Cuando nos exponemos al sol (sobre todo el verano) siempre se aconseja que usemos protector solar y que lo reapliquemos al menos cada 2 horas.
Sin embargo, esto no ocurre y terminamos con la piel quemada o incluso "flechada". Una vez que esto sucedió, es importante saber cuáles son los pasos a seguir para brindarle a nuestro cuerpo, sobre todo a la piel, un cuidado correcto.
¿Cómo saber que nos hemos "flechado" o quemado la piel?
Cuando nos hemos "flechado" o quemado la piel con el sol, la misma se vuelve roja y se pone caliente. Este enrojecimiento se debe al aumento del flujo sanguíneo en la zona afectada para intentar reparar el daño.
Además, las partes del cuerpo quemadas se vuelven sensibles y doloridas. Este dolor puede aumentar, y varía en función de la quemadura. También puedes sentir que la piel se hincha. Esta inflamación suele ser una respuesta del cuerpo a los daños de las quemaduras.
En casos muy graves, pueden aparecer ampollas, y suelen tener un líquido que podría causar mucho dolor. Se aconseja no explotarlas, ya que podrían infectarse.
¿Qué hacer si nos hemos quemado mucho la piel?
En caso de haberte quemado la piel, se aconseja evitar el sol y darse duchas con agua fresca, ya que esto ayudará a calmar el dolor, la irritación, etc. Evita los baños con agua caliente.
Lo mejor es utilizar paños fríos y húmedos, los cuales pueden apoyarse sobre las quemaduras solares durante 10-15 minutos seguidos. Esto podría ayudar a reducir el calor y el dolor. No se recomienda poner hielo sobre la piel directamente.
También se recomienda beber mucha agua para que el cuerpo se recupere. La piel dañada es más permeable al vapor de agua, que puede salir del cuerpo más fácilmente. Por último, hay que aplicar crema hidratante o un after sun para mantener la piel hidratada y evitar la descamación de la piel.





