En Rodeo del Medio hay 68 chicos que pertenecen a un merendero y ya saben lo que quieren hacer cuando llega la hora de ponerse la camiseta: jugar al fútbol. Tienen profesores, tienen equipos y hasta una empresa que decidió donarles la indumentaria deportiva. Lo que todavía no tienen son los botines, las medias y el dinero suficiente para cubrir los gastos que implica participar de un campeonato durante los próximos meses.
Tienen profesores y camisetas, pero les faltan fondos: 68 chicos de un merendero quieren jugar al fútbol
En el merendero Dejando Huellas, 68 chicos ya tienen profesores, camisetas y un lugar donde jugar al fútbol. Necesitan fondos para participar en un campeonato
Por eso, en el merendero Dejando Huellas están buscando empresas, comercios, instituciones y particulares que puedan dar una mano. No llegaron a tiempo para inscribir a los chicos en el campeonato de la Liga Rivadaviense de Fútbol, cuya inscripción ya cerró, pero lograron sumarlos a otro torneo que reúne a distintas escuelas de fútbol y que se disputa en el polideportivo Lucila Bombal.
El desafío ahora es sostenerlos ahí.
“Tenemos 68 pibes en un campeonato donde hay distintas escuelas de fútbol que están confrontando en partidos en el polideportivo Lucila Bombal”, cuenta Alberto Guirao, referente del merendero. Para los chicos puede parecer simplemente un partido de fútbol. Para quienes trabajan en Dejando Huellas, es mucho más que eso.
Es una manera de ocupar una tarde, de pertenecer a un equipo, de tener un profesor que los acompañe, de aprender reglas, de compartir con otros chicos y, sobre todo, de ofrecerles una alternativa en un lugar donde, según describe Guirao, el consumo y la venta de drogas forman parte de una realidad cotidiana.
Jugar al fútbol es pertenecer a un equipo y alejarse de la droga, dijo el referente del merendero
“Los chicos se van perdiendo en la droga y hay una boca de expendio en cada cuadra”, señala.
“Tenemos 68 pibes en un campeonato donde hay distintas escuelas de fútbol que están confrontando en partidos en el polideportivo Lucila Bombal”, cuenta Alberto Guirao, referente del merendero.. El programa se organiza alrededor de seis ejes: construcción, alimentación, educación, salud, deporte e integración social.
Para llevar adelante esa tarea se conformaron 11 comisiones o subcomisiones y unas 25 personas trabajan de manera directa en el proyecto. La intención es que los chicos tengan allí no solamente un plato de comida, sino también un espacio para estudiar, hacer deporte, recibir acompañamiento y encontrarse con adultos dispuestos a ayudarlos.
Este año decidieron poner especialmente el foco en el deporte.
“Intentamos entrar en un torneo municipal y en un torneo de la Liga Rivadaviense. A la Liga no llegamos a tiempo, ya cerró”, explica Guirao. Pero lejos de abandonar la idea, buscaron otra posibilidad y consiguieron que 68 chicos participaran de un campeonato que comenzó este mes y se extenderá durante septiembre, octubre y noviembre.
La cuenta es importante. Entre planillas, inscripciones, árbitros, trofeos y otros gastos vinculados con la competencia, necesitan alrededor de 1.500.000 pesos para cubrir estos tres meses. A eso hay que sumar la movilidad de los chicos, las meriendas de los días de partido y el equipamiento que todavía falta.
Una empresa ya dio un paso enorme: donó la ropa deportiva para los 68 chicos. Cada uno tendrá camiseta, pantalón y campera.
Faltan medias, botines y fondos para la movilidad de los chicos que quieren jugar al fútbol
Pero cuando llega la hora de entrar a la cancha aparece otro problema.
“Tenemos la ropa, pero no tenemos botines y no tenemos medias”, cuenta Alberto.
Son 68 pares de botines los que necesitan conseguir.
La cifra puede resultar abrumadora para un merendero que funciona fundamentalmente gracias al aporte de personas que se comprometieron con el proyecto. Por eso la búsqueda no está dirigida solamente a una gran empresa que pueda resolverlo todo. También puede ser un comercio que done algunos pares, una persona que acerque botines en buen estado o alguien que pueda colaborar con dinero para cubrir una parte de los gastos.
La necesidad es concreta: que los chicos puedan seguir jugando.
“Si me preguntás qué campaña hacer para colaborar, te diría dinero para inscribirse en estos torneos, dinero para movilidad, dinero para las meriendas de los chicos que van a competir y ayuda para los botines”, resume Guirao.
El fútbol, en este caso, se suma a una estructura que viene creciendo desde hace años.
Un jubilado de 74 años está a cargo del merendero que necesita ayuda
En 2024, cuando Guirao tenía 72 años, su historia con Dejando Huellas ya había llamado la atención por la cantidad de personas que había logrado reunir alrededor del merendero. Jubilado de los Tribunales, había decidido involucrarse después de conocer el trabajo que María Angélica Lemos realizaba desde su casa del barrio 24 de Agosto para alimentar a los chicos de la zona.
Comenzó pidiendo ayuda entre familiares, amigos, vecinos y antiguos compañeros de trabajo. El grupo creció y llegó a reunir un centenar de voluntarios. Jubilados, trabajadores, integrantes del club Talleres, motoqueros y abuelas tejedoras se fueron sumando a una tarea que comenzó con una merienda y terminó convirtiéndose en un proyecto mucho más amplio.
Con el tiempo consiguieron ladrillos, vigas, hierros, puertas, ventanas y sanitarios para mejorar el lugar. También ampliaron la asistencia alimentaria y comenzaron a entregar bolsones de comida a familias que atraviesan mayores dificultades.
La comida sigue siendo una parte central de la tarea. Guirao cuenta que el merendero utiliza alrededor de 100 paquetes de leche por mes, además de carne, azúcar, chocolate, fideos, arroz, sémola, lentejas, salsa, caldos, condimentos y harina. También reciben a madres que colaboran con la cocina y reparten alimentos a familias de la zona.
Pero ahora hay una nueva pelea: que los chicos puedan tener su equipo de fútbol.
“Son los únicos chicos del merendero que no tienen equipo”, había planteado una de las personas que impulsó la búsqueda de ayuda. La frase resume una diferencia que quieren dejar atrás: mientras otras escuelas deportivas cuentan con indumentaria y elementos para competir, ellos todavía tienen que juntar hasta los botines.
Los profesores, en cambio, ya están y los chicos también. Las ganas, dicen quienes los acompañan, sobran.
El acento en el deporte para alejar a los chicos de la droga
Este fin de semana, de hecho, hubo tres partidos de distintas categorías. Algunos chicos salieron a la cancha con sus compañeros y volvieron al merendero después de competir. Para ellos, fueron apenas partidos de fútbol. Para quienes sostienen Dejando Huellas, cada entrenamiento y cada encuentro forman parte de una tarea mucho más grande: construir alternativas.
“Este año hemos puesto el acento en el deporte”, explica Guirao.
Porque en Dejando Huellas saben que una camiseta no resuelve una vida. Tampoco lo hace un partido. Pero un profesor que espera a un chico, un equipo que lo recibe, una tarde de entrenamiento, un lugar donde merendar, alguien que pregunta cómo le fue en la escuela y una cancha donde pueda correr pueden formar parte de una red que lo sostenga.
Y eso es lo que están tratando de construir en Rodeo del Medio.
Ahora necesitan ayuda para que esos 68 chicos puedan seguir entrando a la cancha.
Cómo colaborar con el merendero que necesita fondos, botines y medias
El merendero Dejando Huellas funciona en la manzana E, casa 20, del barrio 24 de Agosto, en Rodeo del Medio, Maipú. Para colaborar con el proyecto y especialmente con el campeonato de fútbol, el contacto es Alberto Guirao, al 2616 53-3807.
En pocas palabras
- Fútbol y Comunidad: 68 chicos de un merendero en Rodeo del Medio se organizaron para competir, pero enfrentan falta de fondos.
- Necesidades Urgentes: El merendero Dejando Huellas requiere donaciones para cubrir gastos de campeonato, indumentaria, medias y botines.
- Impacto Social: El deporte es visto como una herramienta clave para alejar a los jóvenes del consumo de drogas y ofrecerles alternativas positivas.





