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En el imaginario popular, decir que una botella proviene del Valle de Uco es sinónimo de hablar de un vino de calidad. La connotación positiva que tiene toda esa zona corresponde a un gran trabajo en conjunto, tanto como de sus viñedos como de comunicación. Pero al norte del valle se encuentra una de las primeras zonas vitivinícolas de la provincia, que lejos de perder presencia se planta sin miedos ante el crecimiento de Uco.

Luján de Cuyo cuenta con un total de 14 distritos con casi 5000 km2 de superficie. El departamento ostenta poseer la primera Denominación de Origen Controlada (DOC) del país, impulsada por Alberto Arizu (p) en 1989, y aprobada formalmente en 2005. El primer vino que salió al mercado con la DOC fue justamente de Luigi Bosca, en 1991, luego se unieron otras bodegas como Norton y Nieto Senetiner. En aquel entonces, Luján de Cuyo parecía imponerse por sobre el resto de los departamentos mendocinos a fuerza de prestigio y renombre.

Pero con el flamante milenio, la llegada de nuevos jugadores al plano vinícola cuyano pusieron en el mapa una zona que hasta entonces era prácticamente virgen en producción de vino: El Valle de Uco. En busca de vinos de altura, los departamentos de Tunuyán, Tupungato y San Carlos ganaron visibilidad y reputación de la mano de enólogos internacionales de la talla de Michel Rolland, Alberto Antonini y François Lurton, que decidieron instalar sus bodegas en el valle naciente.

La bandera de Agrelo

Con este surgimiento, Luján de Cuyo parecía empezar a perder el poderío casi absoluto que supo tener durante los años 90. Era momento de reinventarse, o ceder su lugar al Valle. Así nacieron las llamadas subregiones de Luján, se empezó a hablar específicamente de Agrelo, Vistalba, Perdriel y Las Compuertas, entre otros.

“Agrelo significa una de las principales zonas vitivinícolas descubiertas en los años 90, con un altísimo potencial para el Cabernet Sauvignon” “Agrelo significa una de las principales zonas vitivinícolas descubiertas en los años 90, con un altísimo potencial para el Cabernet Sauvignon”

Susana Balbo, Susana Balbo Wines

“Para mí Agrelo significa una de las principales zonas vitivinícolas descubiertas en los años 90, con un altísimo potencial para el Cabernet Sauvignon”, dice Susana Balbo al hablar sobre la región donde instaló la bodega que lleva su nombre. “Eso fue lo que me cautivó, dado que soy una fanática de la variedad –no sólo del Malbec–, sino que considero que el Cabernet en Argentina y, especialmente en Agrelo, tiene una muy buena expresión varietal”.

En los últimos 10 años, las bodegas de la zona –que hasta entonces hablaban sólo de Luján de Cuyo–, comenzaban a forjar el nombre de Agrelo y darle una impronta personalizada. Impulsada principalmente por el gran estudio que se realizó con sus suelos, comenzaron a justificar científicamente esta división de la subregión naciente. Además de Susana Balbo Wines, en la zona nos encontramos con bodegas de la talla de Séptima, Ruca Malen, Casarena Bodega y Viñedos, Viña Las Perdices y Catena Zapata, entre otras.

Andrés Vignoni fue el elegido por Paul Hobbs para trabajar en su bodega argentina: Viña Cobos, ubicada justo en el límite entre Perdriel y Agrelo. “Cuando arranqué a laburar –cuenta el joven enólogo– viniendo de zona este y habiendo probado vinos del Valle de Uco y Luján, lo que más me gustó de la región fue la elegancia y el volumen de boca que tenían los vinos. No podía creer que con ese volumen y ese grado de tanino los vinos fueran tan elegantes. Me enamoré de eso”.

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Para Andrés, Agrelo y Perdriel difieren mucho del resto de Luján de Cuyo. “En sus suelos encontramos una capa de arcilla y una estructura bastante compleja que le da un mayor volumen en boca, son vinos un poco más gordos”, afirma el enólogo y explica: “En el Valle de Uco los taninos son más masculinos, más robustos; los vinos tienen más acidez y son más verticales. En Agrelo, en cambio, son más redondos u horizontales, tienen mejor centro de boca. En la zona de Alto Agrelo, subiendo por la zona de Pulenta, ahí sí son más parecidos al Valle de Uco, ahí hay más piedra”.

“Son vinos casi universales, que a todo el mundo le gustan: Son extremadamente bebibles. Soy un enamorado del Cabernet Sauvignon de Perdriel y Agrelo”. “Son vinos casi universales, que a todo el mundo le gustan: Son extremadamente bebibles. Soy un enamorado del Cabernet Sauvignon de Perdriel y Agrelo”.

Andrés Vignoni, Viña Cobos.

Sobre estas disparidades de suelos entre Agrelo y el Valle de Uco, Susana Balbo remarca que la principal diferencia es la calidad de la tierra. “Los suelos de Agrelo son suelos arcillosos, profundos, muy pobres en materia orgánica y brindan vinos de una boca media más amplia y final un poco más corto. Mientras que los vinos del Valle de Uco, al ser los suelos más pedregosos, con más calcáreo, son vinos más afilados, más lineales y con una fruta mucho más fresca, menos madura que la que da el suelo de Agrelo, y con una acidez un poco más presente”, afirma Susana y remarca: “Yo diría que Agrelo da vinos más serios, más clásicos; mientras que los del Valle de Uco, con más florales y frutosos, y con una acidez un poco más vibrante”.

En el mismo sentido, Andrés sostiene que la zona otorga vinos muy ricos para tomar. “Son vinos casi universales, que a todo el mundo le gustan: Son extremadamente bebibles”. Y, al igual que Susana Balbo, su niño mimado es el Cabernet. “Soy un enamorado del Cabernet Sauvignon de Perdriel y Agrelo. Esa fineza y delicadeza que comunica una cepa, que normalmente en un clima andino suele ser vegetal, herbácea y agresiva. Los cabernet de acá pueden madurar bien sin ser sobremaduros y comunicar un perfil totalmente distinto al que alguien se está esperando, tanto en la nariz como en la boca”.

La otra orilla

Del otro lado del Río Mendoza, hay dos subregiones que también supieron ganarse su buen nombre a fuerza de grandes vinos y enólogos que apostaron por la zona. Más cerca de la ciudad de Luján se encuentra Vistalba, el lugar que eligió Carlos Pulenta para instalar su bodega personal hace más de 15 años justamente con el nombre del distrito.

“Después de muchos años de vinificar uvas de Las Compuertas, descubrí que lo que tenía era patrimonio histórico y que de a poco se iba perdiendo por el avance de la urbanización”. “Después de muchos años de vinificar uvas de Las Compuertas, descubrí que lo que tenía era patrimonio histórico y que de a poco se iba perdiendo por el avance de la urbanización”.

Héctor Durigutti, Proyecto Las Compuertas.

Muy cerca también, quien apostó por la zona fue Aurelio Montes, el bodeguero chileno que quería ampliar los horizontes de la reconocida Viña Montes. Luego de una larga búsqueda de viñedos por todo el mundo (desde Estados Unidos hasta Oceanía), decidió cruzar Los Andes y fundar Kaiken en tierras mendocinas, más precisamente en Vistalba.

Si bien la bodega cuenta con diferentes viñedos en Agrelo y el Valle de Uco, su reconocido vino ícono (Mai) proviene de sus viñedos en Vistalba, donde producen un malbec con uvas centenarias. Siguiendo camino a la cordillera, aparece Fabre Montmayou, considerada como una de las primeras bodegas boutique de la zona ideada por el francés Hervé Joyaux Fabre a principios de los 90.

Las Compuertas están abiertas

Pero si de franceses hablamos, es imposible no nombrar a Pierre Lurton, presidente de Château Cheval Blanc, quien apostó por Las Compuertas –a más de 1000 msnm– para fundar allí Cheval des Andes. Lurton cuenta que se enamoró de la región al encontrar plantas de más de 80 años, provenientes de uvas anteriores al ataque de filoxera que sufrieron los Malbec franceses en 1868. Además de nuestra cepa de bandera, en Cheval cuentan con todas variedades bien francesas: Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot y Petit Verdot, que se adaptaron de forma casi perfecta a la zona.

Otro de los grandes enamorados de Las Compuertas son los hermanos Durigutti. Héctor y Pablo trabajan en la región en dos importantes proyectos: Lamadrid y uno personal bautizado Proyecto Las Compuertas.

“Después de muchos años de vinificar uvas de Las Compuertas, descubrí que lo que tenía era patrimonio histórico y que de a poco se iba perdiendo por el avance de la urbanización”, cuenta Héctor Durigutti. El enólogo afirma que lo que los atrapó fueron los viñedos centenarios, irrigados por agua de la montaña en la primera toma de agua del Río Mendoza.

“Sentimos un fuerte compromiso por rescatar las tradiciones de esta vitivinicultura histórica y convertirnos en intérpretes de este terroir único” “Sentimos un fuerte compromiso por rescatar las tradiciones de esta vitivinicultura histórica y convertirnos en intérpretes de este terroir único”

Pablo Durigutti, Proyecto Las Compuertas.

“Estamos ubicados en un paraje extraordinario, con un enorme potencial y el desafío de cuidar este reducto histórico de viñas. Día a día seguimos estudiando estos suelos y descubriendo cómo interpretarlos en cada sector de la finca, con su herencia geológica y carga genética”, explica Héctor.

Proyecto Las Compuertas comenzó en 2007 con apenas cinco hectáreas de un antiguo viñedo de Malbec sobre el Callejón De la Reta. Desde entonces apostaron por ese trabajo de potenciar el patrimonio del lugar, pero no sólo de las uvas sino de familias enteras que trabajan en la zona desde hace años.

“Las Compuertas es un lugar con mucha historia y tradiciones que desde nuestra pasión por el vino valoramos y decidimos trabajar para que todo ese acervo cultural no se pierda. Es la región con el clima más frío de la zona, una importante diversidad de suelos y tradicionales métodos de trabajar la viñas centenarias”, cuenta Héctor Durigutti. Actualmente poseen 25 hectáreas que han bautizado Finca Victoria, un homenaje a la madre de los hermanos.

“Nos propusimos ser parte de Las Compuertas y dar vida a nuestro legado en esta región, en la que decidimos vivir y desarrollarnos junto a nuestras familias. Sentimos un fuerte compromiso por rescatar las tradiciones de esta vitivinicultura histórica y convertirnos en intérpretes de este terroir único”, describe Pablo Durigutti.

Ya sea desde Agrelo, Perdriel, Vistalba, Las Compuertas y hasta la misma Chacras de Coria, Luján de Cuyo sigue firme como desde hace 100 años. Sus vinos son fieles representantes de una región que muestra diferencias y similitudes. Pero, sobre todo, ofrece grandes vinos que merecen ser descorchados y alzar la copa bien alto por quienes trabajan día a día sus suelos. ¡Salud!

Fotos: Gentileza Casarena Bodega y Viñedos, Bodega Cruzat, Bodega Kaiken, Viña Las Perdices

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