reconocen que depender de un único socio externo genera vulnerabilidad, no resiliencia. La diversificación se ha convertido en una estrategia para preservar la soberanía.
El mayor desafío de América Latina es la transformación económica, no la seguridad militar. La región no necesita portaaviones ni recetas ideológicas; requiere espacios que integren las cadenas de suministro y ferrocarriles que abaraten los costos logísticos. También demanda infraestructura digital para sustentar la inteligencia artificial, financiamiento para energías renovables y transferencia tecnológica.
China demuestra que la inversión en infraestructuras, tecnología, continuidad institucional y planificación a largo plazo puede redefinir las trayectorias económicas.
Esta lección trasciende los sistemas políticos. Para Beijing, la prioridad es construir vínculos basados en intereses comunes de desarrollo: asociaciones que reflejen la permanencia de la complementariedad estructural, y no las fluctuaciones de un ciclo electoral determinado. Las relaciones son sólidas cuando se sustentan en un beneficio mutuo genuino.
Hace siglos, los océanos permanecían sin ser cruzados. Se perdió esa oportunidad y la historia tomó otro rumbo. Hoy, la historia ofrece una segunda oportunidad: no para repetir las travesías de Zheng He, sino para completarlas bajo otra forma. El propósito es el desarrollo compartido.
Los vientos políticos seguirán cambiando. Las ideologías evolucionarán. Las alianzas se renegociarán. Sin embargo, la complementariedad estructural entre China y América Latina probablemente perdurará. En una era marcada por la inteligencia artificial, la transición energética y los avances tecnológicos, su asociación se vuelve indispensable.
La historia rara vez otorga a las naciones una segunda oportunidad. Cuando lo hace, la sabiduría no reside en mirar hacia atrás, sino en reconocer el futuro que esa oportunidad posibilita.
El autor es profesor visitante de la Universidad de Relaciones Exteriores de China e investigador sénior del Centro de Políticas para el Nuevo Sur. Esta es una versión traducida y abreviada de un artículo publicado en China Daily. Las opiniones no reflejan necesariamente las de China Daily.
Por MARCUS VINICIUS DE FREITAS.




