Era de noche y los salones del crucero estaban repletos, cada quien disfrutaba su actividad. A las 21.30 un fuerte golpe sacudió la embarcación, se apagaron las luces y se sintió un gran estruendo con una detonación ahogada. Inmediatamente reinó el pánico y la incertidumbre entre los huéspedes.
Tras unos segundos después, los miembros de la tripulación intentaron mostrarse serenos, aunque los que tenían experiencia sabían que algo malo había ocurrido. El momento de mayor tensión inició cuando los pasajeros, en plena oscuridad, notaron que el barco se estaba inclinando, así que muchos perdieron la calma.
El mayor desastre de un crucero después del Titanic
El 13 de enero de 2012, el crucero Costa Concordia naufragó en la Toscana, muy cerca de la Isla de Giglio. Era una de las embarcaciones más grandes del mundo hasta ese momento.
Medía 290 metros de largo y 61 de alto, contaba con 1.500 camarotes, 5 restaurantes, 13 bares, teatros, casinos, discotecas, piletas de natación, jacuzzis, circuito de running y simulador de Fórmula 1 entre otras comodidades. Entre pasajeros y tripulantes iban a bordo 4229 personas.
Según reveló la BBC, el capitán Francesco Schettino, "estaba navegando muy cerca de Giglio en una ruta no autorizada para llevar a cabo una maniobra conocida como "saluto", un saludo a los isleños". Sin embargo, golpeó una saliente de rocas, que ocasionó que el barco comenzara a inclinarse, y posteriormente a hundirse.
Por los altoparlantes se escuchaba una voz que decía que sólo se trataba de un problema eléctrico que pronto sería solucionado. Las luces de emergencia alumbraban tibiamente la desesperación de los pasajeros que corrían y chocaban entre sí buscando los botes y los chalecos salvavidas.
El momento de pánico
Tiempo después, apareció un video filmado con un teléfono que dejó registrada la situación de pánico y confusión que se vivió. Para ese momento, y mientras el crucero se hundía cada vez más, nadie daba ordebes ni tomaba decisiones. En el puente de mando solo hay confusión.
En el video se escucha que alguien avisa que los pasajeros ya empezaron a evacuar por su cuenta. Schettino responde: “Bueno, está bien”, y unos minutos después sonó la alarma de evacuación.
El capitán, incumplió una norma sagrada, abandonó el crucero antes que los pasajeros. Mientras algunos no conseguían bote y se lanzaban con desesperación al mar, él ya estaba en la costa mirando el desastre.
La evacuación fue caótica, ya que nadie se preocupó de organizar una salida ordenada. En algunos botes hubo más de 70 personas, 30 más de las indicadas. Pero la mayoría de la tripulación, capitán incluido, se puso a salvo muy rápidamente.
La actitud del capitán
También trascendió una conversación del capitán con Gregorio De Falco, el Comandante de la Capitanía de Livorno. De Falco le explicó a Schettino que en la parte de proa hay una escalera de soga, que se dirija hacia ella y que vuelva a subir al barco.
El capitán, le dice que está dirigiendo las tareas de rescate desde la lancha que lo sacó del mar. De Falco se impacienta, le ordena que suba, que hay gente atrapada. Que desde allí informe si son chicos, mujeres o ancianos y que se fije cuáles son sus necesidades, pero Schettino no sigue las órdenes.
El saldo de la tragedia fue devastadora: 32 muertos y más de un centenar de heridos. Además, el crucero quedó semihundido y recostado de lado, por lo que tuvieron que llevar a cabo una operación sin precedentes mediante una técnica llamada adrizamiento (parbuckling). Tenía más de 2.000 toneladas de combustible, y si se rompía podía provocar un desastre ambiental en el Mediterráneo.
El capitán expresó su pesar por la muerte de los 32 pasajeros y se defendió como pudo. El tribunal lo condenó a 16 años de prisión. Lo encontró culpable de naufragio, homicidio culposo, lesiones, abandono de la nave y por incumplimiento de su deber de informar de inmediato del estrago.








