“Disfruto mucho subir la una montaña y sentarme junto a un arroyo y leer. Eso me apasiona, porque me conecta con todo”, dice. Candela Oriana Ávila, a punto de cumplir 20 años, es uspallatina hasta la médula y, por lo que cuenta, lo será siempre.
Reinas como Reinas
La reina de la Vendimia de Las Heras en este 2020, ya parece ser una mujer templada, madura. Posiblemente sea porque ya hace 2 años que, para estudiar, debió dejar su pueblo y mudarse sola a la ciudad de Mendoza, trabaja como empleada administrativa para sostenerse y ha definido su horizonte.
“Nací y me crié en Uspallata y siempre quiero volver a mi lugar. Creo que casi todos necesitamos volver a nuestras raíces. Mi disfrute más grande es regresar los domingos a casa y sentarme a comer el asadito que hace mi papá”, cuenta.
Irónicamente, por esa conexión profunda con su pueblo, es que se tuvo que ir. “Una de las necesidades más importantes que tiene Uspallata es la de una facultad, una sede universitaria. Porque allí, si no te vas, solo podes aspirar a ingresar al Ejercito. Para estudiar, te tenés que ir y eso produce un enorme sufrimiento por el desapego y dificultades para resolver lo económico”, dice la soberana.
Y ella se fue solo para volver, por eso se mudó a la capital para estudiar Comercio Internacional y Aduana. Y, a pesar de este período como reina que le toca vivir, Candela dice que “quiero recibirme este año y cumplir mis objetivos”.
Tiene claro que allí quiere vivir allí siempre, en ese pueblo que tiene algo más de 5.600 habitantes, según el censo 2010. “Ahí quiero criar a mis hijos. Allí se puede tener una buena infancia. Allí podés estar jugando en la calle a las 2 de la madrugada. Allí sabés que vas a estar bien, que te van a saludar los vecino… es la que quiero para mis hijos”.
Esa tranquilidad está impregnada en Candela y quizás por eso también sea una buena lectora. “Me gusta leer de todo, desde novelas a historia” y sostiene que especialmente ha leído mucho de historia mendocina, porque “hay que saber donde vivís, porque te hace entender la actualidad y el por qué de las cosas y podes hablar con fundamentos”.
Es hija única. Su padre trabaja en un hotel y alquila cabañas y su madre es encargada en una panadería, en ese Uspallata al que Camila define como “una burbuja”, posiblemente por el efecto protector que genera el pueblo.
Dice que está disfrutando ser reina vendimial. “Es una experiencia increíble para mí que no muchos pueden vivir y quiero aprovecharla”.
Dice que la sesión de fotos para Reina como reinas “fue increíble, me sentó muy cómoda. Fue muy divertida, profesional pero descontracturada. Me encantó el resultado, logramos imágenes increíbles. Hicimos el trabajo en un camino en Villavicencio, entre montañas y con un paisaje increíble”.