La derrota de Unión sobre la hora ante Vélez marcó un antes y un después en la vida de Juan Pablo Pumpido, ya que en el vestuario del estadio José Amalfitani y, luego de charlarlo a fondo con sus colaboradores, tomó la decisión más difícil: renunció. Quizás para muchos sea inesperados, pero para otros no tanto, ya que el equipo en este 2017 mostró muy poco en comparación al que terminó el año pasado, incluso estando en zona de Copa Sudamericana.
Yendo un poco más a fondo, los números en este año no le son tan positivos: en siete partidos, ganó solo uno, empató dos y perdió cuatro. Mirando todavía más allá, en total fueron 13 los encuentros que dirigió, con cuatro empates, misma cantidad de victorias y cinco caídas. Pero para darle más forma, desde los porcentajes, en 2016 sacó 11 de 18 puntos posibles (61%) y, en 2017, 5 de 21 (23%).
Muchas veces las estadísticas son frías y no resuelven nada, pero está claro que lo realizado en este comienzo de año no ayudó para que el DT se mantenga firme en el cargo. No solo por las derrotas sino por las formas. Eso fue quizás lo que lo terminó de derrumbar y, si se hila más finito, era algo que se veía venir.
El efecto Clásico fue otro de los condicionantes, ya que a partir de allí el Rojiblanco nunca pudo encontrar estabilidad, todo lo contrario, fue un mazazo que dejó secuelas importantes un plantel acostumbrado a sacar buenos resultados.
La demora en salir de los vestuarios fue casi elocuente y fue cuestión de que el mismo Pumpido, visiblemente compungido, declare abiertamente que dejaba el cargo. El dolor y la pena de no haber podido progresar en el club de sus amores y, encima, dentro de tres semana, se viene el segundo Clásico, en el estadio Brigadier López. Situaciones propias del fútbol argentino.


