A los 10 años, Estefanía empezó a sentir que algo no estaba bien en ella. No sabía exactamente qué era ni cómo explicarlo, todavía no tenía las palabras para decirlo. Tres años después, esto derivó en un intento de suicidio y una internación en un centro especializado de Mendoza.
Prevención del suicidio: una adolescente mendocina contó su difícil experiencia y cómo pudo superarla
Estefania (16) tuvo un intento de suicidio y lo quiso contar para ayudar a otros jóvenes. Según la psiquiatra Yemina Marzetti, sí es importante hablar del tema
Estefanía sintió que allí tocó fondo, pero también que ese momento terminó empujándola hacia otro lugar. Empezó a tratarse, siguió adelante con el acompañamiento de su mamá y de su hermana y, con el tiempo, encontró esas palabras que al principio le faltaron para explicar lo que sentía.
Ahora tiene 16 años y cursa 4 año de la secundaria. No habla de la depresión como algo que simplemente quedó atrás, sino como una experiencia que le enseñó a mirar el día a día de otra manera. Para ella, atravesar esos momentos también tiene que ver con hacer cosas pequeñas, sostener las rutinas y saber que hay personas a las que puede recurrir.
El "solo por hoy" que ayuda a atravesar los procesos para superar la depresión
El mensaje de Estefanía para otros chicos y chicas que estén pasando por una situación difícil en cuanto a salud mental, que puedan tener ideas suicidas, o evaluar esta decisión como una posibilidad certera, es positiva, aseguró que es posible salir adelante. Esto, en su caso, no es una frase hecha sino parte de su historia de vida.
Sin embargo, sabe que en este tipo de cuadros, es un día a la vez. De hecho, en su celular tiene instalada una aplicación que se denomina "I Am Sober". Fue creada para acompañar a personas que buscan dejar el consumo de alcohol u otras sustancias y cuenta con una comunidad de apoyo internacional. Estefanía la utiliza de otra manera: registra allí los días y las horas que lleva sin autolesionarse.
Ese contador forma parte de su manera de atravesar el presente. No como una competencia ni como una cifra que resuelva lo que le pasa sino como una forma concreta de mirar cuánto tiempo pudo estar bien y seguir avanzando.
En ese camino, dice, el acompañamiento de su mamá y de su hermana fue fundamental. También lo es contar con personas a las que pueda acudir cuando las cosas se complican.
Los vínculos como "antídoto" al suicidio
La idea de construir esos vínculos aparece también en la mirada de la psiquiatra Yemina Marzetti, quien señala que los vínculos familiares, las amistades, la pertenencia a grupos y los espacios comunitarios funcionan como factores protectores.
Pero una red de apoyo no siempre aparece armada. En algunos casos hay que construirla. Puede estar formada por familiares, amigos, compañeros, docentes, preceptores o cualquier adulto de confianza que pueda escuchar y prestar atención a los cambios.
Para Marzetti, justamente, una de las mayores dificultades que atraviesan chicos y adolescentes es no poder contar lo que les pasa y no encontrar un adulto con quien puedan hablar sin sentirse juzgados.
Señales de alarma para los adultos
No siempre un adolescente va a decir directamente que está atravesando un problema. Por eso, explica Marzetti, hay cambios en la vida cotidiana que pueden funcionar como señales de alarma.
Uno de ellos es la alteración del sueño. Cuando se rompe el ciclo sueño-vigilia o aparecen dificultades importantes para dormir, la recomendación es consultar primero con el médico de cabecera y, si fuera necesario, continuar la evaluación con un profesional de salud mental.
También hay que prestar atención a los consumos problemáticos. Y esto no se limita a sustancias sino también a la relación con la tecnología y las redes sociales también puede transformarse en un problema cuando empieza a ocupar un lugar desmedido en la vida cotidiana.
Otro signo al que los adultos deberían estar atentos aparece cuando los chicos dejan de hacer actividades que antes disfrutaban, interrumpen sus rutinas, se aíslan, tienen dificultades en sus vínculos o muestran cambios en su rendimiento escolar.
Ninguna de estas situaciones, tomada de manera aislada, permite establecer qué le ocurre a un adolescente. Pero observarlas en conjunto y advertir que algo cambió puede ser el primer paso para acercarse y preguntar.
Sí hay que hablar de suicidio
Existe una idea muy instalada, especialmente cuando el tema aparece en los medios de comunicación, de que hablar de suicidio puede provocar un efecto de contagio o multiplicar los intentos. Marzetti plantea exactamente lo contrario: hay que hablar del suicidio, pero hacerlo de manera responsable. Como cada 10 de septiembre que es el Día de la Prevención del Suicidio. En Mendoza hubo 500 casos de intentos de quitarse la vida.
Hablar puede permitir que alguien que todavía no se anima a contar lo que le pasa encuentre una referencia y entienda que no es la única persona que atraviesa ese sufrimiento.
Para un adolescente que siente angustia, ansiedad o depresión desde muy temprana edad, poder escuchar que esas experiencias existen puede ser importante. Marzetti utiliza una imagen para explicar lo que puede ocurrir cuando no hay palabras: algunos chicos llegan a sentirse como si fueran "un extraterrestre", como si hubiera algo extraño en ellos por experimentar emociones que no pueden comprender o explicar.
Por eso, la prevención empieza mucho antes de una situación de crisis. Tiene que ver también con enseñar desde chicos a reconocer las emociones y ponerlas en palabras. Aprender a decir tristeza, angustia, miedo o enojo y encontrar adultos capaces de escuchar esas palabras sin descalificarlas.
Decirle a un adolescente "¿por qué vas a estar triste si tenés de todo?" o "¿qué problema podés tener a tu edad?" puede cerrar justamente la puerta que se necesita mantener abierta.
La tristeza también necesita un lugar. Validar una emoción no significa darle la razón a todo lo que una persona siente, sino reconocer que eso que está atravesando existe y merece ser escuchado.
Estefanía aprendió a ponerle palabras a lo que durante años no pudo explicar. Hoy sigue estudiando, tiene amigos, hace su vida cotidiana y lleva adelante su propia manera de registrar el tiempo que ha pasado desde la última vez que intentó lastimarse. Y su mensaje es esperanzador.
En pocas palabras
- Estefanía (16): contó su intento de suicidio para ayudar a otros jóvenes, demostrando que es posible salir adelante.
- Vínculos y apoyo: la psiquiatra Yemina Marzetti destaca la importancia de los vínculos familiares, amistades y redes de apoyo como factores protectores contra el suicidio.
- Señales de alarma: adultos deben prestar atención a cambios en el sueño, consumo problemático, aislamiento o rendimiento escolar de los adolescentes.




