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Victoria Colovatti y Romina Méndez, Reina y Virreina Nacional, se fundieron en un abrazo con sus seres queridos.

Un reencuentro familiar lleno de emoción y orgullo

Por UNO

Las vieron crecer, jugar, estudiar y prepararse para ser reinas, porque ellas, Victoria y Romina, sí querían ser reinas desde muy pequeñas. Sus familias estuvieron en todo el camino hacia la transformación en las nuevas Reina y Virreina Nacional de la Vendimia 2017, plenas, felices, hermosas.
Ayer, cuando ya habían cumplido con sus primeros compromisos como soberanas, cuando ya estaban en ojotas y deseosas de almorzar porque el trajín había ofrecido una pequeña pausa, se reencontraron con sus familias. Los abrazos, las lágrimas mezcladas con el orgullo de ser parte de esta historia mendocina, se repitieron junto con la alegría del reencuentro y la necesidad imperiosa de contar todas las anécdotas de su coronación.

Romina
Los primeros en llegar fueron los Méndez Páttaro, su mamá Mariela, sus abuelos Carlos y Estela, y por supuesto, no podía faltar, su novio, Diego, quién le regaló un dulce osito de peluche, junto con un beso, y confesó estar un poco celoso, pero muy orgulloso.
Sin duda alguna que el abuelo Carlos fue el más emocionado, no podía hablar del nudo en la garganta que le surgió al verla con la banda de Virreina 2017. La mamá y la abuela, se ocuparon de contar cómo era Romina de niña: machona, jugaba a las bolitas, a la pelota junto con sus tíos, pero siempre con la idea clara de ser reina. Muy compañera de Mariela, trabajó junto con ella y pronto aprendió manejar la caja del negocio desde los 13 años. Hasta hace poco, hacía sorrentinos caseros los fines de semana para obtener algún dinero para darse algún gusto, por que es muy coqueta.
Hija única, es la estrella de la familia porque, como dice su mamá "tiene una luz especial" que conquista a todos.
Una media hora después, y mientras las soberanas almorzaban en el hotel Intercontinental, donde estarán hasta hoy, entraron los Colovatti al hall central. Se nota que son ellos, por los rasgos físicos y porque no paran de sonreír.

Victoria
Inmediatamente, sus papás, Fernanda y Flavio, un recordado miembro del plantel de fútbol del Cruzado, de Maipú, se disponen a charlar, con la misma predisposición que lo hace su hija Victoria.
En ese instante, sus hermanos, Bautista y Julián, notan que la Reina ha salido a su encuentro y son los primeros en abrazarla.
Y el rito vuelve: las lágrimas y los abrazos amorosos se cruzan muchas veces para cubrirla. Ella agradece sin palabras, pero extendiendo el contacto con sus seres queridos.
Fernanda y Flavio dicen que Victoria siempre toma con mucha responsabilidad lo que emprende, que es muy estudiosa, tranquila y que en realidad no se decidía a presentarse. Así, el último día antes del cierre de las inscripciones, decidió darle lugar al sueño compartido con su familia de ir por el cetro nacional.
Lo único que sufrió es no poder dormir, explica Fernanda, y es que ella duerme mucho, como 10 horas, dice su papá.
Su hermano Julián la define como "la mejor hermana, consejera, escucha, confidente", mientras Bautista está ansioso por presumir que su hermana es la nueva Reina, porque no fue la colegio debido al acontecimiento que los tuvo muy ocupados a sus papás. Pero dijo "estoy feliz porque se ganó el auto y porque cumplió su sueño".

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Maximiliano Ríos/Diario UNO
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