El incendio terminó, pero el peligro todavía no. En las zonas forestales arrasadas por las llamas, los árboles que quedaron tendidos sobre el suelo están adquiriendo una función inesperada. Se trata de ayudar a evitar que las cenizas y toneladas de sedimentos terminen dentro de los ríos y embalses cuando lleguen las lluvias.
El problema se concentra en lugares como Burgohondo, en Ávila, España, donde un incendio quemó 39.570 hectáreas, de las cuales unas 27.600 correspondían a superficie forestal. Más de un mes después de las llamas, vecinos y autoridades trabajan contrarreloj para proteger los cursos de agua de la zona.
¿Cómo los troncos de árboles quemados protegen a los ríos?
Cuando el fuego elimina la vegetación, el suelo pierde una de sus principales defensas. Las raíces de los árboles y plantas dejan de sostenerlo y la lluvia puede arrastrarlo con mucha más facilidad. A esto se suma que las cenizas pueden formar una capa que dificulta la infiltración del agua. Cuando llegan las precipitaciones, el agua corre por las laderas y lleva consigo cenizas, barro, sedimentos y restos de la vegetación quemada directamente hacia los cauces.
Para frenarlo se construyen fajinas y albarradas, barreras que aprovechan troncos, ramas, piedras y otros restos para disminuir la velocidad del agua y retener el suelo. Los árboles quemados, que a simple vista parecen parte del desastre, pasan así a convertirse en una herramienta de emergencia para evitar que el incendio termine contaminando el agua. También se utiliza el mulching, una técnica que consiste en cubrir el terreno quemado con paja u otros materiales para proteger la superficie frente a la lluvia.
Un vital luego de los incendios
Los especialistas advierten que las primeras semanas y meses después de un incendio son decisivos para reducir la erosión. El riesgo no es solamente que los ríos reciban una enorme cantidad de barro. Las cenizas pueden modificar la composición del agua y transportar minerales y metales pesados. Además, el material arrastrado puede afectar ecosistemas, obstruir cauces e incluso alcanzar acuíferos.
La dimensión del problema explica la urgencia. Una tormenta intensa puede provocar la pérdida de toneladas de suelo por hectárea, material que en muchos casos tardó cientos de años en formarse.
En pocas palabras
- Árboles quemados: España usa troncos de árboles quemados para proteger ríos de cenizas y sedimentos.
- Método de protección: Se construyen barreras con restos de árboles y se utiliza mulching para cubrir el terreno.
- Riesgo: Las cenizas pueden contaminar el agua con minerales y metales pesados, afectando ecosistemas.


