Historias de vida

Tiene 17 años, vive en La Paz y necesita un terreno para no pasar horas viajando a sus rehabilitaciones

Ignacio Cortez una enfermedad neuromuscular y necesita una vivienda cerca de sus médicos para poder continuar con sus rehabilitaciones. El pedido de ayuda

A Ignacio Cortez le quedan cada vez más lejos las cosas que antes podía hacer. De chico caminaba, corría hasta donde le permitía su cuerpo y podía realizar distintas actividades, siempre midiendo sus fuerzas. Hoy tiene 17 años y apenas consigue dar un par de pasos desde la cama hasta el baño antes de quedarse sin fuerza y correr el riesgo de caerse. Pero hay algo que su enfermedad no consiguió limitar: su cabeza.

Ignacio tiene facilidad para la informática, la tecnología y las ventas digitales, le gusta aprender y tiene proyectos que quisiera desarrollar. El problema es que para poder hacerlo necesita algo tan básico como una oportunidad. Y hoy esa oportunidad empieza por una casa que esté ubicada cerca de Ciudad, donde están las terapias. Por eso su mamá apela a la solidaridad.

Ignacio nació el 10 de enero de 2009 en el Hospital Diego Paroissien y vive en La Paz junto a su mamá Lourdes, que lo crió sola. Tiene una miopatía centronuclear congénita, una enfermedad muscular de origen genético que afecta principalmente la fuerza. Desde los 3 años comenzaron a notar que algo no estaba bien. Durante mucho tiempo pudo caminar dentro de sus posibilidades y hasta correr, pero su cuerpo fue cambiando.

La rehabilitación se convirtió desde entonces en una parte indispensable de su vida y Lourdes estuvo siempre a su lado. “Nunca lo dejé de acompañar a sus médicos, terapias y todo”, cuenta. Lo hizo durante años, aun cuando cada consulta implicaba trasladarse desde La Paz hasta lugares donde pudiera recibir la atención que necesita.

Hasta 3º año de la secundaria Ignacio pudo asistir a la escuela de manera presencial. Después atravesó un problema de salud que requirió reposo durante un año y comenzó a estudiar desde su casa.

Ese tiempo significó también un cambio en su actividad física. Pasó mucho más tiempo prácticamente encerrado y sin poder mantener la movilidad que tenía antes. Su cuerpo continuó creciendo, pero la fuerza muscular no acompañó ese crecimiento. La pérdida fue progresiva. Antes podía caminar alrededor de una cuadra como máximo. Ahora, apenas puede recorrer unos pasos.

De niño caminaba pero hoy no tiene fuerzas y necesita una casa cerca de las terapias

Desde chico, Ignacio caminaba “como un pingüinito”, muy despacio y tambaleándose de un lado hacia el otro. Lourdes explica que la debilidad se nota desde los hombros hacia abajo y busca una comparación para describirla: “Es como si quisieras colgar una tela, pero si no le ponés broches, se cae”.

Durante años pudo sostener esa dificultad y llegó caminando hasta 2º y parte de 3º año de la secundaria, aunque cada vez con más esfuerzo. Hasta que un día, ya en 4º año, le dijo a su mamá: “Mami, no aguanto más”. A Lourdes esa frase le partió el alma, pero también entendió que la enfermedad avanzaba y que había llegado el momento de acompañarlo hasta donde pudiera. “Le dije: hasta donde digas, hijo mío”. Hoy Ignacio camina muy poco y cada traslado implica un esfuerzo extra, especialmente cuando debe pasar muchas horas en colectivos o vehículos.

La rehabilitación, paradójicamente, es una de las cosas que más necesita y una de las que más le cuesta sostener. Para llegar hasta donde recibe tratamiento debe viajar aproximadamente 2 horas de ida, pasar otras 2 horas en rehabilitación y volver durante otras 2 horas. Seis horas en total. Seis horas arriba de un colectivo para alguien cuyo cuerpo ya tiene dificultades para sostenerse. Después de ese recorrido, lejos de volver mejor, muchas veces -Lourdes dice que prácticamente siempre- Ignacio llega agotado y físicamente peor que antes de salir.

Ignacio vive haciendo terapias. Hasta tercer año de la secundaria Ignacio pudo asistir a la escuela de manera presencial. Después atravesó un problema de salud que requirió reposo durante un año y comenzó a estudiar desde su casa.

Ignacio vive haciendo terapias. Hasta tercer año de la secundaria Ignacio pudo asistir a la escuela de manera presencial. Después atravesó un problema de salud que requirió reposo durante un año y comenzó a estudiar desde su casa.

“Ya es mucho”, dice su mamá. Durante 17 años Lourdes se acostumbró a estar pendiente de todo: médicos, terapias, viajes, escuela, trámites, necesidades cotidianas. Pero ahora siente que sola ya no puede sostener la carga. Y tampoco quiere resignarse a que su hijo deje de rehabilitarse simplemente porque el lugar donde viven queda demasiado lejos de los especialistas.

Por eso el pedido que hoy hacen es concreto: necesitan un terreno con servicios donde puedan construir una vivienda, una casa cerca de los médicos y centros de rehabilitación que Ignacio necesita. Buscan una casa que pueda convertirse en una herramienta para que él tenga una mejor calidad de vida y pueda continuar con sus tratamientos sin someter a su cuerpo a seis horas de viaje cada vez.

"Hay personas que evalúan construir la casa, pero no tenemos terreno"

En las últimas horas apareció una luz de esperanza. Hay personas particulares que están evaluando la posibilidad de construir la casa. Todavía no hay nada firmado ni confirmado, pero la posibilidad existe. Lo que falta es el terreno. “Necesitamos quien nos otorgue un terreno, quien nos done o facilite el terreno, con todos los servicios”, pide Lourdes.

Llegar hasta este punto no fue sencillo. Durante años, madre e hijo intentaron resolver su situación por sus propios medios y mantuvieron en privado las dificultades que atravesaban. Nunca quisieron pedir ayuda. Hace aproximadamente cuatro años se involucraron con una empresa para conseguir un terreno. Pagaron durante alrededor de un año hasta que la firma quebró y desapareció. Intentaron recuperar el dinero mediante abogados, pero no lo consiguieron.

El pedido que hoy hacen es concreto: necesitan un terreno con servicios donde puedan construir una vivienda cerca de los médicos y centros de rehabilitación que Ignacio necesita.

El pedido que hoy hacen es concreto: necesitan un terreno con servicios donde puedan construir una vivienda cerca de los médicos y centros de rehabilitación que Ignacio necesita.

En diciembre volvieron a intentarlo. Ignacio, que tiene conocimientos de informática y ventas digitales, incluso ayudó con todo lo relacionado con la compra. La persona que ofrecía el terreno era abogada y tenía matrícula profesional, por lo que creyeron que esta vez estaban frente a una operación segura. No fue así. Descubrieron que también habían sido víctimas de una estafa. Nuevamente recurrieron a abogados, pero tampoco lograron recuperar lo perdido.

Después de las dos experiencias quedaron prácticamente empezando de cero. Y fue justamente cuando decidieron dejar de guardar silencio que apareció una posibilidad inesperada.

Uno de los profesores de Ignacio cambió y comenzó a conocerlo. Como el adolescente tiene facilidad para la informática, el docente le pidió que limpiara y editara unos 40 audios. Ignacio hizo el trabajo y sorprendió al profesor. Lo que para él había sido simplemente cumplir con una tarea, para el docente fue la oportunidad de descubrir algo mucho más grande: detrás de ese chico que tenía dificultades para moverse había un joven con capacidades, conocimientos y ganas de hacer cosas.

Un profesor conoció la historia y comenzó la ayuda solidaria

El profesor empezó entonces a conocer su historia y no podía entender cómo un adolescente con esas condiciones y esas capacidades tenía que pasar horas arriba de un colectivo para rehabilitarse y vivir prácticamente encerrado en su casa. Algunos docentes decidieron involucrarse y ayudar a la familia a hacer visible una situación que durante años Lourdes había intentado resolver sola.

Porque Ignacio no quiere que su historia quede reducida a su enfermedad. Quiere estudiar, aprender y trabajar. Le interesan la informática, la tecnología y las ventas digitales. Tiene proyectos y capacidades que podría desarrollar si contara con las condiciones necesarias. Para Lourdes, la vivienda es el primer paso para que su hijo pueda volver a mirar un poco más lejos que la próxima consulta médica.

La familia, además, atraviesa otra situación difícil. El abuelo de Ignacio sufrió un ACV, no camina ni habla y necesita asistencia y cuidados. La responsabilidad cotidiana recae principalmente sobre Lourdes y su madre, que también es una mujer mayor. “Mucha carga y no doy más”, resume ella.

Quiere estudiar, aprender y trabajar. Le interesan la informática, la tecnología y las ventas digitales.

Quiere estudiar, aprender y trabajar. Le interesan la informática, la tecnología y las ventas digitales.

Pero si hay algo que Lourdes deja claro es que no quiere despertar lástima. Quiere una oportunidad. Una posibilidad concreta para que su hijo pueda vivir más cerca de quienes lo atienden, continuar con sus rehabilitaciones, estudiar y desarrollar todo aquello que su cuerpo todavía no consiguió quitarle.

“Él es mi rey”, dice Lourdes. Y cuenta que Ignacio es respetuoso, de perfil bajo y de buen corazón. Durante años fue ella quien estuvo para él. Ahora son otras personas las que comenzaron a tenderles una mano. Profesores que conocieron su historia, personas que están evaluando construirle una casa y quienes puedan aportar aquello que todavía falta: un terreno con servicios donde esa casa pueda levantarse.

Una foto de años atrás, cuando todavía podía ponerse firme de pie.

Una foto de años atrás, cuando todavía podía ponerse firme de pie.

A Ignacio le gustaría seguir aprendiendo. Quiere que su vida sea algo más que médicos, terapias y viajes interminables. Tiene 17 años y todavía tiene mucho por descubrir, estudiar y construir. Hoy necesita que alguien le dé un lugar donde empezar a hacerlo. No pide que le solucionen la vida: pide un terreno para poder acercarse a sus médicos, cuidar la poca fuerza que conserva y tener la oportunidad de desarrollar toda la que lleva adentro.

Quienes puedan colaborar con la búsqueda de un terreno o conozcan a alguna persona, institución u organismo que pueda ayudar a la familia pueden comunicarse con Lourdes para conocer la situación y encontrar una manera concreta de acompañarlos. Después de dos estafas y tantos años de intentar salir adelante solos, esta vez decidieron pedir ayuda. Y quizás esa decisión sea el comienzo de una historia diferente. Contacto: 2634776024 / Alias: red.igna (Marisa Lourdes Cortez).

En pocas palabras

  • Ignacio Cortez: un joven de 17 años con una enfermedad neuromuscular busca un terreno para construir una vivienda cerca de sus tratamientos en La Paz.
  • Desafíos: los largos viajes a sus rehabilitaciones agotan a Ignacio, quien también ha sido víctima de dos estafas al intentar adquirir un terreno.
  • Solidaridad: profesores y particulares se movilizan para ayudar a Ignacio y su madre a encontrar un terreno y construir una casa que mejore su calidad de vida.
Resumen generado por Thinkindot AI