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Con el terremoto en Japón y la amenaza del desastre nuclear se reavivaron los chistes con un sentido del humor cuestionable. Internet se convirtió en un vehículo de la risa ante la desgracia.
Catástrofes y humor negro

¿Por qué hay gente que sigue haciendo bromas con la amenaza nuclear o con cualquier desgracia de grandes proporciones?
El humor negro suele aflorar inmediatamente después de una catástrofe. Pero con las nuevas tecnologías, ahora llega a mucha más gente mucho más cerca del evento.
En Estados Unidos, el rapero 50 Cent y el comediante Gilbert Gottfried se han enfrentado a duras críticas después de hacer chistes en Twitter sobre la devastación causada por la ola gigante en Japón.
La estrella del hip hop salió al frente de su capacidad para ofender: "Algunos de mis tweets son ignorantes. Lo hago para provocar. Ódialo o quiérelo. Me da igual".
Gottfried –que ya había sido el centro de una controversia por bromear con el 11-S– no se puede permitir ser tan optimista después de haber sido despedido por la compañía de seguros que usaba su voz en los anuncios.
No son los primeros
Y tampoco son las primeras figuras públicas que se enfrentan a la censura generalizada, la lista es larga, y no sólo de humoristas profesionales.
Tras cualquier calamidad pública, las bromas ofensivas proliferan en los patios de colegio, oficinas, bares y, por supuesto, menajes de texto en celular y también en internet.
El sitio Sickpedia, que se enorgullece de contar con la mejor colección de humor negro, muestra docenas de ejemplos sobre Japón enviados por los usuarios.
El veterano humorista Barry Cryer dice que lleva mucho tiempo "fascinado" por el humor negro e insiste en que, aunque sean obra de niños o borrachos de bar, frivolizar los hechos trágicos es una estrategia comprensible para abordarlos.
Los profesionales de la medicina y los policías tienen fama de poseer un humor muy ácido. Y es que las bromas macabras siempre ayudan a asumir cosas que de otra forma serían muy dolorosas.
De hecho, Cryer recuerda que un joven que había perdido a su madre víctima de un cáncer le preguntó por chistes sobre esa enfermedad.
"Es una reacción natural, totalmente normal. La gente quiere reír también en tiempos trágicos", comenta.
"Lo que pasa ahora es que antes tenías que esperar hasta llegar al bar para oírlos, y no te llegaban al teléfono tan pronto el desastre ocurría".
¿Sociedad enferma?
Lo que le preocupa a la psicóloga Linda Papadopoulos es que la popularidad de este tipo de humor puede ser revelador de una cultura enferma que se desentiende del sufrimiento de los otros.
"Inusualmente para la comedia, no creo que esto sea cuestión de la oportunidad del momento. Lo importante son el contexto, el contenido y la intención. Puede ser cruel, puede ser reírse de las víctimas. Cualquiera puede hacerlo. Lo que necesitas es hablar con quienes están en medio del desastre. Estuve en Australia, recientemente y mi número sobre las inundaciones de Queensland fue bien, iba sobre ellos triunfando ante la adversidad, no sobre ellos sufriendo. Necesitamos la risa como liberación"
"Una de las razones por las que nos reímos ante la tragedia es que hace que la enormidad de los problemas sean más manejables", concede Papadopoulos.
"Pero vivimos en una sociedad en la que la tragedia se ha convertido en algo cotidiano de lo que reírse", se queja.
Cualquiera puede saber que el humor negro es bien anterior a internet. Ni más ni menos que Sigmund Freud ya trató el asunto en un ensayo de 1927.
En él, el padre del psicoanálisis defendió que era un mecanismo en el que el ego "insiste en que no puede ser afectado por los traumas del exterior".
Esa visión la coparte Oliver Double, experto en comedia de la Universidad de Kent (Reino Unido), quien considera que la sátira puede ser útil para manejar cuestiones ofensivas.
Pero el problema está en que con internet, es imposible distinguir la sátira bien intencionada del nihilismo barato.