Historias

La pareja mendocina que desafía la ceguera pedaleando 1.500 kilómetros para unir el Pacífico y el Atlántico

La pareja de Alvear atraviesa Chile y Argentina en una travesía de 1.500 km para visibilizar la inclusión y recaudar fondos para personas con discapacidad visual

Walter Álvarez y Silvina Castro son de General Alvear y no ven, pero avanzan. Son matrimonio, deportistas y protagonistas de una travesía tan exigente como simbólica: cruzar la Cordillera de los Andes en bicicleta y unir dos océanos. Lo hacen en tándem, cada uno con un guía vidente, confiando en la coordinación, la voz y un vínculo que lleva más de tres décadas.

“Estamos llegando a Carro Quemado, en La Pampa, sobre la Ruta Provincial 10, a unos 80 kilómetros de Santa Rosa. Es la etapa más larga”, cuenta Walter a Diario UNO, ya con el cansancio acumulado de varios días en la ruta. Es la octava etapa de once. El final está cada vez más cerca.

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Una travesía larga que demanda esfuerzo. Todo por la inclusión.

Una travesía larga que demanda esfuerzo. Todo por la inclusión.

La travesía, bautizada “Juntos a pedal: uniendo océanos”, comenzó en la Playa Vega Los Patos, en Chile, sobre el Océano Pacífico. Desde allí, el equipo cruzó el Paso Pehuenche y se internó en territorio argentino con un objetivo claro: llegar a Punta Alta, en la provincia de Buenos Aires, y tocar las aguas del Atlántico tras recorrer unos 1.500 kilómetros.

No están solos. Son nueve los integrantes del grupo, entre deportistas y guías, pero la historia que late con más fuerza es la de Walter y Silvina. Ambos son ciegos, ambos son atletas y ambos eligieron desafiar no sólo a la geografía, sino también a los prejuicios.

Walter y Silvina tienen tres hijas. Carolina, Martina y Delfina, quien los acompaña en esta travesía. Todas sus hijas son videntes.

Bicicletas con guías videntes

La bicicleta tándem, en la que pedalean dos personas en simultáneo, es mucho más que un medio de transporte en esta aventura. Es un símbolo. Adelante va el guía vidente; atrás, el deportista ciego. La confianza no es negociable: cada curva, cada frenada y cada esfuerzo dependen de ese vínculo.

“Unir los océanos es unirnos nosotros: personas con y sin discapacidad, dejando atrás las diferencias para ir por una meta más grande”, reflexiona Walter. Su mirada -aunque no vea- apunta directo al corazón del mensaje que buscan transmitir: la discapacidad no está en la persona, sino en las barreras que impone la sociedad.

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Silvina y Walter son ciegos y tienen tres hijas, todas videntes.

Silvina y Walter son ciegos y tienen tres hijas, todas videntes.

El recorrido está pensado en etapas exigentes, con jornadas largas y desgaste físico constante. En Carro Quemado, donde hicieron una de las paradas más duras, fueron recibidos por autoridades locales que les brindaron alojamiento. “Nos recibieron muy bien, con mucha amabilidad. Ya estamos en los últimos días”, agrega Walter, con agotamiento pero también con entusiasmo.

Pero esta travesía no es sólo deportiva. Tiene un propósito solidario: recaudar fondos para la Asociación Tiflológica Luis Braille de Mendoza, un espacio clave para la rehabilitación, formación y contención de personas con discapacidad visual. El dinero será destinado a mejorar su sala de computación y acondicionar un salón para talleres de oficios.

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La salida desde General Alvear y toda la expectativa. Walter y Silvina, adelante.

La salida desde General Alvear y toda la expectativa. Walter y Silvina, adelante.

La historia de Walter y Silvina no empezó en esta ruta. Se conocieron hace años, cuando ella estudiaba sistema Braille. Entre aprendizajes, viajes a Mendoza y rehabilitación, nació el amor. También el deporte compartido: corren, entrenan, compiten. Siempre juntos.

Un accidente dejó a Walter completamente ciego hace 30 años

Walter tiene una historia marcada por la resiliencia. Un accidente lo dejó completamente ciego hace tres décadas, tras haber perdido previamente la visión en el otro ojo por una mala praxis en la infancia. Lejos de detenerlo, ese golpe lo empujó a reinventarse.

Encontró en el deporte una forma de vida. Ha corrido maratones, triatlones y pentatlones. En la Maratón de Buenos Aires 2023 fue primero en la categoría no videntes. También soñó -y sigue soñando- con otro desafío gigante: convertirse en el primer argentino ciego en hacer cumbre en el Aconcagua.

En el caso de Silvina, una enfermedad en la vista la dejó ciega cuando era adolescente.

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Walter Alvarez, a la derecha, y Alfonso, su guía.

Walter Alvarez, a la derecha, y Alfonso, su guía.

“Las personas con discapacidad tenemos grandes capacidades. Hay que romper con la idea de que tenemos límites”, suele decir. Y no lo plantea como una frase hecha, sino como una filosofía que respalda con hechos.

En esta travesía, ese mensaje se amplifica. Cada kilómetro recorrido es una forma de demostrar que la inclusión no es un concepto abstracto, sino una práctica concreta que se construye entre todos.

La invitación a quienes quieran sumarse en bicicleta

El equipo invita, incluso, a quienes quieran sumarse en bicicleta en algunos tramos del recorrido. La idea es que la experiencia trascienda a sus protagonistas y se convierta en un movimiento colectivo.

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Un paisaje majestuoso en medio de la Cordillera de los Andes.

Un paisaje majestuoso en medio de la Cordillera de los Andes.

Mientras tanto, Walter y Silvina siguen pedaleando. No ven el paisaje, pero lo sienten en el viento, en el esfuerzo compartido, en las voces que los guían y en cada meta intermedia que van cumpliendo.

Les quedan pocos días. El Atlántico los espera. Pero más allá del punto final, ya lograron algo mucho más profundo: demostrar que cuando el camino se hace en equipo, no hay barrera que no pueda cruzarse.

Para colaborar con la travesía y el objetivo solidario

Alias: juntos.a.pedal

Titular: Walter Álvarez Blanco

Instagram: @juntosapedal_uniendooceanos