En una sofocante tarde de principios de junio, la plataforma de observación de Liziba, ubicada frente a la estación homónima de la Línea 2 del Transporte Ferroviario de Chongqing, se transformó en el escenario de un espectáculo poco habitual. Multitudes de turistas internacionales hacían fila con la boca abierta, no para probar la famosa gastronomía de la ciudad, sino para sacar la foto perfecta de un tren monorraíl que parece deslizarse dentro de sus bocas mientras atraviesa un edificio cercano de 19 pisos.
La estación Liziba de Chongqing, un destino imperdible para "comer"
La tendencia de fotos virales desata una ola de creatividad en las redes sociales
Apodada el “monorraíl que desaparece”, la tendencia de fotos virales desató una ola de creatividad en las redes sociales. En Chongqing, una ciudad del suroeste de China famosa por su picante hot pot y su paisaje urbano futurista, el monorraíl se convirtió en una atracción inesperada que ningún turista aventurero quiere perderse.
“El pollo Kung Pao puede estar bueno, pero también quiero ‘probar’ el monorraíl de Chongqing”, dijo el futbolista noruego Erling Haaland. Durante una reciente visita a la ciudad, Haaland compartió un video viral en el que aparece “devorando” en broma el icónico monorraíl. Reveló a los medios locales que un fan había colocado con entusiasmo el monorraíl de Liziba en el tope de la lista de “imperdibles para comer” de Chongqing.
Impulsado por plataformas como TikTok, Instagram y YouTube, el monorraíl de Liziba se convirtió en una estrella inesperada, un “plato” que todos quieren probar. Estas poses divertidas generaron un furor en las redes sociales y transformaron al monorraíl en un símbolo del espíritu vibrante y peculiar de Chongqing.
“Mi amigo pensó que era inteligencia artificial”, afirmó Yvonne Tsakiris, una mujer de 48 años de Dubái. Al enterarse del monorraíl gracias a un amigo, viajó a Chongqing para presenciar el fenómeno en persona.
Dinesh Francois Samasundara, de París, sintió una curiosidad similar después de toparse repetidamente durante meses con videos cortos en las redes sociales.
“Es una vista realmente inusual para mí”, explicó. “No estamos acostumbrados a ver este tipo de paisaje en París ni en la mayor parte de Europa”.
En una ciudad donde el paisaje urbano parece sacado de una película de ciencia ficción y la comida es tan picante como la pasión de sus habitantes, el monorraíl se convirtió en una atracción inesperada pero perfecta.
Por TAN YINGZI y DENG RUI.




