Vivimos en sociedades progresivamente más plurales, complejas y dinámicas. En este marco de cambios constantes, el vínculo de representación que une a las y los dirigentes políticos con la ciudadanía está atravesando procesos de mutación que se manifiestan en una sensación de crisis, distanciamiento, descreimiento y frustración. Esto resulta en una progresiva desafección política por parte de la ciudadanía que, en tiempos de redes sociales y posverdad, se agrava por nuevas formas de desinformación que corroen la deliberación pública.
Estos fenómenos suponen un doble desafío para la universidad pública. Por un lado, nos exigen reflexionar críticamente para construir conocimiento respecto del destino de nuestra democracia, los modos en los que esta se está degradando y las vías para su revitalización. Por otro lado, nos interpela a profundizar nuestro compromiso democrático, tanto en nuestra tarea institucional como en la docencia, la investigación y la extensión.



