Ha concluido la sesión y a la reina se la ha visto imponente. El cafetero de la plaza sirve una ronda de café y tortitas para todos que es un elixir a esta hora, cuando recién despunta el día. Pero ella, Griselda Belén Gualpa, soberana de su Las Heras, pide incluir en la ronda al hombre que ha pasado la noche, todas las noches, en uno de los bancos. Y con ese gesto acaba de darle sentido a todo. Reina, como reina.
“Me gusta que se muestre una reina empoderada. Que no sea solo la reina de la Vendimia, bonita. Que sea una persona con proyectos, con metas y que represente cabalmente a todo un pueblo”, dice, desde sus 22 años. Desde su vida común “con mi madre y mi hermano, los tres solitos”.
“Es una chica muy humilde, muy buena, muy tierna. Entendió muy bien el concepto de mostrarse desafiante, una líder poderosa. Es buena modelo y es muy linda, con una tez oscura y ojos verdes que la hacen parecer salida de una película”, dice el fotógrafo Martín Orozco, que también destaca la atención que le puso a la sesión la municipalidad anfitriona: “Tuvimos la custodia de preventores, nos trajeron frutos secos y fue muy divertido trabajar con ellos”.
La reina se crió en El Plumerillo, uno de los sitios más emblemáticos de la historia mendocina. “Pasé mi infancia allí, hasta los 12 años. Iba muy seguido al Campo Histórico, que era sitio de reunión de todas las familias, donde se juntaban a tomar mate y a conversar. Después mi abuelo enfermó de cáncer y nos tuvimos que mudar a la ciudad de Las Heras”.
Ahora estudia Enfermería y vive con su madre Isabel y su hermano, José.
Dice que en la sesión para Reinas como reinas la pasó "re bien. No imaginaba un proyecto, de tal magnitud, donde queda en evidencia que la fotografía es un arte”.
Orozco dice que “hubo gente mirando la sesión, que fue muy divertida. Fue muy agradable concluir el trabajo de esa mañana, compartiendo todos café y tortitas en la plaza”.
Griselda, la soberana, demostró que tiene un plus: mira a su alrededor, a todos.

