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¿Cómo diferencio el hambre real, del hambre emocional?

Editado por Barbarita Vila

Domingo. Película, sillón, helado. Película, sillón, facturas. Película, sillón, mates -con tortitas obvio- y así sucesivamente lo que resta del día. ¿Te suena esta rutina?

Y sí! ¿A quién no le pasó de estar en un día de reposo total y absoluto, sin preocupaciones y no poder combatir el “hambre” con nada de TODO lo que comemos?

Es de suma importancia aprender a distinguir si esas ganas de comer se producen porque realmente tenemos hambre -hambre fisiológico- o si en realidad caímos en manos de nuestro peor enemigo a la hora de llevar una alimentación saludable y balanceada: el hambre emocional -hambre psicológico.

El hambre fisiológico es aquel que aparece gradualmente, dando pequeñas señales de que el cuerpo necesita que lo proveamos del combustible para funcionar correctamente. Es también denominado hambre estomacal y se manifiesta a través de la sensación de sentir el estómago vacío o cuando literalmente decimos que “nos suenan las tripas”.

En cambio, el hambre psicológico aparece de repente por sorpresa, sin que nadie lo llame! Las causas pueden ser múltiples: aburrimiento, angustia, alegría, ansiedad, estrés, enojo, etc. Lamentablemente cuando se presenta lo hace para boicotear todo el esfuerzo que venimos haciendo en la semana y en la mayoría de los casos busca saciar su ira con un alimento específico, y no es precisamente una zanahoria o un rabanito. Sino alimentos altos en calorías y azúcares, mayormente conocidos como antojos.

Ahora que ya sabés distinguirlos, te vamos a dar una serie de estrategias para aprender a controlar esa ansiedad y que no se salga con la suya!

Identificación: cuando quieras comer algo, lo primero que debes hacer es identificar la raíz del hambre. ¿Es real o es sólo porque estoy aburrida, triste, alegre o ansiosa?


Distraete: una vez que lo identificaste, HUÍ! Andate de ese lugar donde estás y salí a pasear el perro, a visitar a un familiar o a una amiga, o por qué no…pintate las uñas!!! Ahí si que vas a verte obligada a esperar para meter la mano donde no debes.


Ingerí proteína y fibra: la proteína genera sensación de saciedad al igual que la fibra. Ayudan a controlar el hambre y aceleran el metabolismo.
Alimentos proteicos puede ser un omelette (clara de huevo), una pechuga de pollo, atún al agua, etc.


Alimentos con fibra: semillas de chía, lino, avena, salvado de avena, vegetales crudos (preferentemente verdes), manzana con cáscara, etc.
Consumí grasas: alto ahí! No piensen que me volví loca! Siempre que hablemos de consumir grasas nos estamos refiriendo a grasas saludables. Este tipo de grasas son las que necesita el organismo para su correcto funcionamiento y entre otras cosas ayudan a prevenir enfermedades cardiovasculares, controla triglicéridos y colesterol. Debemos consumirlas en forma moderada por su alto valor calórico y las encontramos en el aceite de oliva, la palta, semillas de chía, frutos secos, pescados, etc.

Tomá agua: muchas veces creemos que tenemos hambre cuando en realidad es sed. Debemos obligarnos a beber al menos 2.5 litros de agua diarios. Y cuando digo agua, no me refiero a bebidas light sin azúcar, ni a mate, ni a té. ¿O acaso usted se lava las manos con café? Haga de cuenta que su cuerpo son sus manos. El agua, además de controlar el apetito, sirve para eliminar toxinas.

Comé ordenadamente: es IMPORTANTISIMO darle al cuerpo alimentos cada 2 o 3 horas a lo largo del día. Esto te ayudará a controlar el apetito y mantener el metabolismo activo, quemando calorías en forma constante. De esta manera evitaremos el atracón con lo primero que encontremos en el camino.

Equipá tu cartera: para que el hambre no te agarre desprevenida, tratá de llevar siempre en tu cartera una fruta, frutos secos, o una barrita de cereal. Aprovechemos las mega carteras de circo que usamos las mujeres para meter ahí una cosita más!

Hacé ejercicio: si bien es cierto que hay personas que el hacer ejercicio les genera un hambre de locos, también debemos decir que aquellos que se ejercitan, tienen un mejor control del apetito. Estar en movimiento eleva las endorfinas que es la hormona del bienestar. Esto nos ayudará a vernos bien y tomar decisiones correctas en base a eso! Así es que ya sabes…

Cuando comemos a partir de alguna emoción lo que buscamos es sentirnos mejor y llenar ese “vacío emocional” con comida. Lo que debemos pensar es que en realidad lo único que vamos a lograr luego de haber arrasado con la alacena, es un sentimiento de culpa y remordimiento con nosotros mismos.

Lo ideal es llevar una dieta equilibrada, hacer ejercicio frecuentemente y ser lo suficientemente flexibles para permitirnos esos “gustitos” de vez en cuando.

Siempre es bueno recurrir a un profesional para que nos ayude a controlar nuestras emociones y canalizarlas de otra manera, en lugar de desquitarnos con la comida y hacernos daño a nosotros mismos.

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