En el mundo vitivinícola, ya sea en Argentina como en el exterior, suele hablarse de familias bodegueras y proyectos que pasan de generación en generación. Historias que comienzan con el abuelo (o el bisabuelo) fundador y el nieto que actualmente está al frente de la empresa. Pero son pocas los emprendimientos que comienzan con el camino inverso, donde es el padre quien se suma al proyecto del hijo.

Riccitelli Wines es la bodega que fundó Matías Riccitelli en 2009. En ella trabaja junto a su hermana Verónica y un brand ambassador muy especial: Jorge Riccitelli, su padre. “Hoy recorro diferentes lugares llevando los mejores vinos”, dice entre sonrisas y un orgullo que no disimula cuando explica su nuevo rol en el mundo vitivinícola.

Matías nació en Salta cuando Jorge trabajaba para la familia Etchart. Sus veranos fueron recorriendo viñedos y jugando con hijos de viñateros. Recién a los 13 años se fue a vivir a Mendoza cuando a su padre lo llamaron para trabajar en Bodega Norton, lugar con el que obtuvo su máximo premio: En 2012 fue nombrado como el mejor enólogo del mundo.

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Pero padre e hijo nunca habían trabajado juntos, por lo menos de modo formal. Matías inició su carrera enológica en Fabre Montmayou cuando tenía apenas 22, hace casi 20 años. Pero un día le dijo a Hervé Fabre que quería recorrer el mundo, conocer qué se estaba elaborando más allá de Argentina y partió hacia Australia, Austria, China, Estados Unidos y Nueva Zelanda, entre otros destinos vitivinícolas.

Matías suele afirmar que aquella peregrinación le abrió la cabeza para entender a la nueva generación: la suya. Así fue que comprendió que la gente de su edad no sólo compra vino, sino que también compra imagen.

“La etiqueta de Hey Malbec! no sé si se la critiqué como él dice, pero sí me había parecido muy chocante. Fue el primero en romper con todo y llamar la atención”, cuenta Jorge, y hoy aclara: “¡Menos mal que no me escuchó!”.

La idea de Matías con ese vino –y con ese nombre– era que la gente le diga directamente al mozo y casi a los gritos “Hey Malbec!”, tal como hace el súper héroe representado en la etiqueta.

…and father

“Me falta el respeto”, dijo Jorge entre carcajadas el pasado noviembre en Las Siete Maravillas que organiza Expo Di·Vino en la ciudad de Mar del Plata. En ese encuentro anual, diferentes enólogos presentan uno de sus vinos explicándole al público cómo fue su forma de elaborarlo, qué buscaban con esa botella y por qué lo eligieron.

Jorge fue el último expositor y llevó el único vino que elabora con Matías: Riccitelli and Father. “Lo que hace Matías es distinto a lo que hacía la historia; y en este vino también lo hace, donde primero nombra al hijo y después el padre, y eso llama la atención”.

Para Jorge esa etiqueta también es una forma divertida de “faltarle el respeto”: Si bien hace el chiste donde afirma que le dice “cabezón y cuadrado” con esa gran pirámide en lugar de cabeza, también sabe que es un lindo homenaje a su persona.

“La cabeza en forma de pirámide cuadrada tiene una explicación de lo que queremos comunicar, de lo que Matías quiso decir de mí: las pirámides forman parte de lo que son las culturas más importantes del mundo, lo máximo que podés aspirar del conocimiento”.

¿Cómo surgió la idea de hacer un vino juntos?

Él me dice un día: “Papá vamos a hacer un gran vino”, a lo cual yo le respondí que sí y que teníamos que hacer un gran Malbec.

Pero no hicieron un gran Malbec…

No, él me respondió: “Hagamos el gran Malbec porque yo sé que vos sabés hacer buen Malbec, pero yo le voy a poner sal y pimienta”. Y eso significaba que él le iba a sumar la otra variedad que está pegando fuerte en Argentina, que es el Cabernet Franc. Por eso es un corte con sólo 80% de Malbec. Y el Cabernet Franc es eso: la sal y la pimienta. Es la variedad que está sobresaliendo en estos momentos, es muy atractiva y acompaña muy bien al Malbec: son una buena pareja, como nosotros.

¿Cómo te sentís en este nuevo rol de embajador de marca?

Es lindo, es llevar los mejores vinos al mundo. Y no me salgo de lo que yo hago, que es la enología y, al mismo tiempo, estoy en contacto con la gente.

¿Es un “jefe” exigente?

Matías rompe las bolas todo el día (ríe), pero es lo que hay que hacer: él es el alma del equipo. Igual creo que exigentes somos los dos, porque los dos queremos cosas de calidad. Y eso te ayuda a crecer y a seguir aprendiendo.

¿Qué es lo que más cambió y tuviste que volver a aprender en estos años?

Ha cambiado la forma de comunicar y hay que aprenderla. Ya no son los discursos del alcohol, de madurez, de barricas… ahora hay que hablar de la gente, del espíritu del vino y a lo que uno quiere llegar.

¿Y a dónde quieren llegar?

Con Riccitelli queremos llegar a la gente que quiera apreciar un buen vino, nosotros apuntamos a la calidad. Que sea un parámetro de calidad que la gente aprecie, porque en cada botella está nuestro apellido y un enólogo, que es Matías.

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¿Los vinos actuales tienen una mayor calidad que los de antes?

Antes estábamos apuntados a otro tipo de vinos, más masivos y para llegar a la mayor cantidad de gente. Nosotros hacíamos la mayor cantidad de vino de buena calidad, pero a un público más masivo. Con Mati estamos llegando a un público muy selecto; pequeñas cantidades de pequeños lugares.

¿Y eso es lo que hay que comunicar?

El detalle es la nueva forma de comunicar, y él tiene mucha gente que lo sigue: Matías tiene clarísima la forma de comunicar. Por ejemplo, se están resucitando a los vinos blancos y están apareciendo cosas muy importantes. Él tiene un Sauvignon Blanc de Las Carreras y un Semillon del Alto Valle de Río Negro que decidió salir a buscar. Las cosas no las encontrás si no las buscás, y por eso hablamos de la búsqueda permanente.

¿Creés que Matías tuvo un camino más fácil que otros?

Sí, creo que a él le fue más fácil el camino por una razón muy importante: no tuvo que aprender a amar el vino, lo conoce desde chiquito.

Padre e hijo respiran y viven vino. Matías se crió entre viñedos y Jorge trabajó toda su vida en la viña y la bodega. Hoy es el hijo quien lleva adelante el primer proyecto familiar, y es el padre quien lo acompaña comunicando la marca que lleva el apellido Riccitelli.

“Con Matías hablamos todo el tiempo, no sólo cuando elaboramos: nosotros vivimos de esto. Estamos todo el tiempo en el tema vino, no hace falta preguntarnos nada: de esto charlamos y compartimos todo”. Riccitelli Wines –y Riccitelli and Father– es justamente eso: un ejemplo de un hijo que supo forjar su propio camino, sin olvidarse nunca de sus orígenes y de “su terroir” familiar. Porque como dice otra de sus líneas de vino: The apple doesn´t fall far from the tree.

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