Las artes marciales orientales se hicieron famosas en Argentina gracias a la difusión que les dio el cine en la década de los `70. Pero luego, poco a poco fue apareciendo un arte de combate más cercano, y gracias a la integración entre Brasil y nuestro país, el capoeira ha ido deslumbrado a miles con su elasticidad, elegancia, contundencia en la defensa, y ritmo.
Este deporte -nacional brasileño- trajo a un “mestre” (maestro en portugués) a Mendoza, enamorado de nuestra gente, paisajes y bondades. Se llama Vladimir Farías y vive con nosotros desde hace 10 meses.
En 2008 estaba buscando un lugar para ir de vacaciones. Me ofrecieron Cordoba, Mendoza y Santiago de Chile. De paso a Santiago estuvo en nuestra capital, y fue contactado por chicos mendocinos que hacían capoeira por internet y lo fueron a buscar al hotel y se conectaron para siempre.
“Me encantó la disposición y las ganas que tenían los chicos. Nunca tuvieron contacto con el mestre de capoeira pero lo hacían con gran entusiasmo", recordó Vladi, como lo llaman todos.
Muy rápido se aburrió en Santiago de Chile, y decidió volver a pasar unos días más en Mendoza. Luego de este primer viaje, comenzó a venir una semana una vez al año para dar talleres para esos chicos.
Tras un tiempo comenzó a tomar exámenes, ellos tuvieron que viajar a Brasil, y así surgieron los primeros graduados. "Hay mendocinos reconocidos en Brasil por otros mestres y les encantan, ya que hablan portugués, tocan los instrumentos de capoeira muy bien y hacen todo muy prolijamente", cuenta con orgullo el espigado moreno.
Enamorado de Mendoza
“Me habían dicho que la gente de Mendoza era un poco cerrada, pero conmigo han sido muy abierta y cariñosa", reconoció Vladi, que explicó: "Me gusta Mendoza por muchas cosas que tiene, como el paisaje, las frutas y la tranquilidad. Tiene todo lo de una gran ciudad, pero se vive con en un lugar más chico, por tranquilidad y afecto.
Además es un ciudad a la que se puede denominar como deportiva, ya que se ven en los parques obras que ayudan a la gente que hace deportes, como bebederos, circuitos de gimnasia, entre otras cosas", dijo.
Sin embargo y con mucha cautela explicó que había una cosa que no le gustaba de los argentinos en general, y era en la forma imprudente en que se maneja. "Yo vivía en Santo Angelo, sobre ruta 285, cerca de Florianópolis, sobre ruta y todos los años veía que una familia de Argentina no volvía a su país por sufrir accidentes fatales.
Y en consecuencia, también había una familia brasileña que tampoco llegaba a casa por los choques frontales. Hice muchos rescates de accidentados argentinos y me dolía mucho", explicó.

